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CARTA ABIERTA AL PAPA Y COMENTARIO A SU RÉPLICA

 

NOTA DE MAXIMO KINAST: El actual Papa habla como podría haber hablado Hitler, y no es extraño porque en su juvetud participó en las Juventudes Hitlerianas y recibió una formación racista y nazi. Cristo dijo que los árboles se conocen por sus frutos, enseñando así, que las personas se conocen por sus obras. Obras no son sólo edificios, sino también lo que dice una persona y lo que dice el Papa lo retrata como lo que es, un Pastor Alemán.

 

Fuente: Masa Perú

Carta Abierta de la CAOI

al Papa Benedicto XVI

 

"Quinientos años después nuestros pueblos originarios están vivos y sus organizaciones se fortalecen. Ellos solo reclaman su derecho a ser respetados en sus creencias y formas de vida. Pero así como hace 500 años junto al saqueo original... hoy la llamada globalización que pretende imponer un modelo económico absolutamente injusto en las naciones pobres, necesita ahogar todo intento de resistencia cultural".

 

 

CARTA ABIERTA DE LA CAOI AL PAPA BENEDICTO XVI

 

Lima, 17 de Mayo de 2007

Señor:

- Joseph Ratzinger

- Papa Benedicto XVI

- Ciudad del Vaticano.-

-

De nuestra consideración:

En su reciente visita al Brasil, usted ha manifestado que el llamado proceso de Evangelización que acompañó la invasión europea a Abya Yala, continente hoy conocido con el nombre de América, no fue violento ni significó una intromisión extraña en las creencias de los pueblos originarios.

 

Su formación académica y experiencia profesional nos impiden considerar que tales expresiones significan un desconocimiento de la Historia. Usted sabe que la llamada evangelización sí fue violenta. Numerosas crónicas de los siglos XVI hasta el XVIII, escritas por los propios evangelizadores, detallan los terribles crímenes perpetrados en nombre de la "extirpación de idolatrías", primero, y por el Tribunal del Santo Oficio o Santa Inquisición, después, cuando éste hizo su irrupción en estas tierras.

 

De todo esto da fe, además, Fray Bartolomé de las Casas, el primer sacerdote ordenado en este continente y el único que en aquella época se atrevió a levantar la voz contra los abusos de los conquistadores contra los indígenas.

 

Desde la llegada misma de los europeos, los sitios sagrados de nuestros pueblos originarios fueron saqueados, sobre nuestros lugares sagrados se construyeron los templos católicos y se prohibieron nuestras ceremonias espirituales. Todo culto que no fuera el católico fue perseguido y cruelmente reprimido.

 

Quinientos años después, sin embargo, nuestros pueblos originarios están vivos y sus organizaciones se fortalecen. Ellos solo reclaman su derecho a ser respetados en sus creencias y formas de vida. Pero así como hace 500 años junto al saqueo original, que significó la exterminación de nuestras riquezas y nuestras vidas, fue necesario intentar exterminar también nuestra cultura, hoy la llamada globalización que pretende imponer un modelo económico absolutamente injusto en las naciones pobres, necesita ahogar todo intento de resistencia cultural. Y eso es lo que se persigue cuando se intenta negar las verdades históricas.

 

Es decir, así como fue cómplice del genocidio que significó la Conquista, la Iglesia Católica hoy es cómplice de esta renovada ocupación. La intolerancia ideológica es un síntoma de dominación, los modelos económicos se imponen siempre junto con las ideologías que pretenden justificarlos.

 

Pero, insistimos, los pueblos originarios estamos vivos, nuestras organizaciones están fortaleciéndose. Y estamos decididos a seguir luchando hasta recuperar todo aquello que la invasión europea saqueó y depredó.

 

La Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, CAOI, que reúne organizaciones nacionales indígenas de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, en su Congreso Fundacional realizado en Cusco, Perú, en julio del 2006, incluyó entre sus acuerdos exigir la devolución del Korikancha, ubicado en esa ciudad del Cusco, para que nuestros pueblos originarios vuelvan a darle el uso que tuvo en la época precolombina, y ese es el pedido expreso en los actuales momentos.

 

Recuperar nuestros territorios, nuestros lugares históricos y sitios sagrados no significa pretender retornar a un pasado supuestamente sepultado. No es una involución. Es un proceso de construcción hacia una sociedad realmente justa, equitativa, donde se rescate la pluriculturalidad como un valor inmenso, donde se respeten los derechos de todos y la intolerancia y la persecución de toda índole -económica, racial, cultural, religiosa, etc.- desaparezca para siempre del planeta. Tal vez ese sea el Reino anunciado por el Mesías en nombre del cual se cometieron tantos crímenes. Un personaje histórico a quien nosotros sí respetamos. Y por eso también exigimos respeto.

 

A los Estados, los organismos financieros internacionales y las empresas transnacionales, los pueblos indígenas originarios del Abya Yala les exigimos que nos devuelvan nuestros territorios y todas las riquezas que saquearon sus antecesores, los invasores europeos del siglo XVI. A la Iglesia Católica que acompañó y acompaña ese proceso, y de la que es usted el máximo representante, le exigimos que nos devuelva nuestros sitios sagrados y que respete nuestro derecho a practicar nuestras propias ceremonias espirituales.

 

Atentamente,

MIGUEL PALACÍN QUISPE

PRESIDENTE CAOI

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RATZINGER Y EL RATISBONA DE LOS INDÍGENAS

Bernardo Barranco V.

www.jornada.unam.mx/2007/05/25/index.php?section=opinion&article=024a1pol

El papa Benedicto XVI rectificó su postura reconociendo "sombras" y abusos cometidos contra los indígenas en la primera evangelización. Durante la audiencia general de este miércoles, y ante 50 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice pretendió reparar sus contundentes y provocadoras afirmaciones expresadas en su discurso de inauguración de la quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, el 13 de mayo pasado en Brasil.

 

Ahí afirmó: "el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña". Y más adelante, con poca sensibilidad, adviErtió: "La utopía de volver a dar vida a las religiones precolombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal, no sería un progreso, sino un retroceso. En realidad sería una involución hacia un momento histórico anclado en el pasado".

Las palabras del Papa hirieron y provocaron airadas reacciones. No sólo de jefes de Estado, como Hugo Chávez, quien le sugirió se disculpara, y Evo Morales, sino de muchísimas organizaciones y asociaciones indígenas en toda América Latina. Analistas le cuestionaron ser tan poco sensible a nuestra historia, poco respetuoso ante las culturas indígenas aún vivas y tan eurocéntrico en la forma de expresar el encuentro traumático que representó la conquista.

 

Este Papa es tan arrogante, dicen varios comentarios, como tan mal asesorado por expertos que debieron advertirle no sólo los errores de los hechos históricos, sino la manera de decirlos. Tal como ocurrió con su discurso de Ratisbona, el pontífice corrige diciendo: "No es posible olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a la población indígena, pisoteadas a menudo en sus derechos fundamentales" y más adelante añade: "el deber de mencionar esos crímenes injustificables, condenados ya entonces por misioneros como Bartolomé de las Casas y teólogos como Francisco de Vitoria".

 

Las críticas y reproches se han expandido por todo el continente, al grado que se extraña a Juan Pablo II, quien tuvo una mejor actitud frente al mundo indígena y en general ante otras culturas. Karol Wojtyla pidió perdón a las comunidades indígenas por los excesos y atropellos cometidos en el nombre del cristianismo; aunque nunca aceptó la teología india y con limitaciones abordó eclesiológicamente el tema de la inculturación, al menos fue cuidadoso en las formas y gestos. Precisamente en México al canonizar al primer indígena, Juan Diego, en su último viaje al continente en agosto de 2002, Juan Pablo II expresó con fuerza: "¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan de México!"

 

Sin embargo, la cuestión va más allá de discursos y de palabras rectificadoras. El hecho preocupante es que el actual Papa y el Vaticano no entienden ni quieren abrirse al mundo indígena. En México tenemos pruebas fehacientes para comprender que estas apreciaciones de Benedicto XVI, sobre el mundo indígena, no fueron un accidente o equivocación, sino incomprensión y hasta cierto menosprecio por el lugar de las comunidades indígenas en la sociedad y en la propia Iglesia. Recordemos el año pasado, cómo Benedicto XVI no quiso escuchar a los indígenas chiapanecos y el Vaticano ejerciendo su autoridad cerró toda posibilidad de ordenar diáconos permanentes indígenas, cancelando la solicitud de Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas.

 

En un documento fechado el 26 de octubre de 2005, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmado por el prefecto, cardenal Francis Arinze, argumenta cuatro causas centrales por las cuales cancela una vez más la ordenación de diáconos permanentes indígenas. Las enumeramos:

 

Primera: "No se puede ignorar que, aún después de pasados cinco años de la salida de Su Excelencia monseñor Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas, continúa a estar latente en la Diócesis la ideología que promueve la implementación del proyecto de una Iglesia Autóctona".

 

Segundo: existe un "problema ideológico de fondo" y hasta que no sea resuelto no habrá ordenaciones.

 

Tercero: "alimentar en los fieles expectativas contrarias al magisterio y a la tradición, como en el caso de un diaconado permanente orientado hacia el sacerdocio exorado (casado), coloca a la Santa Sede en la situación de tener que rechazar las distintas peticiones y presiones y, de este modo, se le hace aparecer como intolerante".

 

Cuarto: los diáconos no deben ser por "designación comunitaria, sino por una llamada oficial de la Iglesia" y los diáconos requieren de una "formación intelectual sólida, orientada por la Sede Apostólica".

 

En un artículo titulado: "El Vaticano desconfía de los indígenas" (La Jornada, 19 de abril de 2006) reproducíamos la resignación con la que el obispo Arizmendi asumía tal medida, expresando en una carta de respuesta a la propia Congregación: "Con dolor y tristeza. El sentimiento que predomina -en la diócesis-- es que no se comprende la situación de esta Iglesia local. El 75 por ciento de su población es indígena, de cinco etnias distintas. La diócesis se extiende en 37 mil kilómetros cuadrados, con muchas poblaciones dispersas y sin carreteras. El trabajo pastoral de los diáconos permanentes es de primera necesidad. Además de ellos, tenemos más de 8 mil catequistas".

 

Cero respuestas. En el fondo existe pánico empolvado en los pasillos del Vaticano por una verdadera inculturación que respete y dignifique las culturas prehispánicas; bajo la sospecha de la "Iglesia Autóctona" se reafirma la disciplina y ante el temor de la propagación de la "teología india" la cerrazón es total. ¿Que quiere la Iglesia de los indígenas? ¿Quiere el Papa a los indios sumisos, y al modelo que se construyó en torno a Juan Diego?

 

En Aparecida, los integrantes de la comisión de obispos que trabaja el documento de la pastoral indígena, garantiza en cierta forma remendar y rehacer la postura de la Iglesia en torno a los indígenas; sin embargo, queda la enorme duda de que las correcciones al texto que se realizarán en Roma tendrán la suficiente apertura para respetar la postura de los obispos latinoamericanos sobre el tema. Creemos que el Papa, ahora más que nunca, está obligado a acatar lo que ahí se establezca.


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