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CIPRIANI APOYA A MORALES BERMUDEZ

Cardenal Cipriani rechaza orden de detención contra Morales Bermúdez
sábado, 29 de diciembre , 2007 - 12:06:24  
http://www.rpp.com.pe/portada/politica/109106_1.php
 

 

(RPP) El cardenal Juan Luis Cipriani, mostró su rechazo al pedido de la justicia italiana de detener al ex mandatario Francisco Morales Bermúdez.

Al comentar la orden de detención dictada por una jueza romana contra Morales Bermúdez lamentó que se comentan abusos que no tienen nada que ver con la verdad.

En este sentido, solicitó prudencia para evitar este tipo de hechos que muchas veces van más allá de lo que se debe.

El cardenal comparó a los jueces que investigan violaciones a los derechos humanos con paganos "dioses modernos" dedicados a buscar presidentes de otros países para censurarlos y ordenar su arresto donde se encuentren.

"Hay que tener un poquito de prudencia en el modo de hacer las cosas. Yo desde aquí saludo al general Morales Bermúdez y a tantos peruanos que tal vez se encuentran en una situación de injusticia, frente a una ley que muchas veces va más allá de lo que debe", señaló el cardenal peruano.

El lunes en Roma la justicia italiana dictó 140 órdenes de arresto contra civiles y militares por participar en el represivo Plan Cóndor, el plan de coordinación represiva que ejecutaron varias dictaduras sudamericanas en los años 70 y 80.

El pedido italiano contra el general en retiro Morales Bermúdez (1975-1980) incluye a otros tres militares peruanos: el general Pedro Richter Prada, primer ministro de la época, y dos coroneles del servicio de inteligencia.

El caso pedido de la jueza Luisianna Figliola menciona en total la desaparición de 25 personas.



Deslindes. Cipriani y la eternidad
Andrés Hildebrandt Loredo
http://www.larepublica.com.pe/content/view/198637/481/

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El cardenal Juan Luis Cipriani llama "dioses modernos y profanos" a aquellos que se atreven a sobrepasar los sacrosantos límites del estado-nación (no lo eran tanto cuando Lutero reclamó esta independencia para las iglesias nacionales) y afirmar que presidentes, ministros y generales pueden ser juzgados internacionalmente, como cualquier otro mortal.

Más allá de los excesos que se puedan cometer en el caso específico de Morales Bermúdez, lo importante es que Cipriani fue general en su condena a esta figura del derecho internacional. Su metáfora, incluso, identifica esta práctica con una de las muchas herejías que reinan en el mundo contemporáneo. Me pregunto si el darles derechos y reconocimiento a los homosexuales (quienes, según Su Eminencia, "no están dentro del plan de Dios") sería una variación de esa misma blasfemia. En lo que el Cardenal tiene toda la razón es en que, precisamente, es la labor de los dioses (aunque no precisamente "modernos") castigar al gobernante que cree que puede tomar la justicia en sus manos y violar las leyes de la polis en nombre de lo que él decide denominar el bien común.

Este es uno de los significados más bellos y profundos de la tragedia griega. La violación de las leyes de la polis es una afrenta contra los dioses que siempre recibe castigo. Edipo ignora las advertencias del oráculo y acusa injustamente a Creonte, pensando que eso lavará la sangre derramada y detendrá la peste que arrasa Tebas. El final de la obra revela que, por el contrario, el origen de todo el mal reside en el gobernante que no somete su poder a ningún tipo de restricción.

Es por lo menos paradójico que en esos tiempos profanos de muchas polis y dioses, la impunidad sea combatida con mucha más dureza que en la era de la Iglesia universal. En ese sentido, las afirmaciones de Cipriani nos remiten a sus antiguas simpatías con el régimen del acusado Fujimori, sus críticas a la CVR, y a la actitud complaciente de los sectores más conservadores de la Iglesia con los excesos de la lucha antisubversiva.

Sin embargo, sería injusto no mencionar a aquellas figuras que "desobedecieron a la Iglesia para salvar al cristianismo". En esa línea, la película El noveno día (Der neunten Tag) nos presenta a un grupo de sacerdotes cuya resistencia contra la ocupación alemana los lleva al campo de concentración de Dachau; lugar donde, según ellos mismos, "no hay Dios". Paralelamente, el régimen nazi busca negociar con Pío XII, de quien se dice que trata al Führer de "muy estimado señor" cada vez que lo saluda por su cumpleaños.

Ojalá que el Cardenal no repita los errores del pasado y sepa distanciarse del esplendor cortesano que cegó a ese Papa. Porque desde la perspectiva de la Eternidad, donde reinan inmaculados la geometría y el orden, los déspotas y asesinos se confunden con "señores" y se olvidan los sacrificios y vejaciones que sufrieron los verdaderos líderes de la Iglesia.

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