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DECISIÓN Y CORAJE

DECISIÓN Y CORAJE (2). “La Independencia de Occidente”

Santiago Marín Arrieta, miembro de la Federación Internacional de Ateos

08/11/2007

Con los filósofos presocráticos, por primera vez en la historia humana el pensamiento se independiza de las creencias y se dirige, sólida y coherente, por el camino de la evidencia científica. La principal inquietud de su pensamiento –de qué está hecha la materia- determina en forma definitiva una búsqueda fundada en la deducción y la experimentación, camino que ha de seguir su curso con grandes dificultades durante más de dos milenios.

Occidente se enfrenta entonces una alternativa diferente, una visión absolutamente original de la vida y el mundo que, con las lógicas limitaciones, abre un universo nuevo y exquisito ante los ojos ávidos de los pensadores que comienzan a sentir –o presentir- la fuerza de las ideas cuando se asientan en la realidad comprobable.

Durante siglos los griegos enfrentan las invasiones persas, cuyos fundamentos políticos y religiosos eran completamente opuestos a los occidentales, fundándose en los privilegios sin mérito, en el poder absoluto, en la creencia sin cuestionamiento. Pero la suerte y la inteligencia favorecen a los griegos y logran frenar el avance de los teocráticos.

Pero el veneno teocrático oriental no cede en su propósito y, a la larga, logra penetrar el mundo occidental con fuerza inusitada. El cristianismo, nacido de las más puras vertientes judías de apego a la “ley divina” y a los “libros sagrados”, se va posesionando del Imperio Romano hasta convertirse en el “alma” del mismo en el siglo IV.

Se da inicio entonces a una de las más oscuras eras de toda la historia humana, en que se mutiló intelectual y moralmente a todos los pueblos bajo su dominio. Desde el siglo V hasta el XV, es decir por mil años consecutivos, occidente no avanzó un milímetro en su desarrollo científico; peor aún, retrocedió siglos en su aspecto moral. Todas las ideas nacidas en la Grecia presocrática, todos los avances desarrollados en la liberal Alejandría, fueron consideradas demoníacas y prohibidas su difusión y pensamiento bajo pena de muerte.

El pensamiento oriental teocrático y absolutista logró su propósito en forma absoluta, aplastando el librepensamiento occidental.

Pero a partir del siglo XV occidente empieza a sentir el peso de las cadenas y a moverse con el propósito de sacudírselas. Kepler, Copérnico, Galileo, etc., son algunos de los nombres que comienzan a sembrar el pánico entre la curia pervertida e idiotizada por el poder, que reacciona duramente en contra de cualquier manifestación de librepensamiento.

Desde entonces han pasado cinco siglos de lucha permanente y de logros limitados pero definitivos. Aún hoy la religión busca cualquier medio por impedir el desarrollo científico, cualquier avance intelectual y moral, acudiendo a los más torcidos argumentos y dispuestos, aún, a acudir a la violencia y el crimen, métodos que fueron en el pasado su principal instrumento para imponer la sumisión a sus pervertidos designios.

Pero llegó el momento de poner término a esta situación. Occidente debe liberarse de la influencia de una forma de pensamiento oriental que le es completamente ajena e, incluso, adversa, pues no tiene relación alguna con el espíritu investigativo y deductivo, impulsado por la curiosidad natural del occidental, y se funda en creencias supersticiosas indemostrable destinadas al sometimiento de la fe, el recurso del ignorante.

Nuestra lucha va dirigida a obtener la Independencia de Occidente de estas fuerzas orientales negativas. El pensamiento occidental tiene un camino propio que le ha sido negado por estas influencias perniciosas enquistadas bajo el manto engañoso del cristianismo que, lejos de constituir un camino de redención, no constituye sino una barbarie, un violencia ejercida en contra de las fuerzas vitales occidentales.

El I Concilio Ateo de Toledo marca el inicio de esta lucha en su versión organizada. Los ateos, agnósticos y laicos de todo occidente debemos unirnos en esta Revolución de Independencia, en busca de crear, de una vez por todas, el ambiente propicio para que los occidentales avancemos por el camino correcto, por nuestro camino iniciado por los presocráticos, cimentado en el pensamiento libre, la investigación científica y el desarrollo moral fundado en la naturaleza de las cosas y la experiencia humana.

Es momento, pues, de actuar con decisión y coraje.

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