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El Absurdo de ser Católico

LOS PÉSIMOS EJEMPLOS DE DIOS (SEGÚN LA BIBLIA) 4

“Cada palabra y ejemplo de la Biblia tiene a Dios como autor”... y este libro se limitará a reproducir lo que dicen que dijo.

(Fuente: © Rodríguez, P. (2008). Los pésimos ejemplos de Dios (Según la Biblia). Barcelona: © Temas de Hoy, capítulo 1, pp.25-33)

Hoy, en el mundo, unos 2.000 millones de cristianos, un 33 % de la población mundial, repartidos en unas 33.820 denominaciones e Iglesias —entre las que la católica es la principal, con unos 1.038 millones de fieles (un 17,5 % de la población total)—, creen y afirman que la Biblia contiene y mantiene la palabra eterna de Dios.

La Iglesia católica, desde un documento tan básico y fundamental para la práctica de su doctrina como es el Catecismo, asevera con rotundidad absoluta lo que enuncia el titular de este capítulo: «Cada palabra y ejemplo de la Biblia tiene a Dios como autor». Así, por ejemplo, el Catecismo ofrece afirmaciones como las siguientes:

«La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo.» (1)

«A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se dice en plenitud (cf. Hb 1,1-3): Recordad que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo (S. Agustín, Psal. 103,4,1).» (2)

«Dios es el autor de la Sagrada Escritura. “Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo”. “La santa madre Iglesia, fiel a la base de los apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, en todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia” (DV (3) 11).» (4)

«Dios ha inspirado a los autores humanos de los libros sagrados. “En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería (DV 11).» (5)

«Los libros inspirados enseñan la verdad. “Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra” (DV 11).» (6) (...)

«Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los “géneros literarios” usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar de aquel tiempo. “Pues la verdad se presenta y enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios” (DV 12,2).» (7) (...)

«Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia»; (8) aunque, según se advierte, el sentido literal «es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación”.» (9)

De lo anterior se deriva que, para la Iglesia católica, «la justa interpretación» sólo pueden hacerla —o revisarla y autorizarla— aquellos que controlan la organización eclesial y dogmática que vive y pervive gracias, precisamente, a interpretaciones sui generis hechas o deshechas según mejor convenga a sus intereses socioeconómicos en cada momento histórico. Dicho de otro modo, la Iglesia católica considera que cualquier lector directo de la Biblia es más bien idiota y, por ello, incapaz de comprender el sentido de lo que lee en un texto que ha sido traducido bajo su absoluto control (o el de cualquier otra Iglesia cristiana) y que a menudo ya está muy maquillado o desfigurado a fin de disimular asuntos de gran relevancia y trascendencia. (10)

Dado que en este libro nos centraremos fundamentalmente en el Antiguo Testamento y que la práctica totalidad de los católicos y la mayoría de cristianos lo soslayan, olvidan e incluso declaran caducado y sustituido por el Nuevo Testamento, recordaremos lo que sigue siendo doctrina oficial de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana (y también de todas las Iglesias cristianas), esto es que:
«El Antiguo Testamento es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son libros divinamente inspirados y conservan un valor permanente (cf DV 14), porque la Antigua Alianza no ha sido revocada.» (11)

Retengamos esta afirmación dogmática, ya que ella es la clave que justifica y da sentido al presente libro: el Antiguo Testamento fue inspirado por Dios, por lo que contiene verdad incuestionable en sus palabras, que, además, en su sentido, conclusiones y consecuencias éticas y conductuales «conservan un valor permanente, porque la Antigua Alianza no ha sido revocada». (12) Siguen vigentes pues, para todo católico (y cristiano) un amplio conjunto de leyes divinas inmorales y de pésimos ejemplos que Dios nos sigue recordando e imponiendo hoy día desde las páginas de cualquier Biblia.

Por si cabe alguna duda, una figura clave en el estudio de la Biblia desde la perspectiva católica, Luis Alonso Schökel, afirma desde su traducción de las Sagradas Escrituras que: «Religiosamente, el Pentateuco (13) es uno de los libros fundamentales de nuestra fe (y de la fe israelítica). Literariamente, contiene páginas que pertenecen a lo mejor de la literatura universal.» (14)

No hay duda de que el Pentateuco es un libro fundamental para la fe cristiana y para la judía, pero, tal como se verá a lo largo de este libro, resulta muy discutible que sus páginas, pocas o muchas, merezcan estar entre las joyas de la literatura universal.

La estructura de su lenguaje es simple, pueril y con frecuencia repetitivo y pesado —sí, era el estilo de la época, claro, pero hay textos sumerios o egipcios más antiguos y más bellamente escritos—; el texto está plagado de graves errores sobre la naturaleza del mundo y el proceso histórico que son indignos de un «dios único» que se postula como el creador/controlador de todo y el autor de tales relatos; su contenido está a menudo duplicado y es contradictorio (15); y muchas de sus historias, ejemplos y leyes divinas impuestas son absolutamente intolerables y deplorables, máxime cuando constituyeron las bases que posibilitaron la extensión y afianzamiento, hasta hoy, de conductas injustas y discriminatorias, entre las que cabe destacar la xenofobia o la sumisión y anulación de las mujeres.

Ni el estilo ni el contenido permiten hallar cima ninguna dentro de la literatura —ni de la universal ni de la local—, pero eso ya depende del gusto de cada cual, faltaría más.

Como mero aperitivo estadístico de lo que puede encontrar un lector en la Biblia, hemos buscado una serie de conceptos entre los aproximadamente 31.222 versículos que tiene la Biblia (católica) en total —23.293 en el Antiguo Testamento y 7.929 en el Nuevo Testamento; aunque el número puede variar en función de las traducciones—, a fin de poder preparar el paladar y la sensibilidad para la degustación de tan exquisito plato literario.

En el cuadro siguiente se resume y cuantifica una pequeña parte representativa de esta búsqueda de versículos con contenidos deplorables protagonizados por Dios y su pueblo (16) (17).

Ir al cuadro estadístico: "Versículos bíblicos que relatan conductas y hechos violentos, negativos y absolutamente opuestos a cualquier cultura religiosa, perpetrados por Dios y su pueblo"

Así, pues, en la Biblia (católica) podemos encontrar, al menos, 4.339 versículos —una cantidad de texto enorme, equivalente a algo más de la mitad del Nuevo Testamento — (18) que, asumiendo la forma de leyes divinas y/o de sucesos promovidos y/o protagonizados por el mismísimo Dios, resultan totalmente rechazables por su contenido, sentido y ejemplo de conducta dejado a la posterioridad.

Pero esos textos son, también, sin duda ninguna, la palabra inmutable de Dios, y convendrá recordar algunos de sus pasajes a fin de no desdibujar, tal como se ha hecho durante siglos, la verdadera figura y perfil moral del dios judeocristiano.

Todos los ejemplos que reproduciremos a lo largo de este libro tienen una misma característica y hilo conductor: fueron sucesos en los que el propio Dios tuvo un protagonismo activo y, por ello, incurrió en responsabilidad directa ante los abusos y crímenes que provocó; o que, en la misma línea, acogiéndose a una sospechosa pasividad —totalmente injustificable en un dios tan justiciero e intervencionista como la Biblia le presenta—, se inhibió ante delitos muy graves perpetrados por algunos de sus benditos varones elegidos, cayendo así en un vergonzoso e inaceptable encubrimiento.

De aquí en adelante será la inspirada palabra de Dios, tomada textualmente de la Biblia, la que nos presentará una visión de los textos dichos sagrados que, probablemente, andará bastante alejada de lo que la mayoría, incluso de creyentes, supone que son o deberían ser.

No olvidemos lo que ya citamos anteriormente como doctrina oficial de la Iglesia católica dictada desde su Catecismo: «En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería». (19)

En esta aseveración reside la clave que permite y justifica la crítica que haremos en este trabajo. Si en la Biblia se puso «por escrito todo y sólo lo que Dios quería», será justo y necesario poder acercarse a su figura, conductas y marco ético analizando aquello que Dios quiso expresamente que fuese escrito para que se le recordara eternamente a él y a su obra.

No hay más ni mejor biografía autorizada de Dios que la propia Biblia, ya que, desde el fin de los tiempos bíblicos hasta hoy, Dios se ha caracterizado por ser una entidad absolutamente muda y ágrafa (aunque, ciertamente, no falten quienes afirmen escuchar su voz y administrar su voluntad... que es cambiante, muy cambiante, sospechosamente cambiante y adaptable a los intereses más dispares y espurios que predominen en cada momento y lugar).

En todo caso, si se desea considerar la Biblia desde la óptica de los creyentes —que afirman que lo que se dice en las Escrituras no sólo es verdad, sino que es verdad sagrada—, para ser honestos deberá tomarse y aceptarse ésta en su totalidad, y no sólo en los cachos (descontextualizados) que más interesen en cada momento. O todo lo que se cuenta en la Biblia, sin excepción, es cierto, honorable y digno de ser aceptado y acatado, o todo es merecedor de duda y rechazo, pero no puede haber medias tintas cuando se trata de «la palabra de Dios» (vamos, supongo yo, claro; pero no es más que un suponer).

Que cada cual elija lo que mejor le convenga creer, que éste es un derecho de la voluntad, criterio y decencia de cualquier persona; aquí nos limitaremos a poner sobre la mesa algunas de las pésimas enseñanzas y ejemplos que Dios nos legó, a lo largo de muchas de las páginas de la Biblia, para su evocación y acatamiento eternos. (20)

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Notas:


(1)
Santa Sede (1992). Catecismo de la Iglesia católica. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, p. 30, párrafo 81.

(2) Ibíd, p. 34, párrafo 102.

(3) Se refiere al documento Dei Verbum elaborado en el concilio Vaticano II.

(4) Ibíd, p. 34, párrafo 105.

(5) Ibíd, p. 34, párrafo 106.

(6) Ibíd, p. 35, párrafo 107.

(7) Ibíd, p. 35, párrafo 110.

(8) Ibíd, p. 36, párrafo 115.

(9) Ibíd, p. 36, párrafo 116.

(10) De esa manipulación descarada de los textos bíblicos ya me ocupe en un libro anterior. Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Barcelona: Ediciones B.

(11) Ibíd, p. 37, párrafo 121.

(12) La «Nueva Alianza», que así quiere hacerse pasar al Nuevo Testamento, es, si acaso, un complemento «privilegiado» de la alianza anterior: «”La Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento” (DV 17). Estos escritos nos ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina» (Ibíd, p. 38, párrafo 124).

(13) El Pentateuco lo componen los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, esto es; Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, constituyendo la primera y fundamental sección de las tres que configuran el canon judaico. Los judíos lo denominan «libro de la Ley» (seµfer hattoÆraÆ) o «la Ley» (hattoÆraÆ). Desde el siglo XIX existe una corriente de notables críticos que, siguiendo a Alejandro Geddes, postulan un Hexateuco, que sumaría el libro de Josué a los cinco ya citados. La tradición judía obliga a que en las sinagogas se lea semanalmente una sección de la Ley. El antiguo Pentateuco samaritano completaba su lectura al cabo de tres años, pero en el leccionario moderno, el Pentateuco, que procede del que se usaba en Babilonia, se lee entero en un año.

(14) Cfr. Alonso Schökel, L. y Mateos, J. (1990). Nueva Biblia Española. Madrid: Ediciones Cristiandad, p. 20.

(15) A causa del proceso de integración de fuentes documentales y escuelas muy diferentes, realizado seguramente en tiempos de Esdras, a fin de poder confeccionar la colección de textos tal como la conocemos hoy.

(16) Dado que cada traducción bíblica usa conceptos, sinónimos y construcciones gramaticales sustan-cialmente diferentes, tanto para referirse a los mismos asuntos dentro de la misma traducción como en comparación a los usados por otras versiones para los mismos versículos, debemos señalar que la cuantificación de versículos hallada es meramente indicativa. Se ha utilizado una versión de la Biblia Latinoamericana y se han buscado los conceptos que figuran en cada apartado, pero es más que probable que hayan quedado fuera del recuento sinónimos y construcciones diferentes pero que se refieren a los mismos items buscados.

(17) Cuando la cifra está entre paréntesis indica que es la suma total de todos los conceptos agrupados dentro de la misma categoría.

(18) El Nuevo Testamento lo componen unos 7.929 versículos en total, de los que unos 4.761 conforman los principales libros de la colección, a saber: Mateo (1.064), Marcos (677), Lucas (1.144), Juan (872) y Actos (1.004).

(19) Op. cit., p. 34, párrafo 106.

(20) Salvo que se indique lo contrario, todas las citas y versículos bíblicos reproducidos en este libro proceden de la edición de 1995 de la Biblia Latinoamericana.

LOS PÉSIMOS EJEMPLOS DE DIOS (SEGÚN LA BIBLIA) 3

Por Pepe Rodríguez

Introducción

(Fuente: © Rodríguez, P. (2008). Los pésimos ejemplos de Dios (Según la Biblia). Barcelona: © Temas de Hoy, Introducción, pp.13-24)

Introito brevísimo

Vaya por delante que este libro está escrito en coautoría. El 90 % del texto es la palabra de Dios en estado puro, esto es, tal como se recoge en la Biblia, y el resto son simples comentarios de un pobre autor al que el Altísimo sólo dotó de sentido común, pero no de fe.

Si a algún lector no le gusta su contenido, que dirija sus protestas ante el autor de la Biblia, ya que este escritor no le ha cambiado ni una palabra a lo que los representantes autorizados de Dios certifican que dijo.

Escribir este libro no tendría ningún sentido si la Biblia se considerase una colección de textos inconexos procedentes de antiguas leyendas mesopotámicas y egipcias, y de tradiciones orales de pastores nómadas incultos —en relación al nivel que tenían la mayoría de las sociedades con las que se relacionaron y coexistieron— que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas por «profetas» y clérigos muy listos al servicio de los intereses políticos, encubiertos bajo reformas religiosas, de reyes ambiciosos como Ezequías (1) o Josías (2). Pero no, tal como veremos más adelante, la Biblia es la palabra de Dios y él es el único inspirador-autor de todo lo que contiene esa colección de libros tan disparejos.

Me perdonará el lector el atrevimiento de confesar, de entrada, que el sentido común con el que Dios me creó y los conocimientos que el Altísimo ha puesto a mi alcance (3) me inclinan a pensar que nada hay de divino en la más humana de las obras. ¿Pero quien soy yo para llevarle la contraria a unos dos mil millones de cristianos que creen a pies juntillas que la Biblia la escribió Dios? Nadie, claro; ya me lo han dicho algunos católicos muy irritados a causa de otros libros míos; textos que aunque no han visto ni leído sí han repudiado preventivamente. ¡Qué cómoda es la fe de esa gente! ¡les evita leer montañas de libros —los míos no son los únicos que rechazan, ni mucho menos— al tiempo que les hace sentirse seguros y orgullosos poseyendo como capital más preciado todo lo que ignoran!

En esta ocasión, sin embargo, no cometeré la torpeza de cuestionar lo fundamental de la Biblia. Si unos dos mil millones de creyentes dicen que es la palabra de Dios, sea pues así. No se hable más.
En todo este libro aceptaré sin la menor duda que cada uno de los textos, ejemplos, leyes, actos, conductas... que aparecen en las páginas de la Biblia son la palabra y la voluntad de Dios, la expresión de su carácter y la transmisión de sus enseñanzas más principales a través de los actos que confesó haber realizado directamente y de los que avaló, secundó y bendijo en los protagonistas bíblicos que el Altísimo escogió expresamente para llevar a cabo cada uno de sus planes para el mundo.

Para bien de los lectores, ante la eventualidad de que mi impericia natural para analizar lo sobrenatural —causada por la falta de fe que Dios me dio como cruz personal— me lleve a ver en los relatos bíblicos enseñanzas algo diferentes a las que dicen hallar doctos prelados y pastores de afamado prestigio entre su grey, y que, en consecuencia, acabe por sumirles en el error, en este libro se ha tomado la precaución de suministrar en todo momento la auténtica y genuina palabra de Dios, reproducida siempre en medio de un contexto generoso y literal, a fin de que cada cual pueda juzgar por sí mismo el contenido de los capítulos y de los versículos bíblicos aquí transcritos y, al mismo tiempo, pueda aquilatar la mesura o desmesura de las conclusiones —siempre discutibles— a las que llegó este autor.

Con todo, siempre consuela saber que las llamas del infierno pasaron ya de moda y, por el momento, no son la eternidad que aguarda a quienes no acatan la visión monocolor de la dogmática oficial. Así al menos lo dejó dicho el papa Wojtyla en agosto de 1999, cuando, tras regresar de sus vacaciones, en una audiencia semanal, declaró que «las imágenes utilizadas por la Biblia para presentarnos simbólicamente el infierno, como un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes, deben ser interpretadas correctamente. El infierno es la situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios». Pero ni este autor ni sus lectores pretendemos hacer tal cosa ¿cómo apartarnos de Dios si en todo este libro no haremos más que leer su palabra directa y eterna dándola por cierta?

Cualquier lector sensato podrá acusarme de insensato por tomar en su literalidad los relatos bíblicos, y le sobrará razón para ello, pero la cuestión no es si este autor ha descendido o no en la escala evolutiva sino el hecho de que, de modo expreso e intencionado, se ha prestado a hacer lo mismo que practican dos mil millones de creyentes, pero sin hacer trampas.

Me parece una indecencia intelectual y moral usar partes de la Biblia —a menudo meros fragmentos de un versículo— para tomarlos por «palabra de Dios» merecedora de adoración, mientras que la inmensa mayoría de los escritos bíblicos, incluso el contexto de las citas elegidas —que frecuentemente contradicen el significado dado a la mismas— se ignoran a sabiendas, o se reducen a letra profana tildándolos de poesía, metáfora, historia, tradición... Claro que la Biblia es todo eso, además de un compendio reelaborado y maquillado de mitos paganos muy diversos y bien conocidos, pero ¿por qué debe tomarse por «palabra de Dios» una parte de un párrafo y despreciar el resto considerándolo como mera paja o decorado? La dogmática católica y cristiana, tal como se verá más adelante, obliga a creer que cada palabra de la Biblia procede de Dios mismo... aunque los exegetas autorizados recortan y retuercen esa «palabra de Dios», que es inmutable —dicen—, por donde les da su santísima gana.

Cuando uno se ha leído la Biblia varias veces y con espíritu analítico, no puede menos que darse cuenta de que es el más contradictorio de los libros, ya que a cada afirmación en un sentido se le puede encontrar otra o varias en sentido contrario ¡y todas realizadas por el mismo Dios, claro está!

Es bien conocido el mandato divino que Dios le dio a Moisés dentro del decálogo y que podemos leer, por ejemplo, en el Deuteronomio: «No matarás» (Dt 5,17) (4).

Pero resulta que el mismo Dios, unos capítulos después, y también bajo forma de ley que recibió Moisés, impuso para su cumplimiento que: «Si un hombre tiene un hijo rebelde y desvergonzado, que no atiende lo que mandan su padre o su madre (...) sus padres lo agarrarán y llevarán ante los jefes de la ciudad, a la puerta donde se juzga (...) Entonces todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera» (Dt 21,18-21).

Y, sin pretender ser exhaustivos, ese mismo Dios, un poco antes, en Números, le ordenó al mismísimo Moisés: «"Apresa a todos los cabecillas del pueblo y empálalos de cara al sol, ante Yavé; de ese modo se apartará de Israel la cólera de Yavé” (...) Yavé le dijo entonces a Moisés. "Ataca a los madianitas y acaba con ellos (...)» (Nm 25,1-17).

¿No matarás? ¿Palabra de Dios? ¿Cuál es la palabra de Dios? ¿La que prescribió no matar? ¿La que legisló que debía matarse a los hijos desobedientes sólo por serlo? ¿La que ordenó matar brutalmente por empalamiento y exterminar a todo un pueblo? En todos los casos fueron mandatos directos de Dios a Moisés, dados para su cumplimiento inexcusable.


¿Por qué razón debe hablarse sólo del primer mandato divino y callar sobre los otros? ¿Dónde está escrito que las cientos de miles de muertes que relata la Biblia, y que el propio Dios se adjudicó como obra personal, fueron una especie de broma, o de tradición histórica exagerada, y que lo único que legisló Dios fue el «no matarás»? O Dios dijo todo eso y más, o no dijo nada de nada. Los creyentes piensan que Dios dijo todo lo que aparece en la Biblia. Bien. Pues punto en boca...

Sólo que, si puede tomarse por divina, literal, cierta e imperativa la frase citada, «no matarás» —así como otras muchas con notable fama entre la grey—, la decencia intelectual y moral de la que antes hablaba obliga a tomar también por tales al resto de palabras, frases y mandatos que, según Iglesias y exegetas, se contienen en la Biblia por ser, precisamente, la depositaria de la palabra cierta, fiable e inmutable de Dios.

En el próximo capítulo volveremos sobre este particular. Aunque antes, por si los lectores no lo conocieren, introduciré unos pocos datos muy básicos acerca de la Biblia, sobre su formato y sobre sus muchas y variadas versiones.


Algunos datos básicos previos sobre la Biblia y sus diferentes versiones

La palabra Biblia procede del término griego que significa “libros”, un plural que indica que no se trata de un libro sino de una colección de muchos libros, que varían en número, títulos y hasta en versículos en función de ser una Biblia hebrea, católica o protestante.

Del griego biblía, libros, se originó el latino biblia. El nombre deriva del soporte en el que se escribían esos textos, que eran rollos de papiro denominados biblos (por ser importados de la ciudad fenicia de Biblos). La colección de rollos de papiro, o libros, conteniendo los diversos textos que la conforman, fue denominada, en la propia Biblia, como Escritura o Escrituras, aunque en el Nuevo Testamento también fue citada como Santas Escrituras (en Rom 1,2).

El paso de ser considerada una colección de libros, en plural, al de tenerla por un solo libro, tal como se considera hoy a la Biblia, se debió a que teológicamente quiso verse en esos textos tan diversos una sola unidad de proyecto y redacción «que revela una conducción inteligente, que no dejó de operar durante los más de mil años de su redacción». Comúnmente se tiene a Juan Crisóstomo (347-407 d.C.) como el primero que usó el término Escritura en el sentido singular y unitario recién citado.

Las sagradas escrituras del judaísmo actual se dividen en tres partes, Torah o Ley (5 libros), Profetas (21 libros) y Escritos (13 libros) y, obviamente, no incluye la colección del Nuevo Testamento. La forma y composición actual del canon judío se atribuye a Esdras (c. 458 a.C.).

La Biblia católica y ortodoxa —siguiendo la tradición de la Septuaginta, la primera traducción al griego del Antiguo Testamento, realizada en el siglo III a.C.— incluye libros que no figuran en el canon hebreo, tales como Tobías, Judith, Sabiduría, Eclesiástico y I y II Macabeos y añade fragmentos importantes al libro de Daniel, al de Ester y al de Jeremías, son los textos etiquetados como deuterocanónicos. En total, la Biblia católica contiene 73 libros (46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento).

La reforma protestante de Lutero (siglo XVI) limitó la Biblia a los libros del canon hebreo, aunque conservaron los añadidos del canon católico en otra categoría, bajo la denominación de apócrifos.

Resulta obvio que los libros de la Biblia no fueron escritos en el actual formato ni en el orden que guardan los textos actualmente.
El idioma original de los textos del Antiguo Testamento fue el hebreo, aunque algunas partes de Esdras o Daniel se redactaron en arameo. El Nuevo Testamento se escribió en griego. Lo que queda de los soportes materiales más antiguos es apenas nada (5), y los libros actuales proceden de traducciones, de traducciones, de traducciones...

La actual división de la Biblia en capítulos y versículos no procede tampoco de los textos originales, ya que se debe al inglés Stephen Langton, erudito bíblico y arzobispo de Canterbury, que, hacia el año 1200, unificó, revisó y reformó los sistemas de división más antiguos (la división del Antiguo Testamento en versículos se originó en el siglo VI o VII). La Biblia más antigua conocida que incorpora las divisiones de Langton fue publicada en 1231.

El concepto «testamento» que sirve para denominar las dos divisiones de la Biblia cristiana —Antiguo Testamento y Nuevo Testamento—, deriva del latín testamentum, que fue la traducción adoptada para la palabra griega diutbeke, que en la práctica totalidad de la Septuaginta significa “pacto” (aludiendo al pacto jurídico entre Dios y su pueblo otorgado a Moisés en el desierto). Hacia finales del siglo II, entre los círculos cristianos comenzó a extenderse el uso de una nueva denominación para ambas colecciones de libros: palaia diatheµkeµ (Antiguo Testamento) y kaineµ diatheµkeµ (Nuevo Testamento). Al traducir al latín los textos griegos, autores como Tertuliano dieron a diatheµkeµ el sentido de instrumentum —documento jurídico— y también el de testamentum, que prevaleció a pesar de no ser un término exacto ni correcto.

En el ámbito católico y fundamentalmente en España, la lectura de la Biblia jamás ha sido propiciada desde las autoridades eclesiásticas, antes al contrario.
Así, por ejemplo, ya en fecha tan temprana como el año 1223, un edicto del rey Jaime de Aragón prohibió leer las Sagradas Escrituras en lengua romance y daba un plazo de ocho días a cualquiera que poseyera alguna traducción —probablemente realizada por albigenses— para que la entregara a su obispo para ser quemada.

Esa prohibición, que afectó al pueblo llano y le sumió en la ignorancia bíblica hasta hace bien poco —una falta de cultura que ha propiciado que, incluso hoy, la inmensa mayoría de los católicos no hayan leído jamás la Biblia directamente—, no impidió traducciones al castellano tan notables —y elitistas— como la que se considera la primera versión castellana conocida de la Biblia completa, la llamada Biblia alfonsina, traducida desde la Vulgata latina y concluida en 1280 bajo demanda y protección del rey Alfonso X el Sabio.

Le siguieron otras muchas versiones, entre las que destacamos la llamada Biblia del rabino Salomón, fechada en 1420 y que sólo tradujo el Antiguo Testamento. La Biblia del duque de Alba, concluida en 1430, tradujo también el Antiguo Testamento bajo el auspicio del rey Juan II de Castilla. En la ciudad de Ferrara, en 1553, se tradujo al castellano el Antiguo Testamento para uso de los judíos españoles allí desterrados, es la que se conoce como Biblia de Ferrara. La muy notable e importante Biblia del Oso, también conocida posteriormente como de Reina-Valera, fue traducida por Casiodoro de Reina, un monje del convento de san Isidoro del Campo (Sevilla) que se hizo protestante y publicó su versión bíblica en 1569, en Basilea (Suiza). La primera versión castellana completa de la Biblia acometida por un sacerdote católico fue la de Felipe Scío de San Miguel, obispo de Segovia, publicada en 1793, en Valencia, y traducida desde la Vulgata bajo encargo del rey Carlos IV.

Han sido muchas las versiones al castellano que surgieron a partir de la publicación autorizada por la Iglesia católica de la obra de Scío —como la conocida versión que lleva el nombre de Torres Amat, obispo de Barcelona, traducida desde la Vulgata y publicada en 1825—, todas intentan aportar algo nuevo, ya sea un lenguaje o una estructura discursiva más comprensible para el lector moderno, o mejoras en la traducción de ciertos pasajes merced a nuevos conocimientos académicos, pero a pesar de las fuentes originales que casi todas las versiones se arrogan, la comparación de más de una veintena de versiones castellanas sugiere que hay bastante más plagio de las traducciones castellanas clásicas del que los autores modernos están dispuestos a reconocer.

La diferencia más fundamental entre las diversas versiones bíblicas reside, precisamente, en todo aquello que no es Biblia, esto es, en la exégesis, en los comentarios, anotaciones e interpretaciones de los textos.

Esa exégesis, pretendiendo orientar y situar al lector —cosa que muchas veces logra, y es de agradecer—, lo que busca realmente es mantener su capacidad de comprensión cautiva dentro de estrechos márgenes doctrinales, a fin de que determinados versículos no se tomen en su sentido literal y con su valor contextual —que es el único histórico e indiscutible— sino que se perciban y asuman tal como cada tradición religiosa posterior, muy interesadamente, forzó y manipuló para así poder construir y justificar decenas de creencias absolutamente ajenas a la Biblia, pero impuestas como fundamentadas en ella. Esa manipulación grosera de textos bíblicos es particularmente evidente en algunas versiones católicas, entre las que la traducción de Nácar-Colunga alcanza cimas gloriosamente patéticas (6).

En todo caso, dado que no existe “la traducción”, que no hay una versión que sea un referente indiscutible, para escribir este libro se ha trabajado con una amplia variedad de traducciones de la Biblia —en concreto doce, a las que se suman diferentes revisiones de las mismas, además de la Torah, según versión de la Universidad de Jerusalén, y la Septuaginta, en versión de Guillermo Jünemann—, que a menudo debieron compararse entre sí a fin de comprobar y confirmar el sentido de palabras o versículos más o menos abstrusos; y con no menor frecuencia se ha tenido que acudir a obras de referencia como el Strong’s Hebrew and Greek Dictionaires, y a otros diccionarios bíblicos especializados —como los de Barclay; Bruce, Marshall y Millard; Hitchcock; Vine, Unger y White; etc.—, para asegurarse de que la traducción castellana se correspondiese con los conceptos originales usados en los textos hebreos o griegos disponibles, cosa que no siempre sucede debido a los frecuentes maquillajes ideológicos que salpican las versiones bíblicas.

Las versiones bíblicas consultadas para escribir este libro han sido las siguientes:

— Biblia Latinoamericana. Traducida por Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault y publicada en 1972, en Madrid, por las editoriales San Pablo y Verbo Divino. La versión usada aquí es la de 1995. En Latinoamérica se la considera como la mejor Biblia a efectos pastorales, siendo de lectura fácil y amena. Por su calidad, pero también en recuerdo de la injusta persecución fascista que sufrió (7), la hemos tomado como el texto de referencia para este libro.

— Biblia de Jerusalén. Traducida por los dominicos de L’Ecole Biblique de la Ciudad Santa, bajo la dirección de José Ángel Ubieta, y publicada en 1966 como Edición Española de la Biblia de Jerusalén. Es una más que excelente versión aceptada a nivel interdenominacional. La versión usada aquí es la de 1976; en formato digital se ha usado la de 1998, editada por Desclée.

— Nueva Biblia Española. Traducción directa de los idiomas originales realizada por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos. Se trata de una versión católica con lenguaje claro y moderno publicada en 1975. La versión usada aquí es de la de 1990, publicada por Ediciones Cristiandad.

— Santa Biblia. Esta traducción, conocida como de Reina-Valera, fue denominada inicialmente Biblia del Oso. Su autor, Casiodoro de Reina, monje del convento sevillano de san Isidoro del Campo, realizó la que fue la primera traducción al castellano de toda la Biblia desde de el hebreo, arameo y griego. Se editó en Basilea en 1569. La primera de sus muchas revisiones la hizo su compañero Cipriano de Valera y se publicó en Ámsterdam en 1602. Las versiones que hemos usado aquí son, en papel, la de 1960 y 1995, publicadas, respectivamente, por Sociedades Bíblicas en América Latina y Sociedades Bíblicas Unidas, y en formato digital las versiones de 1865, 1960, 1989, 1995 y 2000.

— Sagrada Biblia. Traducción hecha por Eloíno Nácar y Alberto Colunga, publicada en Madrid, en 1944, por la Biblioteca de Autores Cristianos. Fue la primera versión católica de la Biblia tomada directamente de las lenguas originales, aunque siguieron en buena medida la traducción y sintaxis de la versión de Reina-Valera. La versión usada aquí es la de 1979, publicada por Edica.

— Biblia de las Américas. Revisión de la versión Reina-Valera publicada en 1986 por The Lockman Foundation; tiene dos revisiones posteriores, 1995 y 1997, y una versión en español latinoamericano denominada Nueva Biblia de los Hispanos, publicada en 2005. Aquí hemos usado las últimas revisiones de ambas versiones.

— Santa Biblia Nueva Versión Internacional. Traducción directa de las lenguas originales realizada por un amplio equipo de expertos hispanohablantes bajo la dirección editorial de Luciano Jaramillo, y publicada por la International Bible Society en 1973. La versión usada aquí es la de 1984.

— Dios habla Hoy. Versión popular e interconfesional publicada por Sociedades Bíblicas Unidas en 1979, fue traducida, desde los idiomas originales, por un amplio equipo, en el que participaron expertos protestantes y católicos, coordinado por Eugenio A. Nida.

— Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Traducción realizada por la Watchtower Bible and Tract Society (Testigos de Jehová) en 1961. La versión usada aquí es la de 1967.

— Sagrada Biblia. Traducción de Félix Torres Amat publicada en Madrid, en 1825, bajo la autoría de Torres Amat, obispo de Barcelona, aunque en realidad fue hecha por el jesuita Miguel Petisco, que se basó en la Vulgata latina de san Jerónimo (siglo IV). La versión usada aquí es la de 1928, publica por Apostolado de la Prensa.

— King James Version of the Bible. Esta versión fue publicada en 1611 y fue la principal Biblia de los protestantes de habla inglesa hasta el siglo XIX. Aquí hemos usado la versión digitalizada en 1992 por David Turner, del Illinois Benedictine College, para la biblioteca virtual Project Gutenberg.

En cualquier caso, cada lector puede usar y revisar la versión o versiones de la Biblia que crea más conveniente, ya que, en lo fundamental de cada relato, y en lo que atañe a los textos bíblicos citados en este trabajo, no hay diferencias insalvables entre unas traducciones y otras.

********************

Notas:

(1) Ezequías subió al trono de Judá hacia el año 715 a.C. y reinó unos 29 años. Para recuperar la autonomía de su país y reforzar su identidad tras su vasallaje ante Asiria, emprendió una profunda reforma religiosa con la ayuda de redactores como el profeta Isaías —creador, entre otros aspectos fundamentales, de las bases del mesianismo davídico (Is 11,1-2)—, arrogándose legitimidad en base a las leyes y textos de la fuente bíblica denominada sacerdotal, que fue redactada para la ocasión —e introducida entre los textos de Génesis, Éxodo, Levítico y Números— y que es la responsable de cambios doctrinales y teológicos fundamentales respecto a las tradiciones yahvista y elohísta anteriores.

(2) Josías llegó al trono de Judá hacia el año 640 a.C., a la edad de 8 años (según la Biblia), y se quedó en él 31 años, alcanzando un prestigio cercano al del rey David. Al igual que hizo su predecesor Ezequías, emprendió una segunda reforma religiosa a fin de poder tener un instrumento político con el que vertebrar a su pueblo mediante una nueva ideología y una nueva ley divina. Los redactores de los nuevos textos ad hoc fueron profetas como Jeremías y Baruc, ambos prolíficos autores de los textos deuteronómicos. La joya de la corona fue el Deuteronomio, un marco legislativo que logró su fuerza para ser acatado al serle atribuida su autoría al tándem Yahvé/Moisés y que, para dar mayor credibilidad a la falsificación, se presentó como unos rollos hallados casualmente bajo los cimientos del templo de Jerusalén [Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Barcelona: Ediciones B, pp. 57-63].

( 3) Todo ello, claro está, en el caso hipotético de que algún dios hubiese creado algo alguna vez y de que se ocupase en algún momento de orientar alguna decisión o responsabilidad humana.

(4) Y que ya había sido incluido como ley en el decálogo que figura en Génesis, el segundo libro del Pentateuco: «No mates» (Ex 20,13).

(5) El manuscrito más antiguo hallado hasta hoy es un fragmento de Samuel, que se data en torno al año 225 a.C. El fragmento más antiguo del Nuevo Testamento, según algunos autores, es una pequeñísima tira de papiro con tres versículos de Juan que se data entre los años 125 y 150 d.C.; otros autores, a partir de los manuscritos hallados en las cuevas de Qumram, concluyen que éstos deben de ser anteriores al año 68 d.C., época en la que sellaron las cuevas donde se halló el material. En cualquier caso, el total del Nuevo Testamento que se conserva en soportes de papiro viene a ser un 67,48 % del volumen total.

(6) De algunas de las más notables e influyentes manipulaciones de versículos bíblicos este autor ya se ocupó en libros anteriores. Cfr. Rodríguez, P. (1997). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica. Bar-celona: Ediciones B; y Rodríguez, P. (1997). Mitos y ritos de la Navidad. Barcelona: Ediciones B.

(7) Su primera publicación en 1972 fue autorizada por el obispo de Concepción (Chile), Manuel Sánchez, pero en 1976 sufrió una crítica feroz por parte de los prelados más fascistas de la curia argentina que estuvieron al servicio, y fueron cómplices, de la genocida dictadura militar de esos días. La campaña difamatoria contra la Biblia Latinoamericana se fraguó desde la revista Gente —que publicó la primera andanada el 26-08-1976— y desde el diario La Razón, controlado por la inteligencia militar. Los prelados que sostuvieron el acoso fueron Ildefonso Mª Sansierra (arzobispo de San Juan y promotor de la intervención de las Fuerzas Armadas en contra de esta versión bíblica), Adolfo Servando Tortolo (arzobispo de Paraná y vicario castrense), Antonio Plaza (arzobispo de La Plata) y Octavio Nicolás Derisi (obispo auxiliar de La Plata y rector de la Universidad Católica Argentina). A pesar de que esos prelados fascistas prohibieron la lectura de la Biblia Latinoamericana por ser «apócrifa, sacrílega, izquierdizante, subversiva, satánica y mortal», las críticas se limitaron a aspectos paratextuales, como la inclusión de fotografías actuales o su bajo precio y gran difusión. La Conferencia Episcopal Argentina, presionada por la dictadura de Videla, analizó la obra desde su Comisión Teológica y elaboró un informe (30-10-1976) en el que se concluyó que la traducción era sustancialmente fiel, aunque había unas pocas ilustraciones que consideraron inadecuadas (como las fotografías de un mitin en La Habana o de una calle de Nueva York, usadas para actualizar mensajes neotestamentarios); también rechazaron, a pesar de haber sido aprobado por la Santa Sede, la inclusión de partes del documento de la reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) de Medellín, de 1968, crítico con la situación de pobreza y explotación de Latinoamérica. Ante ese ataque fascista injustificado, las conferencias episcopales de diversos países del continente americano salieron en defensa de la excelente traducción realizada por la Biblia Latinoamericana.

LOS PÉSIMOS EJEMPLOS DE DIOS (SEGÚN LA BIBLIA) 2

Por Pepe Rodríguez

ÍNDICE

Introito brevísimo

Algunos datos básicos previos sobre la Biblia y sus diferentes versiones

1. “Cada palabra y ejemplo de la Biblia tiene a Dios como autor”... y este libro se limitará a reproducir lo que dicen que dijo

2. Mandatos legislados por Dios que la cristiandad prefiere dar por no dichos, aunque siguen vigentes en la Biblia

2.1. Dieciséis mandamientos inmorales de Dios

3. Dios premió a cobardes, tramposos y ladrones

3.1. Cobardía que enriquece: Abraham hizo pasar a su esposa Sara por hermana, entregándola al placer de reyes y logrando así una fortuna... y el castigo divino de muchos inocentes

3.2. De chanchullero a patriarca: Jacob engañó a su hermano Esaú y a su padre Isaac, ciego, para apoderarse de los derechos de primogenitura

3.3. Robar en familia no es pecado: Jacob se enriqueció desvalijando al tramposo de su tío y suegro Labán

4. Dios consideró hombres justos a quienes ofrecieron a sus hijas o esposas para ser violadas por la chusma

4.1. Carne de mujer para salvar el orgullo de varón: Lot ofreció a sus dos hijas vírgenes para impedir que los sodomitas violasen a dos ángeles

4.2. Violencia de género contra la mujer: el levita que, para evitar ser violado por los hombres de Guibea, les entregó a su mujer, que fue abusada hasta la muerte, y provocó una guerra con miles de muertos y cientos de esclavas sexuales

5. Incestos a mayor gloria del pueblo de Dios

5.1. Las hijas de Lot emborracharon a su padre para tener sexo con él y quedar preñadas

5.2. De cómo Dios mató a dos hijos de Judá (sin dar razón ninguna) y éste acabó preñando a su nuera Tamar creyendo que era una ramera

5.3. Onán, muerto por Dios por no eyacular dentro de su cuñada cuando se acostaba con ella

5.4. La violación de Tamar por su hermano Amnón, hijo de David, la carnicería posterior y el silencio absoluto de Dios

6. Dios premió a quienes fueron pésimos padres para sus hijos

6.1. Noé, borracho y desnudo, maldijo a un nieto y a su descendencia porque su hijo menor le vio en tal situación

6.2. La envidia cochina de una madre contó con el beneplácito divino: Abraham expulsó de su casa a su primer hijo, el niño que tuvo con su criada Agar

6.3. Los hijos no son nada: Abraham acató la orden de Dios de sacrificar a su hijo Isaac sin decir ni mú y engañándole para llevarlo hasta el holocausto

6.4. Jefté, juez de Israel, asesinó a su hija única para cumplir lo pactado con Dios

6.5. Mesa, el rey moabita que salvó su país de la destrucción israelita y de la furia de Dios inmolando a su hijo mayor

6.6. Dios ordenó: si tienes un hijo rebelde ¡mátale!

7. Dios consideró a las mujeres como objetos de cama y pillaje, aptas siempre para recibir castigos ejemplares

7.1. Un botín de guerra prototípico, según el mandato de Dios: ganado, vacuno, burros y ¡mujeres vírgenes!

7.2. Dios mató a Nabal para facilitar que David se vengase (sin ensuciarse las manos) y pudiese apropiarse de su esposa y riquezas

7.3. Forzó a una casada a ser su amante, hizo matar a su marido y logró ser uno de los hombres más celebrados de la Biblia. Fue el rey David, el elegido por Dios para glorificar a su pueblo

7.4. Dios le dio coartada y excusa a los varones celosos para humillar a sus mujeres y hacerlas abortar

7.5. Aarón y Miriam, hermanos de Moisés, murmuraron de él, pero Dios sólo castigó con la lepra a la mujer, al varón ni le rozó

7.6. Dios recurrió a comparaciones pornográficas, degradantes para las mujeres, para relatar cuán pecadoras fueron las gentes de Israel y Judá

8. Dios hizo trampas, manipuló voluntades y jugó con muchas vidas a fin de poder lograr algunos de sus gloriosos episodios

8.1. Dios impidió que la humanidad pudiera entenderse y colaborar: la canallada se perpetró en Babel

8.2. Dios obligó a convertirse en muy malos a los “malos” para poder lucirse ante su gente: la verdad sobre un pobre faraón y su pueblo a los que Dios masacró con plagas y asesinatos para hacerse “famoso”

8.3. Bribones en guerra: Dios derrotó a los amalecitas permitiendo que Moisés hiciese trampa con su bastón mágico

8.4. Dios se apostó la fidelidad de Job con uno de sus ángeles... un juego por el que mató a muchos inocentes y arruinó y torturó a tan santo y paciente varón

9. Traidores y asesinos para mayor gloria de Dios y de su pueblo

9.1. Salvaron a la ramera que traicionó a la ciudad de Jericó, pero pasaron a cuchillo a todos los demás habitantes

9.2. Un varón, Ehud, y dos mujeres, Yael y Judit, prototipos bíblicos del asesinato selectivo perpetrado a traición y con la ayuda de Dios

9.3. Jehú, traidor, asesino sanguinario y usurpador del trono de Israel por voluntad de Dios

10. Dios usó para sus planes a varones rematadamente necios

10.1. Sansón, un juez pronto de bragueta y muy corto de entendederas

10.2. El gran Salomón: un bisoño al que Dios, tras hacerle rey, tuvo que darle inteligencia

11. Dios no dudó en matar a muchos inocentes... incluso bajo el pretexto de castigar a varones que se limitaron a obrar según sus mandatos

11.1. Dios arrasó a su pueblo con la peste para castigar al rey David... ¡por haber cumplido sin chistar una orden divina!

11.2. Dios dispuso la lapidación de Acán y de su familia por quedarse con algunos bienes hallados en los restos de Jericó ¡una ciudad masacrada por orden divina!

11.3. Dios hizo morir a un profeta que se negó a darle una paliza a otro profeta

12. Dios fue inmisericorde cuando reguló la esclavitud, mató a cientos de miles, ordenó masacrar a innumerables inocentes y lanzó terribles maldiciones sobre su grey

12.1. Dios gusta de la esclavitud... y la reguló minuciosamente

12.2. Dios bendijo y posibilitó que dos profetas con muy malas pulgas, Elías y Eliseo, matasen a placer a decenas de inocentes

12.3. Dios mató por propia mano a cientos de miles y exigió que su pueblo perpetrase enormes matanzas sin piedad ni fin

12.4. Las maldiciones de Dios a su pueblo... ¡que todavía están vigentes!

Cuadros y siglas:

Hechos notables de la historia de Israel y Judá y época de redacción de los textos más importantes del Antiguo Testamento

Siglas de los textos bíblicos usadas en este libro

Bibliografía

LOS PÉSIMOS EJEMPLOS DE DIOS (SEGÚN LA BIBLIA) 1

Por Pepe Rodríguez

INTRODUCCIÓN

La Biblia, según afirman los cristianos, es "la palabra de Dios", la expresión de su voluntad y la única radiografía de "su" personalidad. Partiendo de tal afirmación dogmática, el autor confronta las principales traducciones bíblicas y revisa sus versículos para mostrar cómo es el dios que glorifica el cristianismo y para exponer cuáles son los modelos de conducta y normas que ese dios aprobó y legisló.

El resultado del análisis es demoledor.

El autor introduce, comenta y contextualiza textos bíblicos literales, pero sobre todo deja que la propia "palabra de Dios" presente historias y pasajes inadmisibles en cualquier tiempo y lugar, con relatos rebosantes de masacres, asesinatos, violencia y expolios perpetrados sobre inocentes, fuesen adultos o menores; con violaciones y abusos contra mujeres, a las que se humilla desde textos cuasi porno-gráficos; con desprecio a los hijos y con relatos y que ensalzan y premian a cobardes, tramposos, adúlteros, xenófobos, asesinos y traidores aupados a héroes bíblicos.

El lector descubrirá también cómo se manipularon historias bíblicas bien conocidas a fin de esconder que el relato original situó a Dios como único responsable de muchas tragedias evitables e inútiles.

El Dios que aflora tras una lectura bíblica crítica está muy alejado de la figura justa que subyace en el imaginario colectivo, pues resulta contradictorio, arbitrario y cruel; legislador de mandatos terribles al tiempo que pasivo y complaciente ante hechos inaceptables que se erigirán en aval y sostén de conductas tan reprobables y persistentes como la discriminación y violencia contra la mujer o la xenofo-bia.

Este libro muestra lo que toda Biblia contiene y pocos leen, esto es, textos (y presuntos hechos) capaces de horrorizar a cualquiera, que son atribuidos a Dios y fueron cuna de la cultura occidental.

No se trata de analizar mitos, sino de mostrar los pésimos ejemplos heredados del dios bíblico.

LA CREACIÓN

Fuente: http://www.lacoctelera.com/noli/post/2006/03/31/la-creacion

La creación

Al principio Dios creó el bit y el byte, y de ellos creó el registro. Y hubo dos bytes en un registro, y nada más existía.

Y Dios separó el uno del cero, y vio que esto era bueno.

Y Dios dijo: Hágase el dato. Y así sucedió.

Y Dios dijo: Que los datos vayan a su correspondiente lugar. Y creó los disquetes, discos duros y los CDs.

Y dijo Dios: Háganse los ordenadores, así habrá lugar para poner los disquetes, discos duros y CDs. Así Dios creó los ordenadores y los llamó hardware.

Y no había software aún. Pero Dios creó programas, pequeños y grandes... Y les dijo: Vayan y multiplíquense por sí mismos y llenen toda la memoria.

Y dijo Dios: Crearé al programador. Y el programador hará nuevos programas y gobernará sobre los ordenadores, programas y datos.

Y Dios creó al programador y lo puso en el centro de datos.

Y Dios le mostró al programador el árbol de directorios y le dijo: Puedes usarlo todo, pero NO USES Windows.

Y Dios dijo: No es bueno para el programador estar solo. Tomó un hueso del cuerpo del programador y creó una criatura que buscaría al programador, lo admiraría y amaría las cosas que hiciera. Y Dios llamó a la criatura el usuario.

Y el programador y el usuario fueron dejados bajo el DOS desnudo. Y fue bueno.

Pero Bill fue más listo que todas las otras criaturas de Dios. Y Bill le dijo al usuario: ¿Realmente Dios te dijo que no ejecutaras ningún programa?

Y respondió el usuario: Dios nos dijo que podíamos usar cualquier programa y cualquier dato, pero nos dijo que no ejecutáramos Windows o moriríamos.

Y Bill dijo al usuario: ¿Cómo puedes hablar sobre algo que no has probado? En el momento en que ejecutes Windows serás como Dios. Podrás crear cualquier cosa que desees con un simple clic del ratón.

Y el usuario vio que los frutos del Windows eran buenos y fáciles de usar.

Así que el usuario instaló Windows en su ordenador y le dijo al programador que era bueno.

Y el programador empezó a buscar nuevos drivers. Y Dios le preguntó: ¿Qué buscas?

Y el Programador respondió: Busco nuevos drivers porque no puedo hallarlos en el DOS.

Y Dios dijo: ¿Quién te dijo que necesitabas drivers? ¿Ejecutaste Windows?

Y el programador dijo: ¡Fue Bill quien nos lo dijo!

Y Dios dijo a Bill: Por lo que hiciste serás odiado por todas las criaturas, y el usuario estará siempre descontento contigo.

Y Dios dijo al usuario: Por lo que hiciste Windows te decepcionará y se comerá todos tus recursos y siempre confiarás en la ayuda del programador.

Y Dios dijo al programador: Porque oíste al usuario nunca serás feliz. Todos tus programas tendrán errores y tendrás que arreglarlos hasta el fin de los tiempos.

Y Dios los echó del centro de datos y cerró la puerta y la aseguró con una clave.

LA MORAL CATÓLICA

LA IGLESIA CATÓLICA

DESPOJÓ A 2000 FAMILIAS

DE SUS CASAS EN ANGOLA


La iglesia católica, convertida en una vil inmobiliaria, se encuentra ahora involucrada en el desalojo forzado de 2000 familias en Angola

http://conceptocalifornias.com/bin/articulos.cgi?Seccion=general&ID=20070416-256

Amnistía Internacional ha publicado un informe que revela el grado y alcance de los desalojos forzados en Angola y en el que la organización expresa su especial preocupación por estos desalojos que las autoridades angoleñas han llevado a cabo aparentemente a petición de la Iglesia Católica en Angola.

La organización de derechos humanos ha asegurado que prácticamente todos los desalojos forzados llevaron aparejado el uso excesivo de la fuerza, que en ocasiones incluyó palizas a menores y mujeres -entre ellas una mujer embarazada- por parte de la policía así como disparos indiscriminados contra residentes que intentaban proteger sus casas.

Según lo publicado en el informe ‘Lives in ruins: forced evictions continue’, miles de familias han sido desalojadas a la fuerza desde 2001, casi siempre sin previo aviso a las familias afectadas. Decenas de miles de personas se han quedado sin hogar, y cientos de familias aún viven entre ruinas.

Desde septiembre de 2004 se han demolido repetidamente casas de residentes en el municipio de Kilamba Kiaxi para despejar el terreno a proyectos de edificación de viviendas públicas y privadas. En 2006, el Gobierno angoleño reconoció públicamente que las personas desalojadas a la fuerza tenían derecho a recibir una indemnización, y anunció públicamente que estaba revisando su estrategia de edificación de viviendas para responder a las necesidades de alojamiento de su población urbana. No obstante, ninguno de los afectados que residían en Kilamba Kiaxi ha recibido hasta la fecha una indemnización o un alojamiento alternativo adecuado.

Pese a las afirmaciones del Gobierno, la situación de la vivienda en Luanda no ha mejorado; de hecho, cientos de familias siguen sin tener un hogar después de haber sido expulsadas de sus casas -ha afirmado Tawanda Hondora, directora adjunta del Programa Regional de Amnistía Internacional para África-. Resulta inquietante que muchos de los desalojos forzados de los dos últimos años se hayan efectuado, al parecer, a petición de la Iglesia Católica».

En 1998, el Gobierno angoleño devolvió formalmente a la Iglesia los terrenos que ésta poseía con anterioridad a la independencia, en respuesta a una petición formulada por el difunto papa Juan Pablo II durante su visita a Angola en 1992. Sin embargo, muchas familias llevaban años viviendo en esos terrenos -en el barrio luandés de Wenji Maka-, algunas incluso décadas.

Según la información recibida, cuando las autoridades angoleñas concedieron a la Iglesia Católica la titularidad de esos terrenos no tuvieron en cuenta a las personas que ya residían en ellos, y la policía nacional ha intentado en repetidas ocasiones expulsar a más de 2.000 familias de la zona en la que la Iglesia tiene intención de construir un asilo.

Ley extrema, justicia extrema

En respuesta a la solicitud de información por parte de Amnistía en relación con la participación de la Iglesia Católica en estos desalojos forzados, el arzobispo de Luanda manifestó que la Iglesia, al reclamar su titularidad sobre los terrenos, había pedido al Gobierno que ofreciera tierras en otras zonas a las personas afectadas.

Además, el arzobispo aseguró que, en muchos casos, esas personas habían erigido construcciones en los terrenos al enterarse de que la Iglesia tenía intención de recuperarlos. El arzobispo justificó las medidas adoptadas por la Iglesia manifestando: «summum ius summa iniuria» (ley extrema, justicia extrema), o, como lo interpretaba el arzobispo, «la justicia absoluta puede desembocar en injusticia».

«La Iglesia no debería pedir a las autoridades angoleñas que desalojen a las personas que habitan unos terrenos cuya titularidad le ha sido concedida», ha denunciado Tawanda Hondora.

«Pero es el Gobierno angoleño el principal responsable de los desalojos, y como tal no sólo está obligado a detener tales acciones ilegales sino también a ofrecer ayuda a las víctimas de desalojos anteriores que siguen careciendo de alojamiento, así como a dar instrucciones inequívocas al personal encargado de hacer cumplir la ley para que no participe en más desalojos forzados y lleve ante los tribunales a los responsables de violaciones de derechos humanos».


CARTA ABIERTA AL PAPA Y COMENTARIO A SU RÉPLICA

 

NOTA DE MAXIMO KINAST: El actual Papa habla como podría haber hablado Hitler, y no es extraño porque en su juvetud participó en las Juventudes Hitlerianas y recibió una formación racista y nazi. Cristo dijo que los árboles se conocen por sus frutos, enseñando así, que las personas se conocen por sus obras. Obras no son sólo edificios, sino también lo que dice una persona y lo que dice el Papa lo retrata como lo que es, un Pastor Alemán.

 

Fuente: Masa Perú

Carta Abierta de la CAOI

al Papa Benedicto XVI

 

"Quinientos años después nuestros pueblos originarios están vivos y sus organizaciones se fortalecen. Ellos solo reclaman su derecho a ser respetados en sus creencias y formas de vida. Pero así como hace 500 años junto al saqueo original... hoy la llamada globalización que pretende imponer un modelo económico absolutamente injusto en las naciones pobres, necesita ahogar todo intento de resistencia cultural".

 

 

CARTA ABIERTA DE LA CAOI AL PAPA BENEDICTO XVI

 

Lima, 17 de Mayo de 2007

Señor:

- Joseph Ratzinger

- Papa Benedicto XVI

- Ciudad del Vaticano.-

-

De nuestra consideración:

En su reciente visita al Brasil, usted ha manifestado que el llamado proceso de Evangelización que acompañó la invasión europea a Abya Yala, continente hoy conocido con el nombre de América, no fue violento ni significó una intromisión extraña en las creencias de los pueblos originarios.

 

Su formación académica y experiencia profesional nos impiden considerar que tales expresiones significan un desconocimiento de la Historia. Usted sabe que la llamada evangelización sí fue violenta. Numerosas crónicas de los siglos XVI hasta el XVIII, escritas por los propios evangelizadores, detallan los terribles crímenes perpetrados en nombre de la "extirpación de idolatrías", primero, y por el Tribunal del Santo Oficio o Santa Inquisición, después, cuando éste hizo su irrupción en estas tierras.

 

De todo esto da fe, además, Fray Bartolomé de las Casas, el primer sacerdote ordenado en este continente y el único que en aquella época se atrevió a levantar la voz contra los abusos de los conquistadores contra los indígenas.

 

Desde la llegada misma de los europeos, los sitios sagrados de nuestros pueblos originarios fueron saqueados, sobre nuestros lugares sagrados se construyeron los templos católicos y se prohibieron nuestras ceremonias espirituales. Todo culto que no fuera el católico fue perseguido y cruelmente reprimido.

 

Quinientos años después, sin embargo, nuestros pueblos originarios están vivos y sus organizaciones se fortalecen. Ellos solo reclaman su derecho a ser respetados en sus creencias y formas de vida. Pero así como hace 500 años junto al saqueo original, que significó la exterminación de nuestras riquezas y nuestras vidas, fue necesario intentar exterminar también nuestra cultura, hoy la llamada globalización que pretende imponer un modelo económico absolutamente injusto en las naciones pobres, necesita ahogar todo intento de resistencia cultural. Y eso es lo que se persigue cuando se intenta negar las verdades históricas.

 

Es decir, así como fue cómplice del genocidio que significó la Conquista, la Iglesia Católica hoy es cómplice de esta renovada ocupación. La intolerancia ideológica es un síntoma de dominación, los modelos económicos se imponen siempre junto con las ideologías que pretenden justificarlos.

 

Pero, insistimos, los pueblos originarios estamos vivos, nuestras organizaciones están fortaleciéndose. Y estamos decididos a seguir luchando hasta recuperar todo aquello que la invasión europea saqueó y depredó.

 

La Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, CAOI, que reúne organizaciones nacionales indígenas de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, en su Congreso Fundacional realizado en Cusco, Perú, en julio del 2006, incluyó entre sus acuerdos exigir la devolución del Korikancha, ubicado en esa ciudad del Cusco, para que nuestros pueblos originarios vuelvan a darle el uso que tuvo en la época precolombina, y ese es el pedido expreso en los actuales momentos.

 

Recuperar nuestros territorios, nuestros lugares históricos y sitios sagrados no significa pretender retornar a un pasado supuestamente sepultado. No es una involución. Es un proceso de construcción hacia una sociedad realmente justa, equitativa, donde se rescate la pluriculturalidad como un valor inmenso, donde se respeten los derechos de todos y la intolerancia y la persecución de toda índole -económica, racial, cultural, religiosa, etc.- desaparezca para siempre del planeta. Tal vez ese sea el Reino anunciado por el Mesías en nombre del cual se cometieron tantos crímenes. Un personaje histórico a quien nosotros sí respetamos. Y por eso también exigimos respeto.

 

A los Estados, los organismos financieros internacionales y las empresas transnacionales, los pueblos indígenas originarios del Abya Yala les exigimos que nos devuelvan nuestros territorios y todas las riquezas que saquearon sus antecesores, los invasores europeos del siglo XVI. A la Iglesia Católica que acompañó y acompaña ese proceso, y de la que es usted el máximo representante, le exigimos que nos devuelva nuestros sitios sagrados y que respete nuestro derecho a practicar nuestras propias ceremonias espirituales.

 

Atentamente,

MIGUEL PALACÍN QUISPE

PRESIDENTE CAOI

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RATZINGER Y EL RATISBONA DE LOS INDÍGENAS

Bernardo Barranco V.

www.jornada.unam.mx/2007/05/25/index.php?section=opinion&article=024a1pol

El papa Benedicto XVI rectificó su postura reconociendo "sombras" y abusos cometidos contra los indígenas en la primera evangelización. Durante la audiencia general de este miércoles, y ante 50 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice pretendió reparar sus contundentes y provocadoras afirmaciones expresadas en su discurso de inauguración de la quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, el 13 de mayo pasado en Brasil.

 

Ahí afirmó: "el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña". Y más adelante, con poca sensibilidad, adviErtió: "La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado".

Las palabras del Papa hirieron y provocaron airadas reacciones. No sólo de jefes de Estado, como Hugo Chávez, quien le sugirió se disculpara, y Evo Morales, sino de muchísimas organizaciones y asociaciones indígenas en toda América Latina. Analistas le cuestionaron ser tan poco sensible a nuestra historia, poco respetuoso ante las culturas indígenas aún vivas y tan eurocéntrico en la forma de expresar el encuentro traumático que representó la conquista.

 

Este Papa es tan arrogante, dicen varios comentarios, como tan mal asesorado por expertos que debieron advertirle no sólo los errores de los hechos históricos, sino la manera de decirlos. Tal como ocurrió con su discurso de Ratisbona, el pontífice corrige diciendo: "No es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales" y más adelante añade: "el deber de mencionar esos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria".

 

Las críticas y reproches se han expandido por todo el continente, al grado que se extraña a Juan Pablo II, quien tuvo una mejor actitud frente al mundo indígena y en general ante otras culturas. Karol Wojtyla pidió perdón a las comunidades indígenas por los excesos y atropellos cometidos en el nombre del cristianismo; aunque nunca aceptó la teología india y con limitaciones abordó eclesiológicamente el tema de la inculturación, al menos fue cuidadoso en las formas y gestos. Precisamente en México al canonizar al primer indígena, Juan Diego, en su último viaje al continente en agosto de 2002, Juan Pablo II expresó con fuerza: "¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan de México!"

 

Sin embargo, la cuestión va más allá de discursos y de palabras rectificadoras. El hecho preocupante es que el actual Papa y el Vaticano no entienden ni quieren abrirse al mundo indígena. En México tenemos pruebas fehacientes para comprender que estas apreciaciones de Benedicto XVI, sobre el mundo indígena, no fueron un accidente o equivocación, sino incomprensión y hasta cierto menosprecio por el lugar de las comunidades indígenas en la sociedad y en la propia Iglesia. Recordemos el año pasado, cómo Benedicto XVI no quiso escuchar a los indígenas chiapanecos y el Vaticano ejerciendo su autoridad cerró toda posibilidad de ordenar diáconos permanentes indígenas, cancelando la solicitud de Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas.

 

En un documento fechado el 26 de octubre de 2005, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmado por el prefecto, cardenal Francis Arinze, argumenta cuatro causas centrales por las cuales cancela una vez más la ordenación de diáconos permanentes indígenas. Las enumeramos:

 

Primera: "No se puede ignorar que, aún después de pasados cinco años de la salida de Su Excelencia monseñor Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas, continúa a estar latente en la Diócesis la ideología que promueve la implementación del proyecto de una Iglesia Autóctona".

 

Segundo: existe un "problema ideológico de fondo" y hasta que no sea resuelto no habrá ordenaciones.

 

Tercero: "alimentar en los fieles expectativas contrarias al magisterio y a la tradición, como en el caso de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio exorado (casado), coloca a la Santa Sede en la situación de tener que rechazar las distintas peticiones y presiones y, de este modo, se le hace aparecer como intolerante".

 

Cuarto: los diáconos no deben ser por "designación comunitaria, sino por una llamada oficial de la Iglesia" y los diáconos requieren de una "formación intelectual sólida, orientada por la Sede Apostólica".

 

En un artículo titulado: "El Vaticano desconfía de los indígenas" (La Jornada, 19 de abril de 2006) reproducíamos la resignación con la que el obispo Arizmendi asumía tal medida, expresando en una carta de respuesta a la propia Congregación: "Con dolor y tristeza. El sentimiento que predomina -en la diócesis-- es que no se comprende la situación de esta Iglesia local. El 75 por ciento de su población es indígena, de cinco etnias distintas. La diócesis se extiende en 37 mil kilómetros cuadrados, con muchas poblaciones dispersas y sin carreteras. El trabajo pastoral de los diáconos permanentes es de primera necesidad. Además de ellos, tenemos más de 8 mil catequistas".

 

Cero respuestas. En el fondo existe pánico empolvado en los pasillos del Vaticano por una verdadera inculturación que respete y dignifique las culturas prehispánicas; bajo la sospecha de la "Iglesia Autóctona" se reafirma la disciplina y ante el temor de la propagación de la "teología india" la cerrazón es total. ¿Que quiere la Iglesia de los indígenas? ¿Quiere el Papa a los indios sumisos, y al modelo que se construyó en torno a Juan Diego?

 

En Aparecida, los integrantes de la comisión de obispos que trabaja el documento de la pastoral indígena, garantiza en cierta forma remendar y rehacer la postura de la Iglesia en torno a los indígenas; sin embargo, queda la enorme duda de que las correcciones al texto que se realizarán en Roma tendrán la suficiente apertura para respetar la postura de los obispos latinoamericanos sobre el tema. Creemos que el Papa, ahora más que nunca, está obligado a acatar lo que ahí se establezca.


CARTA DE JON SOBRINO. EL VATICANO SIGUE ATACANDOLO

NOTA DE MAXIMO KINAST. Como ateo no entiendo estas discusiones. Como persona entiendo que los curas que quieren ayudar a los pobres lo tienen crudo. Todos los que siguen la onda de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II lo tienen mal. El Pastor Aleman, de origen nazi, y su antecesor, el polaco han sido grandes sostenedores de las Dictaduras. El Polaco fue muy amigo de Pinochet y acudió a ayudarlo cuando los movimientos sociales estaban a punto de acabar con su dictadura.

Esta polémica tiene gran interés por demostrar que no hay nada de AMOR ni CARIDAD en la empresa privada conocida como SANTA MADRE IGLESIA CATOLICA APOSTOLICA Y ROMANA. Es un vulgar negociado que le saca plata a los pobres para ayudar a los ricos y quedarse con lo que pueden. Si no lo creen vean el Poder que tiene esa secta peligrosa que se llama Opus Dei.

Jon Sobrino es un hombre decente, magufo, pero decente y profundamente comprometido con los pobres. Merece todo mi respeto como ser humano y por su larga vida de servicio al pueblo de El Salvador y a los pobres del mundo.

Quizás no sea este un tema para un blog ateo, pero ellos, los buenos católicos han quemado en la hoguera a millares de los nuestros, nos han perseguido, torturado, robados nuestros bienes y tergiversado nuestras ideas a lo largo de un poco más de dos mil años. Es de justicia meternos en sus asuntos y decirle malvados a los malvados y honesto a los honestos.

Maximo.

 

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Nota de REDH:

Previo al texto de la Carta de Jon Sobrino dirigida al Superior General de la Orden Jesuita, publicamos el artículo "BENEDICTO XVI CONTRA LOS TEÓLOGOS DE LA LIBERACIÓN" - publicado en el portal Reflexión y Liberación, que aún escrito antes de que se confirme la sanción resulta muy ilustrativo sobre la situación que se está viviendo.

Carlos D. PÉREZ
Coordinador de REDH
Red Solidaria por los Derechos Humanos

:: BENEDICTO XVI CONTRA LOS TEÓLOGOS DE LA LIBERACIÓN ...

Publicado por Reflexión y Liberación

BENEDICTO XVI CONTRA LOS TEÓLOGOS DE LA LIBERACIÓN

La condena vaticana al teólogo Jesuita Jon Sobrino, que se hará pública este jueves y que, según ha adelantado el arzobispo de San Salvador, le prohibirá publicar con el 'nihil obstat' eclesiástico e impartir clases en centros religiosos, vuelve a golpear a la Teología de la Liberación, 20 años después del sonado castigo al franciscano brasileño Leonardo Boff, en 1985.

Es un nuevo e inesperado choque entre Ratzinger y este movimiento que Juan Pablo II y la Santa Sede descabezaron en los ochenta al censurar su “inspiración marxista”. El actual pontífice, como prefecto de la Doctrina de la Fe, dirigió desde 1981 aquella campaña de represión, que supuso llamadas de atención a más de un centenar de teólogos. Sin embargo, el reencuentro era inevitable: Benedicto XVI viajará en mayo a Brasil y afrontará por primera vez como Papa la situación de Latinoamérica.

Lo mismo le ocurrió a Juan Pablo II en 1979, cuando hizo su primer viaje al extranjero y acudió en México a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Wojtyla se enfrentó entonces al auge de la Teología de la Liberación y sus críticos le reprocharon que, quizá por haber crecido en un régimen comunista y sufrido algunos de sus excesos, no supo comprenderla. Desde luego, Estados Unidos la veía con muy malos ojos y los intereses comunes para acabar con la URSS del Vaticano y la Administración Reagan -que, por ejemplo, financió a la Iglesia nicaragüense contra el Gobierno de Ortega- hicieron el resto.

Este capítulo ha quedado como uno de los más controvertidos de Wojtyla, pero con el cambio de Papa, y caído el Muro de Berlín, había cierta intriga por saber si se produciría una suerte de rehabilitación histórica de la Teología de la Liberación. Benedicto XVI también acude en mayo al encuentro del CELAM, pero llega con el ocaso de este movimiento progresista dentro de la Iglesia. Sin embargo, Latinoamérica asiste a un nuevo florecimiento de regímenes de izquierda y con el desafío de la pobreza tan intacto como hace dos décadas. Además, la Iglesia católica está en franco retroceso ante el empuje de sectas y confesiones protestantes.

Casualidad o no, en este contexto cae la condena de Sobrino. Lo cierto es que su expediente, la revisión de sus textos, viene desde al menos 2004 y ahora simplemente se ha concluido. Estas decisiones, de carácter ejemplar, le convertirán en el decimosegundo teólogo que recibe una condena desde que el Santo Oficio se transformó en Congregación de la Doctrina de la Fe en 1965. Salvo una primera notificación a Hans Küng en 1975, todas las demás tuvieron lugar durante el pontificado de Juan Pablo II y casi todas llevaron la firma de Ratzinger. Ha habido muchas otras llamadas al orden, pero la imposición de silencio es la señal más dura que emana de la Santa Sede para un teólogo. Si se confirma, ésta será la primera de Benedicto XVI, en un dossier que empezó él mismo.

«El Padre Sobrino se lo ha tomado con cierto nerviosismo. Está acostumbrado a las situaciones límite, porque está vivo de milagro, pero le afecta, no cabe duda», explicaba ayer el portavoz de la Curia General de los jesuitas en Roma, José María de Vera, que prefiere no hacer valoraciones hasta conocer el contenido exacto de la resolución vaticana. «Naturalmente nos pesará si considera que hay una especie de rebeldía, pero en casos anteriores había muchos matices, y los interesados siempre alegaron que lo que ellos decían y lo que se interpretaba no coincidía», explica.

Tres de los últimos teólogos condenados son Jesuitas (Jacques Dupuis, en 1998; Anthony de Mello, en 2001; y Roger Haigt, en 2004) y Vera lo achaca a la «penitencia del aventurero», dadas sus posiciones de vanguardia. «Es un riesgo asumido. ¿Que nos equivocamos? Pues que nos tiren de las orejas», dice. En cuanto a la Teología de la Liberación, opina que la preocupación por los pobres sigue vigente, «aunque exageraciones evidentemente ha habido».

Jesús y Dios

En opinión del teólogo italiano Sandro Magister, a pesar de su declive, la Teología de la Liberación «ha inspirado un pensamiento común en gran parte del clero latinoamericano, el de la Iglesia como agencia humanitaria, que Benedicto XVI considera precisamente el origen de la debilidad de la Iglesia en este momento en Latinoamérica». El viaje a Brasil arrojará sin duda luz sobre este aspecto.

La condena se debe, al parecer, a que Sobrino resalta en sus escritos la humanidad de Cristo y no su divinidad, y en este sentido Magister entiende que toca «un tema al que el Papa es extremamente sensible». «Va a dedicar precisamente a este asunto su próximo libro, a demostrar que el Jesús histórico era Dios y hombre, porque cree que en ello está en juego la fe cristiana». Con todo, pese al pulso histórico de Ratzinger y la Teología de la Liberación, la Iglesia también ha aceptado de nuevo en la ortodoxia a teólogos antes castigados. El mismo fundador del movimiento, el Dominico Gustavo Gutiérrez, acaba de estar en Roma impartiendo un curso en la pontificia universidad Angelicum y al inicio de la cuaresma acudió a la basílica de Santa Sabina: allí le impuso la ceniza Benedicto XVI en persona.

La amonestación a Jon Sobrino ha caído como un jarro de agua fría sobre el ánimo de creyentes como Enrique Miret Magdalena, miembro de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, o Juan José Tamayo Acosta, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría en la Universidad Carlos III de Madrid. Ninguno de los dos oculta «cierta sorpresa» ante una medida que echa por tierra «las cautelas» que, hasta ahora, habían guiado los pasos del Vaticano. Desde el pasado domingo, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha vuelto a hacer acto de presencia con la contundencia de antaño, «cuando gente como yo mismo -recuerda Tamayo Costa- era censurada sin paliativos y con argumentos que se caían por su propio peso ».

A su juicio, la amonestación que sufrió en 2003 a raíz del libro 'Dios y Jesús' no difiere «demasiado» de la condena que pesa ahora sobre uno de los adalides más carismáticos de la Teología de la Liberación. «Ya es lamentable que se nos reproche hacer 'demasiado' hincapié en la humanidad de Cristo. Increíble ¿Se nos critica por nuestro compromiso con los hombres de carne y hueso! Y quede bien claro: ni Jon Sobrino ni yo hemos negado jamás la divinidad de Jesús».

Enrique Miret Magdalena, con la perspectiva que da tener más de 90 años, pondera sus palabras y echa la vista atrás: «Ya es hora de que la Santa Sede deje a un lado los castigos y la censura, por la sencilla razón de que puede equivocarse y pedir perdón siglos más tarde no alivia el daño». Sin ir más lejos -apunta quien fuera firma habitual en Cuadernos para el Diálogo-, «el Dominico italiano Savonarola murió en la hoguera por orden del Papa Alejandro VI y ahora resulta que se está cursando su beatificación ».

Azote de la Iglesia y la burguesía florentina, aquel religioso del siglo XV poco tiene que ver con el rigor intelectual y el talante moderado de Jon Sobrino, «pero -aclara el teólogo- los dos tienen algo en común: son víctimas del rodillo inquisitorial». Por fortuna, las llamas hace tiempo que se extinguieron, ahora se castiga arrebatando la palabra. «Si callan, no existen. Ésa es la condena que impone Roma a los disidentes. Y no es pequeña».

Agencias / “Reflexión y Liberación”

ARRIBA ^^^

:: CARTA DE JON SOBRINO A P. PETER-HANS KOLVENBACH...

Enviado por Enrique Orallana / Movimiento Todos Somos Iglesia, Chile

15 de Marzo de 2007

Jon Sobrino al P. Peter - Hans Kolvenbach

Querido P. Kolvenbach:

Ante todo le agradezco la carta que me escribió el 20 de noviembre y todas las gestiones que ha hecho para defender mis escritos y mi persona. Ahora me dice el P. Idiáquez que le escriba a usted sobre mi postura ante la notificatio y las razones por las que no me adhiero -"sin reservas", dice usted en su carta- a ellas. En un breve texto posterior expondré mi reacción ante la notificatio, pues, como usted dice, lo normal es que la noticia aparezca en los medios y que los colegas de la teología esperen una palabra mía.

1. La razón fundamental.

La razón fundamental es la siguiente. Un buen número de teólogos han leído mis dos libros antes de que fuese publicado el texto de la Congregación de la fe de 2004. Varios de ellos leyeron también el texto de la Congregación. Su juicio unánime es que en mis dos libros no hay nada que no sea compatible con la fe de la Iglesia.

El primer libro, Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, fue publicado en español en 1991, hace 15 años,y ha sido traducido al portugués, inglés, alemán e italiano. La traducción portuguesa tiene el imprimatur del Cadenal Arns, del 4 de diciembre de 1992. Que yo sepa ninguna recensión o comentario teológico oral cuestionó mi doctrina.

El texto del segundo libro, La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, fue publicado en 1999, hace siete años, y ha sido tradcido al portugués, inglés e italiano. Fue examinado muy cuidadosamente, antes de su publicación, por varios teólogos, en algunos casos por encargo del P. Provincial, Adán Cuadra, y en otros a petición mía. Son los PP. J. I. González Faus, J. Vives y X. Alegre, de San Cugat; el P. Carlo Palacio, de Bello Horizonte; el Pbro. Gesteira, de Comillas; el Pbro. Javier Vitoria, de Deusto; el P. Martin Maier, de Stimmen der Zeit. Varios de ellos son expertos en teología dogmática. Uno, en exégesis. Y otro, en patrística.

Recientemente, el P. Sesboué, a petición de Martin Maier, el año 2005 tuvo la gentileza de leer el segundo libro, La fe en Jesucristo, conociendo también, según entiendo, el texto de la Congregación de la fe de 2004. El P. Maier le pidió que se fijase si había algo en mi libro contra la fe de la Iglesia. Su respuesta de 15 páginas en conjunto es laudatoria para el libro. Y no encontró nada criticable desde el punto de vista de la fe. Sólo encontró un error, que él llama técnico, no doctrinal. "Mon intention est de 0montrer le centre de gravité de l'ouvrage et combien il prend au serieux les affirmations conciliares, comme les titres de Crist dans le N.T. Je n'ai trouvè qu'une erreure réelle, s'est son interpretation de la communication des idiomes, mais c'este une errer technique en non doctrinale". (Afirmo desde ahora que no tengo ningún inconveniente en esclarecer, en la medida de mis posibilidades, ese error técnico).

Sobre el modo de analizar mi texto por parte de la congregación dice lo siguiente:"Je n'ai pas voulu répondre avec trop de précision au document de la CDF qui vise aussi le premier livre de Sobrino et me paraît tellement exagéré qu'il est sans valeur. Talleyrand avait ce mot: "Ce qui est exagéré est insignifiant!". Avec cette méthode délibérément soupçonneuse je peux lire bien des hérésies dans les encycliques de J.P. II! J'en ai tout de même tenu compte dans mon évaluation. J'ai voulu dire que ce livre me paraît plus rigoureux dans ses formulations que le précédent. J'ai aussi cité des textes de la tradition, ou contemporains, ou même des papes qui vont dans le sens de Sobrino (en cela je suis la méthode de la CDF!).Entregué una copia del texto del P. Sesboué al P. Idiáquez y al P. Valentìn Menéndez.

Todos estos teólogos son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables. Se han fijado explícitamente en posibles errores doctrinales míos. Son respetuosos de la Iglesia. Y no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas. Entonces no puedo comprender cómo la notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria.

Esta es la primera y fundamental razón para no suscribir la notificatio: "no me siento representado en absoluto en el juicio global de la notificatio". Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados.

2. 30 años de relaciones con la jerarquía

El documento de 2004 y la notificatio no son una total sorpresa. Desde 1975 he tenido que contestar a la Congregación para la Educación católica, bajo el cardenal Garrone, en 1976, y a la Congregación de la Fe, primero bajo el cardenal Seper y después, varias veces, bajo el Cardenal Ratzinger. El P. Arrupe, sobre todo, pero también el P. Vincent O'keefe, como vicario general, y el P. Paolo Dezza, como delegado papal, siempre me animaron a responder con honradez, fidelidad y humildad. Me agradecieron mi buena disposición a responder y me daban a entender que el modo de proceder las curias vaticanas no siempre se distinguía por ser honrado y muy evangélico. Mi experiencia, pues, viene de lejos. Y usted conoce lo que ha ocurrido en los años de su generalato.

Lo que quiero añadir ahora es que no sólo he tenido serias advertencias y acusaciones de esas congregaciones, sobre todo la de la fe, sino que desde muy pronto se creó un ambiente en el Vaticano, en varias curias diocesanas y entre varios obispos, en contra de mi teología -y en general, contra la teología de la liberación. Se generó un ambiente en contra de mi teología, a priori, sin necesidad de leer muchas veces mis escritos. Son 30 largos años de historia. Sólo voy a mencionar algunos hechos significativos. Lo hago no porque ésa sea una razón fundamental para suscribir la notificatio, sino para comprender la situación en que estamos y qué difícil es, al menos para mí, y aun poniendo lo mejor de mi parte, tratar honrada, humana y evangélicamente, el problema. Y para ser sincero, aunque ya he dicho que no es una razón para no adherirme a la notificatio, siento que no es ético para mí "aprobar o apoyar" con mi firma un modo de proceder poco evangélico, que tiene dimensiones estructurales, en una medida, y que está bastante extendido. Pienso que avalar esos procedimientos para nada ayuda a la Iglesia de Jesús, ni a resentar el rostro de Dios en nuestro mundo, ni a animar al seguimiento de Jesús, ni a la "lucha crucial de nuestro tiempo", la fe y la justicia. Lo digo con gran modestia.

Algunos hechos del ambiente generalizado que se ha generado contra mi teología, más allá de las acusaciones de las congregaciones, son los siguientes.

Monseñor Romero escribe en su Diario el día 3 de mayo de 1979: "Visité al P. López Gall. Me dijo con sencillez de amigo el juicio negativo que se tiene en algunos sectores para con los escritos teológicos de Jon Sobrino". Por lo que toca a Monseñor Romero, pocos meses después me pidió que le escribiera el discurso que pronunció en la Universidad de Lovaina el 2 de febrero de 1980 -en 1977 ya había redactado para él la segunda carta pastoral "La Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia".

Escribí el discurso de Lovaina. Le pareció muy bien, lo leyó íntegramente y me lo agradeció.

Antes de su cambio como obispo, Monseñor me había acusado de peligros doctrinales, lo que muestra que sabía moverse en esa problemática (también escribió un juicio crítico contra la "Teología Política" de Ellacuría en 1974). Pero después, nunca me avisó de tales peligros. Creo que mi teología le parecía correcta doctrinalmente -al menos en lo sustancial. (Sé muy bien que en el Vaticano un problema para su canonización ha sido mi posible influjo en sus escritos y homilías. Escribí un texto de unas 20 páginas sobre ellos. Y lo firmé).

Cuando Alfonso López Trujillo fue nombrado cardenal, dijo poco después en un grupo, más o menos públicamente, que iba a acabar con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ronaldo Muñoz y Jon Sobrino. Así me lo contaron, y me parece muy verosímil. Las historias de López Trujillo con el P. Ellacuría -con Monseñor Romero, sobre todo- y conmigo son interminables. Continúan hasta el día de hoy. Y empezaron pronto. Creo que en 1976 o 1977 habló en contra de la teología de Ellacuría y de la mía en una reunión de la Conferencia Episcopal de El Salvador, a cuya reunión se autoinvitó. Después, en carta a Ellacuría, negó tajantemente que hubiera hablado de él y de mí en dicha conferencia. Pero nosotros teníamos el testimonio, de primera mano, de Mons. Rivera, quien estuvo presente en la reunión de la conferencia episcopal.

En 1983 el cardenal Corripio, arzobispo de México, prohibió la celebración de un congreso de teología. Lo organizaban los pasionistas para celebrar, según su carisma, el año de la redención, que estaba siendo propiciado por Juan Pablo II. Querían tratar teológicamente el tema de la cruz de Cristo y la de nuestros pueblos. Me invitaron y acepté. Después me comunicaron la prohibición del cardenal. La razón, o una razón importante, era que yo iba a tener dos conferencias en el congreso.

En Honduras, el arzobispo, regañó a un grupo de religiosas porque habían ido a una diócesis cercana a escuchar una conferencia mía. Me había invitado el obispo. Creo que su nombre era Mons. Corrivau, canadiense.

Sólo un ejemplo más para no cansarle. En 1987 o 1988, más o menos, recibí una invitación a hablar a un numeroso grupo de laicos en Argentina, en la diócesis de Mons. Hesayne. Se trataba de revitalizar a los cristianos que habían sufrido durante la dictadura. Y acepté. Poco después recibí una carta de Mons. Hesayne diciéndome que mi visita a su diócesis había sido objeto de debate en una reunión de la Conferencia Episcopal.

El cardenal Primatesta dijo que le parecía muy mal que yo fuese a hablar a Argentina. Monseñor Hesayne, me defendió como persona y defendió mi ortodoxia. Le preguntó al cardenal si había leído algún libro mío, y reconoció que no. Sin embargo, el obispo se vio obligado a cancelar la invitación. Me escribió y se disculpó con mucho cariño y humildad, y me pidió que comprendiese la situación. Le contesté que la comprendía y que le agradecía.

De lo que he dicho hasta ahora sobre Argentina tengo certeza. Lo que sigue lo oí a dos sacerdotes, no sé si de Argentina o de Bolivia, que pasaron por la UCA. Al verme, me dijeron que conocían en lo que había ocurrido en Argentina. En resumen, en la reunión de la Conferencia Episcopal le habían dicho a Mons. Hesayne que tenía que elegir: o invitaba a Jon Sobrino a su diócesis, y el Papa no pasaría por ella en la próxima visita a Argentina, o aceptaba la visita del Papa a su diócesis y Jon Sobrino no podía pasar por allí.

No quiero cansarle más, aunque créame que podría contar más historias. También de obispos que se han opuesto a que dé conferencias en España. Esta "mala fama" no creo que fuese algo específicamente personal, sino parte de la campaña contra la teología de la liberación.

Y ahora formulo mi segunda razón para no adherirme. Tiene que ver menos directamente con los documentos de la Congregación de la fe, y más con el modo de proceder del Vaticano en lo últimos 20 ó 30años. En esos años, muchos teólogos y teólogas, gente buena, con limitaciones por supuesto, con amor a Jesucristo y a la Iglesia, y con gran amor a os pobres, han sido perseguidos inmisericordemente. Y no sólo ellos. También obispos, como usted sabe, Monseñor Romero en vida (todavía hay quien no le quiere en el Vaticano, al menos no quieren al Monseñor Romero real, sino a un Monseñor Romero aguado), Don Helder Camara tras su muerte, y Proaño, Don Samuel Ruiz y un muy largo etcétera. Han intentado descabezar, a veces con malas artes, a la CLAR, y a miles de religiosas y religiosos de inmensa generosidad, lo que es más doloroso por la humildad de muchos de ellos. Y sobre todo, han hecho lo posible para que desaparezcan las comunidades de base, los pequeños, los privilegiados de Dios.

Adherirme a la notificatio, que expresa en buena parte esa campaña y ese modo de proceder, muchas veces claramente injusto, contra tanta gente buena, siento que sería avalarlo. No quiero pecar de arrogancia, pero no creo que ayudaría a la causa de los pobres de Jesús y de la iglesia de los pobres.

3. Las críticas a mi teología del teólogo Joseph Ratzinger

Este tema me parece importante para comprender dónde estamos, aunque no es una razón para no suscribir la notificatio.

Poco antes de publicar la primera Instrucción sobre algunos aspectos de la "Teología de la liberación", corrió, en forma manuscrita, un texto del cardenal Joseph Ratzinger sobre dicha teología. El Padre César Jerez, entonces Provincial, recibió el texto de un jesuita amigo, de Estados Unidos. El texto fue publicado después en 30 giorni III/3 (1984) pp. 48-55.

Yo lo pude leer, ya publicado, en Il Regno. Documenti 21 (1984) pp. 220-223. En este artículo se mencionan los nombres de cuatro teólogos de la liberación: Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Ignacio y Ellacuría, y el mío, que es el más frecuentemente citado. Cito textualmente lo que dice sobre mí. Las referencias son de mi libro Jesús en América Latina. Su significado para la fe la cristología, San Salvador, 1982.

a) Ratzinger: "Respecto a la fe dice, por ejemplo, J. Sobrino: La experiencia que Jesús tiene de Dios es radicalmente histórica. "Su fe se convierte en fidelidad". Sobrino reemplaza fundamentalmente, por consiguiente, la fe por la "fidelidad a la historia" (fidelidad a la historia, 143-144).

Comentario. Lo que yo digo textualmente es: "su fe en el misterio de Dios se convierte en fidelidad a ese misterio". con lo cual quiero recalcar la procesualidad del acto de fe. Digo también que "la carta (de los Hebreos) resume admirablemente cómo se da en Jesús la fidelidad histórica y en la historia a la práctica del amor a los hombres y la fidelidad al misterio de Dios" (p. 144). La interpretación de Ratzinger de remplazar la fe por la fidelidad a la historia está injustificada. Repito varias veces: "fidelidad al misterio de Dios".

b) Ratzinger: "'Jesús es fiel a la profunda convicción de que el misterio de la vida de los hombres. es realmente lo último.' (p. 144). Aquí se produce aquella fusión entre Dios y la historia que hace posible a Sobrino, conservar con respecto a Jesús la fórmula de Calcedonia pero con un sentido totalmente alterado: se ve cómo los criterios clásicos de la ortodoxia no son aplicables al análisis de esta teología.

Comentario. El contexto de mi texto es que "la historia hace creíble su fidelidad a Dios, y la fidelidad a Dios, a quien le instituyo, desencadena la fidelidad a la historia, al 'ser a favor de otros'" (p. 144). Para nada confundo Dios y la historia. Además, la fidelidad no es a una historia abstracta, o alejada de Dios y absolutizada, sino que es la fidelidad al amor a los hermanos, lo que tiene una ultimidad específica en el Nuevo Testamento y es mediación de la realidad de Dios.

c) Ratzinger: "Ignacio Ellacuría insinúa este dato en la tapa del libro sobre este tema: Sobrino "dice de nuevo.que Jesús es Dios, pero añadiendo inmediatamente que el Dios verdadero es sólo el que se revela histórica y escandalosamente en Jesús y en los pobres, quienes continúan su presencia. Sólo quien mantiene tensa y unitariamente esas dos afirmaciones es ortodoxo."

Comentario. No veo que tiene de malo las palabras de Ellacuría.

d) Ratzinger: "El concepto fundamental de la predicación de Jesús es "Reino de Dios". Este concepto se encuentra también en el núcleo de las teologías de la liberación, pero leído sobre el trasfondo de la hermenéutica marxista. Según J. Sobrino el reino no debe comprenderse de modo espiritualista, ni universalista, ni en el sentido de una reserva escatológica abstracta. Debe ser entendido en forma partidista y orientado hacia la praxis. Sólo a partir de la praxis de Jesús, y no teóricamente, se puede definir lo que significa el reino; trabajar con la realidad histórica que nos rodea para transformarla en el Reino" (166).

Comentario. Es falso que yo hable del reino de Dios en el transfondo de la hermenéutica marxista. Sí es cierto que doy importancia decisiva a reproducir la praxis de Jesús para obtener un concepto que pueda acercarnos al que tuvo Jesús. Pero esto último es problema de epistemología filosófica, que tiene también raíces en la comprensión bíblica de lo que es conocer. Como dicen Jeremías y Oseas: "hacer justicia, ¿no es eso conocerme?".

e) Ratzinger: "En este contexto quisiera también mencionar la interpretación impresionante, pero en definitiva espantosa, de la muerte y de la resurrección que hace J. Sobrino. Establece ante todo, en contra de las concepciones universalistas, que la resurrección es, en primer lugar, una esperanza para los crucificados, los cuales constituyen la mayoría de los hombres: todos estos millones a los cuales la injusticia estructural se les impone como una lenta crucifixión (176). El creyente toma parte también en el reinado de Jesús sobre la historia a través de la implantación del Reino, esto es, en la lucha para la justicia y por la liberación integral, en la transformación de las estructuras injustas en estructuras más humanas. Este señorío sobre la historia se ejerce, en la medida en que se repite en la historia el gesto de Dios que resucita a Jesús, esto es, dando vida a los crucificados de la historia (181). El hombre asumió las gestas de Dios, y en esto se manifiesta toda la transformación del mensaje bíblico de modo casi trágico, si se piensa cómo este intento de imitación de Dios se ha efectuado y se efectúa".

Comentario. Si la resurrección de Jesús es la de un crucificado, me parece al menos plausible comprender teológicamente la esperanza en primer lugar para los crucificados. En esta esperanza podemos participar "todos "en la medida en que participemos en la cruz.

Y "repetir en la historia el gesto de Dios" es obviamente lenguaje metafórico. Nada tiene que ver con hybris y arrogancia. Hace resonar el ideal de Jesús: "sean buenos del todo como el Padre celestial es bueno".

Hasta aquí el comentario a las acusaciones de Ratzinger. No reconozco mi teología en esta lectura de los textos. Además, como usted recordará, el P. Alfaro escribió un juicio sobre el libro del que Ratzinger saca las citas, sin encontrar error alguno en su artículo "Análisis del libro 'Jesús en América Latina' de Jon Sobrino", Revista Latinoamericana de Teología 1, 1984, pp. 103-120). Por lo que toca a la ortodoxia concluye textualmente:

"a) Expresa y repetida afirmación de fe en la divinidad (filiación divina) de Cristo a lo largo de todo el libro;

b) reconocimiento creyente del carácter normativo y vinculante de los dogmas cristológicos, definidos por el magisterio eclesial en los concilios ecuménicos;

c) fe en la escatología cristiana, iniciada ya ahora en el presente histórico como anticipación de su plenitud venidera meta-histórica (más allá de la muerte);

d) fe en la liberación cristiana como "liberación integral", es decir, como salvación total del hombre en su interioridad y en su corporalidad, en su relación a Dios, a los otros, a la muerte y al mundo. Estas cuatro verdades de la fe cristiana son fundamentales para toda cristología. Sobrino las afirma sin ninguna ambigüedad" (p. 117-118).

Y es grave que, sin citar mi nombre, la Instrucción de 1984, IX. Traducción "teológica de este núcleo", repite algunas ideas que Ratzinger piensa haber encontrado en mi libro. "Algunos llegan hasta el límite de identificar a Dios y la historia, y a definir la fe como 'fidelidad a la historia'." (n. 4).

Creo que el cardenal Ratzinger, en 1984, no entendió a cabalidad la teología de la liberación, ni parece haber aceptado las reflexiones críticas de Juan Luis Segundo, Teología de la liberación. Respuesta al cardenal Ratzinger, Madrid, 1985, y de I. Ellacuría, "Estudio teológico-pastoral de la Instrucción sobre algunos aspecto de 'la teología de la liberación'", Revista Latinoamericana de Teología 2 (1984) 145-178. Personalmente creo que hasta el día de hoy le es difícil comprenderla. Y me ha disgustado un comentario que he leído al menos en dos ocasiones. Es poco objetivo y puede llegar a ser injusto. La idea es que "lo que buscan los (algunos) teólogos de la liberación es conseguir fama, llamar la atención".

Termino. No es fácil dialogar con la Congregación de la fe. A veces parece imposible. Parece que está obsesionada por encontrar cualquier limitación o error, o por tener por tal lo que puede ser una conceptualización distinta de alguna verdad de la fe. En mi opinión, hay aquí, en buena medida, ignorancia, prejuicio y obsesión para acabar con la teología de la liberación. Sinceramente no es fácil dialogar con ese tipo de mentalidad.

Cuántas veces he recordado el presupuesto de los Ejercicios: "todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla". Y estos días he leído en la prensa un párrafo del libro de Benedicto XVI, de próxima aparición, sobre Jesús de Nazaret. "Creo que no es necesario decir expresamente que este libro no es en absoluto un acto magisterial, sino la expresión de mi búsqueda personal del «rostro del Señor» (salmo 27, Por lo tanto, cada quien tiene libertad para contradecirme. Sólo pido a las lectoras y a los lectores el anticipo de simpatía sin la cual no existe comprensión posible". Personalmente le ofrezco al papa simpatía y comprensión. Y deseo vehementemente que la Congregación de la fe trate a los teólogos y teólogas de la misma manera.

4. Problemas de fondo importantes

En mi respuesta de marzo de 2005 traté de explicar mi pensamiento. Ha sido en vano. Por eso ahora no voy a comentar, una vez más, las acusaciones que me hace la notificatio, pues fundamentalmente son las mismas. Sólo quiero mencionar algunos temas importantes, sobre los que en el futuro podamos ofrecer algunas reflexiones.

1. Los pobres como lugar de hacer teología. Es un problema de epistemología teológica, exigido o al menos sugerido por la Escritura. Personalmente, no dudo de que desde los pobres se ve mejor la realidad y se comprende mejor la revelación de Dios.

2. El misterio de Cristo siempre nos desborda. Mantengo como fundamental el que sea sacramento de Dios, presencia de Dios en nuestro mundo. Y mantengo como igualmente fundamental el que sea un ser humano e histórico concreto. El docetismo me parece que sigue siendo el mayor peligro de nuestra fe.

3. La relacionalidad constitutiva de Jesús con el reino de Dios. En las palabras más sencillas posibles, éste es un mundo como Dios lo quiere, en el que haya justicia y paz, respeto y dignidad, y en el que los pobres estén en el centro de interés de los creyentes y de las iglesias. Igualmente, la relacionalidad constitutiva de Jesús con un Dios que es Padre, en quien confía totalmente, y en un Padre que es Dios ante quien se pone en total disponibilidad.

4. Jesús es hijo de Dios, la palabra hecha sarx. Y en ello veo el misterio central de la fe: la transcendencia se ha hecho transdescendencia para llegar a ser condescendencia.

5. Jesús trae la salvación definitiva, la verdad y el amor de Dios. La hace presente a través de su vida, praxis, denuncia profética y anuncio utópico, cruz y resurrección. Y Puebla, remitiéndose a Mt 25, afirma Cristo "ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres" (n. 196). Ubi pauperes ibi Christus.

6. Muchas otras cosas son importantes en la fe. Sólo quiero mencionar una más, que Juan XXIII y el cardenal Lercaro proclamaron en el Vaticano II: La Iglesia como "Iglesia de los pobres". Iglesia de verdadera compasión, de profecía para defender a los oprimidos y de utopía para darles esperanza.

7. Y en un mundo gravemente enfermo como el actual proponemos como utopía que "extra pauperes nulla salus".

De estos y de muchos otros temas hay que hablar más despacio. Creo que es bueno que todos dialoguemos. Personalmente estoy dispuesto a ello.

Querido Padre Kolvenbach esto es lo que quería comunicarle. Bien sabe usted que, aunque estas cosas son desagradables, puedo decir que estoy en paz. Esta viene del recuerdo de innumerables amigos y amigas, muchos de ellos mártires. Estos días, el recuerdo del P. Jon Cortina nos trae de nuevo la alegría. Si me permite hablarle con total sinceridad, no me siento "en casa" en ese mundo de curias, diplomacias, cálculos, poder, etc. Estar alejado de "ese mundo", aunque yo no lo haya buscado, no me produce angustia. Si me entiende bien, hasta me produce alivio.

Sí siento que la notificatio producirá algún sufrimiento. Por decirlo con sencillez, algo sufrirán mis amigos y familiares, una hermana que tengo, muy cercana a Monseñor Romero y a los mártires. Pienso también que hará la vida más difícil, por ejemplo a mi gran amigo el P. Rafael de Sivatte. Si no fuesen pocos los problemas que ya tiene para mantener con seriedad el Departamento de Teología -que lo mantiene muy bien por su gran capacidad, dedicación y ciencia- tendrá ahora que buscar otro profesor de cristología, y, como usted sabrá, también tendrá que buscar otro profesor de Historia de
la Iglesia, pues, injustamente, el P. Rodolfo Cardenal no va a dar clases, pues no es bien visto por la jerarquía del país.

No sé si esta larga carta le ayudará en sus conversaciones con el Vaticano. Ojalá así sea. He procurado ser lo más sincero posible. Y le agradezco todos los esfuerzos que ha hecho para defendernos.

Le recuerdo con afecto ante el Señor.

Jon Sobrino.

Fuente www.reflexionyliberacion.cl