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CASO KARADIMA: EVIDENCIA DE UN SISTEMA DE VALORES VICIADO

Escribe Carlos Philippe – Periodista – Colaborador de “Politika”

 

Resulta inverosímil que hoy una persona levemente informada no sepa sobre el Caso Karadima. Su majestad la evidencia y  a la perseverancia en la busca de la verdad de los querellantes, no dejaron  alternativas a los medios. Informar sobre ello. Aunque fue difícil. Los intentos, trabas, lobbies y las presiones al caso no han dejado que la opinión pública se acerque a la verdad. Son demasiados  los apellidos de la clase alta y política chilena que se ven envueltos en el entorno de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque.

 

Mientras todas las cámaras enfocaban a al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, -al cierre de esta edición-  la Corte Suprema designaba como ministra en visita a la  jueza de la Corte de Apelaciones de Santiago, Jessica González. De esta forma, en menos de tres días, el máximo órgano jurisdiccional  contradijo a la Corte de Apelaciones que estimó que no era necesario un ministro en visita para el Caso Karadima. Una contradicción más por parte del Poder Judicial chileno. De esta forma alivia la carga del 34ª Juzgado del Crimen de Santiago y las casi 6.000 causas que lleva. El anuncio; en un día con demasiadas distracciones.

 

También el nuevo arzobispo de Santiago Monseñor Ricardo Ezzati pidió perdón a  James Hamilton,  Juan Carlos Cruz y Juan Andrés Murillo. Con ello la autoridad eclesiástica continúa con el veredicto del Vaticano. La institución eclesiástica culpó de abusos a menores al Sacerdote Fernando Karadima y lo condenó a una vida de reclusión, penitencia y oración. Aún, algunos periodistas estamos buscando un país, que se diga democrático, donde se diera que el Vaticano dictaminará antes que la justicia ordinaria.

 

El caso Karadima no ha terminado, merece detenerse y reflexionar sobre lo que conlleva. Tiene varias lecturas pero una sola verdad. Desde un principio, fueron muy pocos los medios que le dedicaron la envergadura que se merece. Pocos se preguntaron cómo tres personas de buen pasar, contundentes en sus declaraciones y firmes en sus argumentos acusaban en un “enviado” de dios.  La falta de ética de los profesionales de las comunicaciones al realizar una labor diaria, y hablar de ello sólo como un hecho de actualidad. Las trabas de las líneas editoriales, cobertura de los medios del sistema actuaron como cómplice de los abusos.

 

La actitud encubridora del monseñor del Cardenal Francisco Javier Errázuriz quien frente a las acusaciones de criminal por parte de James Hamilton, responde: “no es criminal el que no sabe buscar la verdad con ponderación.” Cuando el mismo tuvo las mismas evidencias que el vaticano y no tomó crédito a las denuncias. En la justicia omisión es delito. La retórica de la iglesia se vuelve hipocresía. Pero esto en Chile no se dice, no se ocupa, la palabra de dios no tiene objeción. Es más debemos sorprendernos antes tales eventualidades.

 

La Iglesia viene en decaimiento. Rompe a placer el voto de la confesión. Encubre al Satu Quo, una elite de la clase política para perdonar sus pecados en pos de un objetivo. El fin justifica los medios. La impunidad ante el delito cotidiano. Protege  a los dueños de los valores. Alcanzar la cima con el perdón de dios. El intermediario: la Iglesia. Porque no preguntar: ¿Parte de la iglesia encubridora de las violaciones a los derechos humanos?

 

La justicia ordinaria chilena. No pudo ante la evidencia. Reabrió el caso y en un sinfín de argumentos se auto justifica sobre sus propias acciones. Enredos. Contradicciones. Pero demuestra que depende la persona, de donde proviene y de su acusación para que actué el sistema judicial. No falta ser un genio para darse cuenta que este poder del Estado ve con colores, clases  y sufre presiones. La justicia no es ciega, es turnia.  Los partidos políticos una vez más; callados. Ningún político ha puesto en tela de juicio al Poder Judicial. El silencio otorga.

 

Todo lo que rodea al Caso Karadima es turbio. Envuelve una serie de coincidencias que hace pensar que si estos abusos pasan en un entorno de “bien”, los más “desfavorecidos” están expuestos a estas situaciones. Lo puntual es que si se destapa este proceso muchos apellidos de este país se verán involucrados. Hecho es que en Chile la justicia se categoriza, que violadores a los derechos humanos siguen impune y a los culpables se le construyen cárceles especiales. Lo concreto es que en Chile el sentido común ha cambiado, y como dijo Hamilton “el sistema valórico está viciado”. El veredicto es que mientras no hagamos nada, todos somos cómplices.

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