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Cyberateos

El Absurdo de ser Católico

LA PROSTITUTA

Autor anónimo, difundido en Resumen nº 4922 de la lista de Cyberateos

 

Yo soy la prostituta

más grande de la tierra

la que siembra esperanzas,

la que tantos veneran.

 

La que promete el cielo

al que siga su huella

con los ojos vendados

sin dudas, ni querellas,

 

La que bendijo el sable

que cortó mil cabezas

la que conquiató imperios

con suprema violencia.

 

La que condenó al hombre

a morir en la hoguera.

 

La que sembró el espanto

la que vendió indulgencias,

la que apañó a tiranos,

la que mintió a sabiendas.

 

La que siembra ignorancia,

la que propicia guerras.

 

La que exije conductas

honradas y sinceras

pero cobra los diezmos

y al estado coimea.

 

La que calló ante el crimen

y torturas horrendas

la de los violadores,

la de las componendas.

 

Yo soy la prostituta

más cínica y aviesa;

pero soy ante todos

la "Santa Madre Iglesia".        

LA MALDAD INTRÍNSICA DE LOS CRISTIANOS

Por Lukas Gómez

En general, los cristianos. En particular, los católicos. Hay mucho de maldad en creer en religiones mezquinas, con dioses que se enfadan con frecuencia, que amenazan con castigos horrendos a quien no les ame.  Dioses celosos de la adoración que reciben ídolos... Hay bastante de maldad y un poco de estupidez.

Me intentaré explicar. Si alguien me dice que cree en la existencia real de dios (debería aportar pruebas, pero no importa) es imposible discutir, no digo rebatir, ni siquiera es posible discutir contra una creencia. Esto mismo podría decirse de un ateo y lo acepto. Digo que no creo en la existencia de uno o varios dioses. En esta afirmación me pongo en el mismo plano que un creyente. Uno cree que existe y el otro cree que no existe. No hay discusión posible. Ninguno aporta pruebas serias de su afirmación. (Aunque la prueba le corresponde al que afirma la existencia). No hay pruebas. Hay razonamientos, pero los creyentes no aceptan razonar. Las creencias son viscerales. Son sentimientos y no admiten críticas.

Otra cosa es profesar una religión. Aquí la creencia íntima se transforma en una manera de vivir, en una política que se intenta imponer a los demás, y de ser posible con los costos a cargo de todos, incluidos en el pago los que no aceptan sus ritos, liturgias y dogmas. Y es en este punto de distribución abusiva de los costos donde empieza la maldad de los creyentes.

Según ellos hay dos formas de profesar una Fé; dos formas de creer. Una es por atrición y la otra por contrición. La primera se basa en el miedo al castigo divino. La segunda se basa en el amor por el dios. La segunda es mentira. Ningún creyente (con algunas excepciones, como pudo haber sido Francisco de Asis) se arrepiente de pecar por contrición. Y si de verdad se trata de un creyente no lo puede negar, porque incurre en el pecado de mentira y de soberbia. Hay casos de histerismo, con rabioso amor a dios, pero son pocos y -a mi juicio- es gente que está mal de la cabeza, como el caso de varias Santas de la Iglesia Católica bastante conocidos.

Lo normal es que los católicos vivan asustados por el Infierno que les espera y al que pueden caer si mueren de repente. Su religion está basada en la ética de los mercachifles. Un católico puede secuestrar, desaparecer personas, torturar, asesinar, profanar los cadáveres, mentir a los familiares y estar seguro de ir al Cielo con sólo confesar sus pecados y mostrar arrepentimiento. ¡Y aquí viene lo genial del negocio religioso! El arrepentimiento por atrición vale igual. Lo importante para el negocio de la Iglesia es que el pecador se confiese, le cuente todo lo que ha hecho... y les deje algo en la herencia.

Porque todo es negocio. Las indulgencias, los divorcios, los matrimonios, todos los sacramentos, desde el nacimiento hasta la muerte es negocio. Se paga a la Iglesia y el cielo está asegurado. Dicen que la Iglesia no cobra, pero los divorcios ràpidos son sólo a nivel de Princesas que se casan con millonarios.

Todo es hipocresía en la Religión Católica. Se va a misa los domingos para lucir el último vestido a la moda. Los chicos van para mirar a las chicas y tratar de ligar con alguien de su nivel. GCU, por supuesto. Llevan la cuenta de quien no se confiesa, quien comulga, quien no... cada Parroquia es un Peyton Place y muchas veces con un cura pederasta. Los grupos de oración son centros disimulados de ligue para tímidos. Mini centros de Poder en el que la persona que lo controla no duda en hablar en nombre de la Virgen, o de los Santos o del propio Dios, habitualmente amenazando con las penas del infierno al discípulo que se desmande o no siga la palabra divina. Palabra que sale de los labios del seglar que dirige el grupo.

La principal Prelatura de la Iglesia, el Opus Dei capta a sus socios o miembros con la esperanza de que llegarán a ser Santos y parte de la premisa de que si son ricos es porque Dios los ama y se los permite. Dios les ayuda en sus negocios y trapacerías. No se les ocurre pensar (Francisco de Asis lo habría hecho) de que la ambición de ser Santos es un horrendo pecado de soberbia.

Si Cristo realmente existió y por un milagro pudiera verlos me imagino que los llamaría "sepulcros blanqueados".

Son tan malvados que se infiltran en grupos ateos, con palabras dulces y cuando son desenmascarados insultan, amenazan, se hacen los ofendidos y sale todo su odio como bilis. Sus comentarios los delatan. Sus obras los muestran como mercachifles que intentan negociar una parcela en un Cielo imaginario.

Y no entienden que la mayor promesa de su religion es una oferta de la mayor tortura a que podria ser sometido un ser humano. Afortunadamente tengo la certeza íntima de que nos hay dios ni dioses. Sería terrible que me premiara con la Eternidad a su lado. ¿Puede haber algo peor que existir eternamente?

Imagina por un instante una bandada de cisnes que vuelan alrededor de la galaxia y cada millon de año pasan junto a un cubo de platino e iridio de un kilómetro por arista, al que rosan suavemente con sus alas. ¿Cuántos eones son necesarios para gastar un poco ese cubo? ¿Cuantos eones son necesarios para hacerlo desaparecer por el roce de las alas?  Pues cuando se ha gastado y ha pasado todo ese tiempo, no significa nada en la Eternidad, ni un milisegundo. ¿La Eternidad junto a Dios? ¿Cuánto tardarías en hacerle la guerra? ¿Cuánto tiempo necesitarías para creerte superior? ¿Serías capaz de estarte tranquilito sólo adorándolo? ¡Y esa es la mejor oferta que te hacen a cambio de servir a la Iglesia como imbécil! ¿Sabes cuál es la peor? Pues es esa misma Eternidad en el Infierno. ¿No tienes la impresión de que todo esto es un cuento chino? ¿No captas que son patrañas para sacarte tu dinero? ¡Allá tu con tu estulticia y tu maldad disfrazada! El que avisa no es traidor.

 

 

 

Cardenal Oscar Andrés Rodríguez pide a Manuel Zelaya que no regrese a Honduras

Desgraciadamente, y como siempre, la cúpula de la iglesia católica se solidariza con los golpistas.
Saludos cordiales/Oscar

Rodríguez Maradiaga se refirió también a las amenazas emitidas por Hugo Chávez contra Honduras

 

Honduras

, 03.07.09

Actualizado: 04.07.09 02:20pm - Redacción/AFP: diario@elheraldo.hn

 

El cardenal Oscar Andrés Rodríguez se refirió este sábado a la crisis política que vive Honduras.
El cardenal Oscar Andrés Rodríguez se refirió este sábado a la crisis política que vive Honduras.

 

El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga pidió al ex presidente Manuel Zelaya Rosales que no venga a Honduras para evitar un derramamiento de sangre.

 

El prestigioso cardenal, considerado uno de los 'papables' tras la muerte de Juan Pablo II, hizo un llamado al "amigo José Manuel Zelaya" y le advirtió que "un regreso al país en este momento podría desatar un baño de sangre".

"Sé que usted ama la vida, sé que usted respeta la vida, hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor medite porque después sería demasiado tarde", instó el prelado.

 

En cadena nacional de radio y televisión transmitida este sábado, el máximo jerarca de la Iglesia Católica en Honduras pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que preste atención a los hechos ilegales que venían ocurriendo en el país antes del 28 de junio.

Video: Cardenal pide a Zelaya que no regrese a Honduras

 

"A la Organización de Estados Americanos pedimos que preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras y no solamente a lo sucedido el 28 de junio recién pasado", cuando el presidente Manuel Zelaya fue capturado y separado de su cargo.

Zelaya fue depuesto el domingo 28 de junio por militares, en cumplimiento de una orden judicial, luego de pretender realizar una consulta popular con el objetivo de reformar la Constitución, medida que fue considerada ilegal por el Tribunal Electoral, la Corte de Justicia y el Tribunal Electoral.

Especial en PDF: Los hechos del 28 de junio

 

Sin mencionar el nombre del presidente de Venezuela, Rodríguez Maradiaga se refirió también a las amenazas emitidas por Hugo Chávez. "El pueblo hondureño se pregunta por qué (en la OEA) no han condenado las amenazas bélicas contra nuestro país".

Recientemente, el mandatario venezolano admitió que pelean por el "proyecto constituyente" para el continuismo de Manuel Zelaya.

Rodríguez Maradiaga recordó este sábado a la comunidad internacional "el derecho que tenemos de definir nuestro propio destino sin presiones unilaterales de cualquier tipo, buscando soluciones que promuevan el bien de todos". Además, "rechazamos amenazas de fuerza o bloqueos de cualquier tipo que solamente hacen sufrir a los más pobres", en alusión al tema Chávez y a los bloqueos impuestos contra Honduras por el Sistema de Integración Centroamericana (Sica).

Documento: Edificar desde la crisis

 

Añadió que "si el sistema interamericano se limita a proteger la democracia en las urnas pero no le da seguimiento a un buen gobierno, a la prevención de las crisis políticas, económica y sociales, de nada servirá reaccionar tardiamente frente a ellas".

 

También pidió a los nuevos gobernantes "a no dejarse llevar por los egoísmos, la venganza, la persecución, la violencia y la corrupción" y abogó por el diálogo y la reconciliación.

 

El cardenal dijo también que es fundamental "respetar el calendario del Tribunal Supremo Electoral, que garantice las elecciones del próximo mes de noviembre".

 

La jerarquía de la Iglesia católica hondureña mandó también un mensaje a la Organización de Estados Americanos (OEA), que este sábado se reunía en Washington para decidir si suspende a Honduras por inclumplimiento de la carta democrática interamericana.

 

De su lado, las autoridades hondureñas de facto se anticiparon y anunciaron que su país se retiraba de la OEA.

 

El secretario general del organismo, José Miguel Insulza, se reunió el viernes con el cardenal Rodríguez y jerarcas de la Iglesia católica en la sede de la Conferencia Episcopal de Honduras.


HONDURAS: LOS CURAS APOYAN A LOS GORILAS

http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?27885

Iglesia hondureña apoya el golpe de Estado y pide a Zelaya que no vuelva

La Conferencia Episcopal de Honduras se posicionó este sábado del lado del Gobierno de facto de Roberto Micheletti, y pidió a Zelaya que no regrese porque "podría desatar un baño de sangre". El pueblo hondureño en resistencia abucheó a la alta jerarquía católica durante la masiva manifestación que desborda este domingo las calles de Tegucigalpa.

Noticias y artículos sobre
Golpe de Estado en Honduras

El cardenal Óscar Andrés Rodríguez leyó un comunicado de la Conferencia Episcopal, en el que la Iglesia le pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que "preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras".

En un paréntesis y al cierre de la lectura del comunicado, el cardenal Rodríguez hizo "un llamado al amigo José Manuel Zelaya", a quien le recordó: "El día de su toma de posesión usted citó claramente tres mandamientos de la santa ley de Dios, no mentir, no robar, no matar".

"Pensemos si una acción precipitada, un regreso al país en este momento, podría desatar un baño de sangre, sé que usted ama la vida, sé que usted respeta la vida, hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño, por favor, medite, porque después sería demasiado tarde", acotó.

La OEA, en opinión de los 11 obispos que integran la Conferencia Episcopal, debió prestar atención "no solamente a lo sucedido a partir del 28 de junio recién pasado", cuando fue depuesto por un golpe militar el presidente Zelaya y enviado en un avión a Costa Rica.

"También el pueblo hondureño se pregunta por qué no han condenado las amenazas bélicas contra nuestro país", destaca el comunicado.

Agrega que "el sistema interamericano se limita a proteger la democracia en las urnas, pero no le da seguimiento a un buen gobierno, a prevención de las crisis políticas económicas y sociales", por lo que "de nada servirá el reaccionar tardíamente hacia ellas".

Según los obispos, "las instituciones del Estado democrático hondureño están en vigencia" y "sus ejecutorias en materia jurídico-legal han sido apegadas a derecho".

"Los tres poderes del Estado están en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución de la República de Honduras", subraya el documento.

Agrega que cuando Zelaya fue capturado por los militares "ya no se desempeñaba como presidente de la República".

Zelaya fue depuesto por los militares el mismo día que debía realizarse una consulta popular con vistas a convocar un referéndum sobre la reforma de la Constitución, promovida por él, pese a tener una prohibición legal, lo que también recordó hoy la Conferencia Episcopal.

Rodríguez hizo un paréntesis para referirse a la denuncia de la Carta de la OEA que el Gobierno que preside Micheletti anunció anoche, sobre lo que dijo a la comunidad internacional que los hondureños tienen "el derecho de definir" su "propio destino, sin presiones unilaterales de cualquier tipo".

"Rechazamos amenazas de fuerza o bloqueos de cualquier tipo que solamente hacen sufrir a los mas pobres", expreso el cardenal Rodríguez, quien no se refirió a la decisión del Parlamento de haber escogido a Micheletti como presidente.

Dijo que la situación actual puede servir "para edificar y emprender un nuevo camino, una nueva Honduras" y que la confrontación que se está viendo "no debe servir para agudizar la violencia, sino para un nuevo punto de partida para el diálogo, el consenso y la reconciliación"
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EL CELIBATO SACERDOTAL: ABUSO DE PODER

NOTA: según un historiador catalán, la razón del celibato es evitar que los hijos de curas, obispos, cardenales o papas puedan heredar sus bienes, que siendo bastardos los hereda la Iglesia. Suscribo esa idea. Además, en ninguna parte de la Biblia se dice que Jesús haya sido virgen, por el contrario se le define como un judío normal de su época, lo que implica que Jesús (si existió) tenía relaciones sexuales como cualquiera en su tiempo y en su tierra. De no haber sido así, cualquiera de los evangelistas habría citado con extrañeza esta peculiaridad de su guía.

Máximo Kinast

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Introducción

www.mdzol.com/mdz/nota/138057-El-celibato-sacerdotal-abuso-de-poder

 

La obligación del celibato y castidad que pesa sobre los sacerdotes católicos nuevamente ha causado polémica y debate en la opinión pública. 

Casos como los de algunos sacerdotes de Mendoza que han dejado o están en proceso de dejar el ministerio sacerdotal, el de un grupo de curas que en Buenos Aires solicitaron terminar con el celibato obligatorio (Farinello, De la Serna entre otros), el de un cura de Córdoba que anunció a los laicos de su parroquia que dejaba el ministerio por haberse enamorado, y en el exterior, el caso del presidente paraguayo Lugo, el del cura mediático Alberto Cutié fotografiado con su novia en una playa, el del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel que además de pedófilo consumado (y encubierto por Juan Pablo II),  tuvo una amante y una hija, la rebelión de los curas centroafricanos contra el Vaticano porque obligó a renunciar a dos obispos casados con hijos, han sido noticias recientes  y han reflotado el debate público acerca del sentido de la norma eclesiástica que obliga a lo sacerdotes  a cumplir con aquellas obligaciones.

Los casos se repiten en el transcurso del tiempo y en todo el mundo. La Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, que agrupa a clérigos de Europa, A. Latina, Filipinas y A. del Norte precisó que el porcentaje de curas casados con o sin hijos representa el 25% del total de sacerdotes existentes, a la fecha 150.000 (Fuente EFE). Este alto porcentaje de varones no pudo cumplir con la norma eclesiástica.

Son numerosos los argumentos que se esgrimen a favor y en contra del celibato y continencia de los sacerdotes católicos. Entre los primeros, se destaca uno que hace referencia a lo normativo y a la libertad en aceptar aquel estado. El integrismo católico suele formularlo así: “La Iglesia Católica tiene derecho a fijar sus normas jurídicas. Quien no pueda cumplirlas, debe ser honesto e irse de la institución. A ningún candidato al sacerdocio se lo obliga a aceptar el celibato y continencia; lo hacen libremente”.

Recientemente los obispos latinoamericanos reunidos en Nicaragua han dicho lo mismo, con otras palabras: “el voto de castidad es una exigencia de la Iglesia Católica y quien elige el sacerdocio "lo hace libremente". “El que se ordena (sacerdote) conoce durante todo el tiempo las exigencias para vivir el sacerdocio. Lo hace libremente" y es el obispo quien reconoce oficialmente su vocación sacerdotal…” (Declaraciones del arzobispo Raymundo Damasceno Assis, en la asamblea del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se celebró en la capital de aquel país entre el 12 y 15 de mayo de 2009).

Norma y libertad en la decisión, entonces, son cuestiones claves en esta argumentación y que cabe indagar.  Y entre ambas premisas, la segunda parece ser la de más peso y la que cerraría el debate a favor del celibato: este se acepta libremente. E ahí el equívoco.

2. Planteo del problema

Es una obviedad que los candidatos al sacerdocio aceptan libremente la regla canónica  (aunque el grado de libertad también habría que examinarlo, conforme el mayor o menor nivel de madurez psicológica con que se asume el ministerio). De manera que se da por supuesta la libertad en la decisión, a nadie se lo obliga.

Pero el cuestionamiento del celibato no pasa por el consentimiento libre del individuo,  sino por la norma jurídica, por su razonabilidad o arbitrariedad, por ser justa o no, por constituir un caso de abuso de poder o de respeto a la dignidad de las personas, por violar derechos fundamentales o no. Ese es el punto.

Por lo tanto, el problema se centra en lo normativo y en lo jurídico.  El análisis debe empezar por el argumento mismo en cuanto a su veracidad o falsedad para luego examinar crítica y comparativamente las normas jurídicas canónicas que imponen el celibato y la continencia sexual, desde la perspectiva de los principios generales del derecho contenidos en la Constitución Nacional, Tratados sobre Derechos Humanos y legislación concordante.

De este modo se podrá determinar si las disposiciones que obligan a los sacerdotes católicos-romanos a cumplir el celibato y castidad son violatorias o no de derechos fundamentales, si promueven o no la dignidad de las personas.

3. El argumento que justifica el celibato por el consentimiento libre: ¿verdadero o falso?

El prelado católico citado decía: “el voto de castidad es una exigencia de  la Iglesia Católica y quien elige el sacerdocio "lo hace libremente". “El que se ordena (sacerdote) conoce durante todo el tiempo las exigencias para vivir el sacerdocio…”.

Este argumento que apela a la libertad, conocimiento y cumplimiento de normas que obligan al celibato ¿implica una verdad o una falsedad?

Si se pone el acento en quién lo dice (un miembro de la jerarquía eclesiástica), no podemos afirmar que sea verdadero por ese motivo. Por el contrario, podríamos afirmar que es falso.
Es lo que se conoce como argumentum ad verecundiam, argumento que apela a la autoridad.

Es una falacia muy común mediante la cual se busca que una afirmación controvertida sea aceptada bajo la base de que está realizada por una persona, respetada, conocida o importante.  En nuestro caso implica justificar el celibato y continencia porque lo afirma algún jerarca eclesiástico, porque así lo ha legislado canónicamente.

Se sabe que las falacias, sofismas o paralogismos son argumentos “que parecen concluir la verdad pero que son erróneos” (Sanguinetti, Juan José, Lógica, Eunsa, Pamplona, 1985).
Conforme el autor citado en toda falacia hay dos elementos: “Una verdad aparente, que da al argumento cierta capacidad de convencer, y que es precisamente la que puede ocasionar la equivocación del incauto; un error oculto, el elemento desordenado del raciocinio, que mueve a sacar una conclusión falsa a partir de alguna verdad”.

En el caso del argumento que mencionamos, el mismo no puede ser verdadero porque lo afirme una autoridad eclesiástica.

Similar a la falacia que comentamos es el argumento del “don”. Parece que ese “regalo” no fue dado históricamente a algunos apóstoles ni obispos. En las sagradas escrituras existen textos que dejan ver que el “don” no era otorgado a todos. Por ejemplo Levítico 21:10-14,  1 Timoteo 3:2-5, 1° Corintios 9:3-5; Tito 1:6.

Asimismo, varios de los apóstoles eran casados (Mateo 8:14). Hay abundante bibliografía y fuentes históricas que dan cuenta que el “don” no existió históricamente (ver Tertuliano en De Exhortat Castita, cap. 8; Clemente de Alejandría en Historia Eclesiástica de Eusebio, libro III, cap. 30. En la misma obra, libro VIII capítulo 9).

Tampoco todos los papas recibieron ese “don”. Existieron papas casados: “Inocencio VIII, Alejandro VI, Félix III 483-492 (2 hijos), Hormidas 514-523 (1 hijo), Silverio (Antonia) 536-537, Adriano II 867-872 (1 hija), Clemente IV 1265-1268 (2 hijas) que además de casado, tuvo 10 hijos ilegítimos con su amante y con la madre de ésta, Félix V 1439 1449 (1 hijo).

Papas que fueron hijos de papas u otros miembros de clero: San Dámaso I (366-384), hijo de San Lorenzo, sacerdote; San Inocencio I (401-417), hijo de Anastasio I; Bonifacio I(418-422), hijo de un sacerdote; San Félix (483-492), hijo de un sacerdote; Anastasio II (496-498) hijo de un sacerdote; San Agapito I (535-536) hijo de Gordiano, papa; San Silverio (536-537), hijo de San Hormidas, papa; Marino (882-884), hijo de un sacerdote; Bonifacio VI (896-896), hijo de Adrián, obispo; Juan XI (931-935) hijo del Papa Sergio III; Juan XV (989-996) hijo de León, sacerdote.

Papas que tuvieron hijos ilegítimos después de 1139 (Concilio de Letrán II): Inocencio VIII (1484-1492) varios hijos; Alejandro VI (1492-1503) varios hijos; Julio (1503-1513) 3 hijas; Pablo III (1534-1549) 3 hijos, 1 hija; Pío IV (1559-1565) 3 hijos; Gregorio XIII (1572-1585) 1 hijo” (Cf. Historia del celibato en la iglesia católica, Future Church, citado en www.feadulta.com).

¿Aquellos varones no recibieron el tan mentado “don”? Dice P. Rodríguez (La vida sexual del clero, Ediciones B, Barcelona, 1995,  capítulo 3, pp. 53-64), “el celibato no puede ser un don o carisma, tal como se dice, ya que, desde el punto de vista teológico, un carisma es dado siempre no para el provecho de quien lo recibe sino para el de la comunidad a la que éste pertenece. Así, los dones bíblicos de curación o de profecía, por ejemplo, eran para curar o para guiar a los otros, pero no eran aplicables por el beneficiario a sí mismo. 

Si el celibato fuese un don o carisma, lo sería para ser dado en beneficio de toda la comunidad de creyentes y no sólo de unos cuantos privilegiados, y es ya bien sabido que resulta una falacia argumentar que el célibe tiene mayor disponibilidad para ayudar a los demás. El matrimonio, en cambio, sí que es dado para contribuir al mutuo beneficio de la comunidad. 
En todo caso, finalmente, en ninguna de las listas de carismas que transmite el Nuevo Testamento —Rom 12,6-7; 1Cor 12,8-10 o Ef 4,7-11— se cita al celibato como a tal; luego no es ningún don o carisma por mucho que la Iglesia así lo pretenda”.

Asimismo, estadísticas como las elaboradas por el autor citado (sobre los hábitos afectivo-sexuales del clero en activo en España), indican que un “95% de ellos se masturba, un 60% mantiene relaciones sexuales, un 26% soba a menores, un 20% realiza prácticas de carácter homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual y un 7% comete abusos sexuales graves con menores” (P. Rodríguez, obra citada, p. 27).

No obstante las razones expuestas para desarticular las falacias de los jerarcas eclesiásticos,  la cuestión central son las normas jurídicas que imponen el celibato, vayamos a su análisis.

4. Primera cuestión: el abuso de poder. Las normas del Código de Derecho Canónico que imponen el celibato y la continencia sexual.

En primer lugar es necesario definir: por célibe se entiende el no casado, y en el caso de la Iglesia Católica un compromiso de no casarse de quienes acceden al sacerdocio. La castidad implica abstenerse de mantener relaciones sexuales.

La Real Academia Española lo confirma: célibe (Del lat. caelebs, -ĭbis). adj. Dicho de una persona: Que no ha tomado estado de matrimonio.

Casto (Del lat. castĭtas, -ātis). 1. f. Cualidad de casto. 2. f. Virtud de quien se abstiene de todo goce carnal.

En el caso de la Iglesia Católica, el celibato y la continencia sexual están impuestos por una norma jurídica del Código de Derecho Canónico. Es el canon 277 § 1 que dispone: “Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”.

En concordancia con la norma citada, se pueden mencionar otros cánones, a saber:

a) Preparación para el celibato: canon 247 §1; “Por medio de una formación adecuada prepárese a los alumnos a observar el estado de celibato, y aprendan a tenerlo en gran estima como un don peculiar de Dios”.

b) Cuidados para con el celibato: canon 277 §2: “Los clérigos han de tener la debida prudencia en relación con aquellas personas cuyo trato puede poner en peligro su obligación de guardar la continencia o ser causa de escándalo para los fieles”.

“§3 Corresponde al Obispo diocesano establecer normas más concretas sobre esta materia y emitir un juicio en casos particulares sobre el cumplimiento de esta obligación”.

Canon 666: “Debe observarse la necesaria discreción en el uso de los medios de comunicación social, y se evitará lo que pueda ser nocivo para la propia vocación o peligroso para la castidad de una persona consagrada”.

c) El consejo evangélico de la castidad: canon 599: “El consejo evangélico de castidad asumido por el Reino de los cielos, que es signo del mundo futuro y fuente de una fecundidad más abundante en un corazón no dividido, lleva consigo la obligación de observar perfecta continencia en el celibato”. Todas la citas son del Código de Derecho Canónico, Pamplona, EUNSA, 1992, 5ta edición.

Los cánones transcriptos no ofrecen objeciones desde el punto de vista jurídico formal.  Han sido sancionados por la autoridad eclesiástica conforme el procedimiento regular de sanción de normas que se da en la Iglesia Católica, bastante retrógrado por cierto. Recordemos que en esa institución no existe la división de poderes, y que es la última monarquía absoluta que existe en el planeta. Tampoco existe la democracia, ni formal ni funcionalmente por lo que los laicos no pueden participar en la formación y sanción de sus leyes.

La aplicación de las normas mencionadas originan una serie de fenómenos y secuelas dañosas que se pueden agrupar en dos categorías: a) las que dañan a los sacerdotes desde el punto de vista psicológico; b) las que afectan y dañan a terceras personas.

Las secuelas psicológicas fueron magistralmente descriptas y analizadas por Eugen Drewermann, sacerdote y teólogo católico, quien escribió una obra clave que las resalta desde la perspectiva del psicoanálisis (Clérigos, Psicograma de un ideal, Ed. Trotta, Madrid, 2005). Dada la conducta autoritaria que tácita o expresamente impera en la institución,   en el año de publicación del libro, fue suspendido en el ministerio sacerdotal y expulsado de su cátedra universitaria. Todo un ejemplo de pluralismo y respeto a la libertad de enseñanza por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe (sucesora de la famosa Inquisición).

Parte de la siguiente pregunta para realizar su estudio: “¿Cómo una persona, a la edad, más o menos, de veinticinco años, es decir, superada la etapa de la pubertad y de la adolescencia, llega a considerarse como elegido por Dios? ¿Cómo se ve a sí mismo ese sujeto que se considera “elegido” de Dios, es decir, cómo entiende él mismo esa realidad y cómo reacciona ante ella? (p. 49).

Entre las peculiaridades más características de la mentalidad clerical, fogoneada desde la institución, se encuentran: la despersonalización, la inseguridad ontológica y el “existir por la función”. El proceso de despersonalización es clave por cuanto implica que los candidatos  no resuelven su existencia sino por la función que cumplirán. En ese marco se analiza los llamados consejos evangélicos (pobreza, obediencia y castidad), a fin de determinar patologías, hacer diagnósticos y proponer tratamientos. 

 “La obligación de vivir célibe, en cuanto fruto de la propia psicodinámica de la persona, no es señal de un mayor amor, sino de unas limitaciones e inhibiciones del amor mucho más grandes que las que se dan normalmente en la respectiva cultura. De por sí, el celibato no tiene ninguna ventaja ni psicológica ni moral sobre el matrimonio, en todo caso, entraña una serie de complicaciones y de peligros psíquicos que hay que compensar…” (obra citada, p. 642).

“En una palabra, es inhumano enredar a unos chicos o a unas chicas, evidentemente inmaduros,  en una maraña de miedos y complejos de culpabilidad impuestos, mientras se les dice que eso es señal de que Dios los ama y los elige de manera “particular”…” (p. 642). 

El segundo tipo de fenómenos que produce el celibato tiene que ver con los daños que se produce a terceros. Acá aparecen problemas como la pedofilia, la conducta cínica de obispos que aconsejan que si se va detrás de “polleras”, se lo haga con mujeres casadas (cf. P.

Rodríguez, obra citada), la hipocresía en tolerar que existan sacerdotes con mujer e hijos mientras  no  se haga pública esa situación, el ostracismo (que como condena), pesa sobre las mujeres e hijos de curas en ejercicio, y en general la doble vida. Días pasados lo manifestó el sacerdote cordobés Guillermo Mariani: “Una enorme cantidad de curas llevan doble vida” (en  www.clarin.com, 04/05/09).

Remitimos a la monumental obra por cuanto los fenómenos y secuelas de índole psicológicos exceden los alcances de este trabajo.

5. Las normas jurídicas eclesiásticas relativas a los pedidos de secularización de sacerdotes. El procedimiento. Trato vejatorio.

A las normas canónicas mencionadas se les suman las del procedimiento para la dispensa del celibato sacerdotal. Fueron redactadas por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe el 14 de octubre de 1980 bajo el papado de Juan Pablo II.

Las dificultades comienzan con lo terminológico. El sacerdote que decide secularizarse, debe solicitar la “reducción” al estado laical. El mismo término “reducción” da una noción de la consideración e importancia que los laicos tienen en la institución: son tratados como sujetos de segunda categoría, son las ovejas que forman el “rebaño”. A tal punto llega el desprecio y subestimación hacia los laicos que se ha legalizado en el canon 207 § 1: “Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos”.

La misma línea despreciativa hacia los laicos la destaca Herbert Haag (¿Qué iglesia quería Jesús?, Herder, Barcelona, 1998, p. 32 y 33): “Llama particularmente la atención el frecuente uso que los documentos del Concilio (se refiere el Vaticano II), al referirse a los seglares hacen de la palabra “también”: a los laicos ha de abrírseles el camino “para que también ellos participen celosamente en la misión salvadora de la Iglesia”. Jesucristo “desea continuar su testimonio y su servicio también por medio de los laicos” y, en consecuencia, “también los hace partícipes de su oficio sacerdotal”. De igual manera, Cristo cumple su misión profética “también por medio de los laicos” y, “también por mediación de lo fieles laicos” trata de dilatar su reino. Lo que suena como añadido es en realidad una limitación. Primero vienen los sacerdotes y luego “también” los seglares. Si estos, por una parte, tienen el derecho y aun el deber de manifestar su opinión, por otra se les pide “aceptar con prontitud y cristiana obediencia todo lo que los sagrados pastores, como representantes de Cristo, establecen en la Iglesia actuando de maestros y de gobernantes” (remitimos a la obra mencionada para las citas de los documentos conciliares).

El teólogo Antonio Tamayo Acosta considera que la Iglesia se estructura sobre oposiciones que deben ser eliminadas: “Primero, la oposición clérigos-laicos: la existencia de clérigos remite derechamente a la existencia de laicos como subordinados; la existencia de laicos remite a la existencia de clérigos como los que protegen los derechos de los laicos. Y eso es una trampa, porque los clérigos ni conceden los derechos ni los protegen, sino que se apropian de ellos y se los arrebatan a los cristianos y cristianas.

Otra segunda oposición a eliminar de raíz es iglesia docente -iglesia discente. Es una de las que más me indignan, porque parte de la idea de que en la iglesia hay personas que lo saben todo y generalmente coinciden con los que mandan; según esa división, hay una iglesia sabia y otra analfabeta. Y a ésta hay que mantenerla en su ignorancia porque, es la mejor forma de tenerla sometida. El saber da poder, y la ignorancia, impotencia”. (Las grandes líneas de la reforma de la Iglesia, en www.comunidadescristianasdebase-murcia.com).

Basten esos ejemplos para demostrar la consideración y respeto que la institución tiene para con los laicos, la misma que aplicará en el trato con el sacerdote que decida secularizarse. Es el punto de partida de un largo camino de denigración personal.

Los expedientes que se forman en los obispados son secretos. Tampoco se publican estadísticas ofíciales con el número de curas que anualmente deciden irse de la institución.

Extraoficialmente se sabe que en el obispado de Córdoba, por ejemplo, no se elevan los expedientes de secularización de curas a la Santa Sede porque eso “atentaría” contra la carrera del obispo. En el caso de la Arquidiócesis de Mendoza no existen datos ni siquiera para los católicos que lo soliciten.

¿Qué sucede luego de la presentación del pedido de secularización?

“El procedimiento resulta en la práctica lentísimo. El actor no obtiene noticia de la marcha del mismo, hasta hacerle llegar a veces a la conclusión de que es preferible prescindir de esta solución legal para reorientar su vida, que lo será al margen de la Iglesia oficial. Y es que en el fondo de lo que se trata con el procedimiento, solo posible a partir de 1964, es de disuadir al sacerdote de su propósito de secularización…” (Cf. Martínez Blanco Antonio, Sacerdote secularizado y derechos fundamentales, publicado en www.moceop.net). Veamos las normas.

La autoridad competente es el “ordinario del lugar de incardinación” del sacerdote, o el superior mayor “si se trata de un miembro de un instituto clerical de vida consagrada de derecho pontificio” (art. 1). Ante esas autoridades se debe presentar la petición, por escrito y firmada por el interesado.

Los arts. 2 y 3 refieren a cuestiones formales: imposibilidad de instruir la causa por parte del ordinario (art. 2); contenido de la petición, es decir, los datos personales del peticionante y los hechos y justificación de la misma ( art. 3).

El art. 4 se destaca por lo oscuro: “Una vez recibida la petición, determine el ordinario si procede cursarla y, en caso afirmativo, suspenda al peticionario “ad cautelam” del ejercicio de las órdenes sagradas, a no ser que juzgue oportuna la prosecución en el ejercicio del ministerio para proteger la buena fama del sacerdote o para tutelar el bien de la comunidad. De la misma manera, y bien, por sí mismo, bien por medio de un sacerdote apto y probado, especialmente elegido para ello, ocúpese de la instrucción de la causa en la debe figurar un notario que de fe de cuanto se haga”.

El ordinario, el obispo por ejemplo, debe recibir la petición y evaluar si “procede cursarla”.  La norma no aclara: el criterio con que se  evalúa, en qué tiempo, si existen plazos,  qué pasa con las urgencias y necesidades del cura que pide la dispensa.

En segundo lugar, y en caso de que proceda la petición, puede suspender al peticionante “ad cautelam”, es decir, por precaución, o permitir que continúe en el ejercicio de sus funciones, pero en este caso, siempre para proteger la buena fama del sacerdote o el bien de la comunidad. No se entiende por qué un cura que se enamoró y pide retirarse tendría por ese motivo mala fama. Tampoco se aclara cuál es el “mal” que se causa a la comunidad. No hay elementos que permitan precisar si se consulta a los fieles, si se pide la opinión de los laicos. A priori, la suspensión por precaución implica prejuzgamiento. ¿Qué daños cometió el sacerdote para que se lo trate como un paria?

No se justifica la necesidad de que actúe un “sacerdote apto y probado” que puede instruir la causa; no se indica quién lo elige, con qué criterios, y qué garantías tiene el peticionante de que el instructor será idóneo.

Luego del primer filtro, comienza la instrucción de la causa. La frase “instrucción de la causa” alude más bien a un proceso judicial del tipo inquisitorial.

Y el art. 5 convalida lo dicho: “El obispo o el sacerdote instructor, previo juramento de decir la verdad, interrogue al peticionario con preguntas pertinentes y concretas específicamente redactadas; escuche, si es posible, a los superiores del tiempo de formación o solicite sus declaraciones por escrito; examine a otros testigos, bien presentados por el peticionario, bien llamados por él mismo; finalmente recoja los documentos y otras pruebas proporcionados por los peritos, si ello fuere oportuno”.

La norma es oscura respecto a si se pondrá a disposición del sacerdote las preguntas, antes del interrogatorio; si se le dará vista de los informes que sus superiores elaboren respecto a su persona; si podrá presenciar las declaraciones de los testigos (él es parte interesada en la causa que se instruye). De esta norma no surgen garantías para el peticionante.

No se justifica la prueba pericial, es arbitraria. Si un cura tomó la decisión de irse de la institución ¿para qué las pericias? ¿A qué tipo de pericias se alude?

Conforme el art. 6 el interrogatorio deberá contener una serie de pautas. Pero de nuevo se cae en la agresión verbal, en el trato despectivo. El cuestionario debe suministrar las “causas y circunstancias de la defección…”. Se trata al sacerdote de desleal, de “traidor”.  Defección, es un término que proviene del latín defectĭo, -ōnis y significa “Acción de separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que se pertenecía” ¿dónde está la deslealtad? ¿No será al revés, un acto de profunda honestidad?

Terminada la tramitación del expediente – reiteramos, no surgen plazos de las normas, por lo que puede extenderse todo el tiempo que el capricho de las autoridades lo considere -, el mismo se debe elevar a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, junto con “todas las actas por triplicado añadiendo cuantas indicaciones puedan resultar útiles para ponderar las pruebas juntamente con el voto del ordinario sobre la verdad del asunto y sobre la no previsión de escándalo” (art. 7).

El organismo de la curia vaticana “… discutirá la causa y determinará si la petición ha de recomendarse al Romano Pontífice, si hay que completar la instrucción o si debe rechazarse la petición por falta de fundamento” (art. 8).

¿Quiénes discuten la causa? ¿Se le informa al peticionante los nombres de aquellos que  “discutirán” su causa? ¿Hay un miembro preopinante? ¿Qué plazos tienen? ¿En la discusión, interviene el interesado? ¿Existe la posibilidad de apelar la decisión si es negativa? ¿Qué costos tiene todo el procedimiento? ¿Se cobra en pesos o en euros?

Si se otorga, la dispensa se plasma en un rescripto (del lat. rescriptus. m. Decisión del papa o de un soberano para resolver una consulta o responder a una petición). Dado el carácter secreto, nos pareció oportuno citar un rescripto de secularización y dispensa de las cargas sacerdotales, que aparece en la obra de P. Rodríguez mencionada, no obstante ser anterior a las normas procesales vigentes (1974):

“Cádiz y Ceuta.- Sagrada Congregación en defensa de la Doctrina de la Fe (Pro Doctrina Fidei). Prot. N. 2643/73.- Excelentísimo Señor, El Señor J.A.C.B., sacerdote de la Diócesis de Cádiz y Ceuta ha pedido la reducción al estado laical con la dispensa de todas las cargas que emanan de las sagradas Órdenes (y de la Profesión Religiosa), sin exceptuar la carga de guardar la ley del sagrado celibato. El Santísimo Señor Nuestro Pablo, por la Divina Providencia Papa VI, el día 1 de Febrero de 1974, teniendo en cuenta el informe del caso emitido por la Sagrada Congregación Pro Doctrina Fidei, se ha dignado concederla, como una gracia, de acuerdo con las siguientes Normas:

1. El Rescripto concede de forma inseparable la reducción al estado laical y la dispensa de todas las cargas emanentes de las sagradas Órdenes. Nunca podrán separarse ambos elementos, o aceptar uno y rechazar el otro. Si, además, el peticionario es religioso, se le concede también la dispensa de los votos.

En cuanto sea necesario, conlleva también la absolución de las posibles censuras contraídas y la legitimación de la prole. El Rescripto entra en vigor en el momento en que sea dado a conocer al peticionario por el Prelado pertinente.

2. Si el peticionario es sacerdote diocesano, incardinado fuera de su Diócesis, o religioso, el Ordinario del lugar de la incardinación o el Superior religioso mayor notificarán al Ordinario del lugar la dispensa pontificia, y si fuera necesario, le pedirán que haga llegar el texto de este Rescripto al peticionario, junto con la delegación necesaria para que pueda contraer matrimonio canónico. Sin embargo, si las circunstancias así lo aconsejaran, dicho Ordinario recurra a la Sagrada Congregación.

3. En principio el sacerdote reducido al estado laical y dispensado de las cargas unidas al sacerdocio, y a fortiori, el sacerdote unido en matrimonio, ha de ausentarse de los lugares en los que sea conocido su estado sacerdotal. El Ordinario del lugar, puede dispensar de esta cláusula, si no prevé que la presencia del peticionario pueda ser motivo de escándalo.

4. En cuanto a la celebración del matrimonio canónico, cuide el Ordinario que se celebre sin pompa, ni aparato, y delante de un sacerdote (bien probado) de confianza para el obispo, y sin testigos, o si fuera necesario, con dos testigos, cuya acta se conserve en el archivo secreto de la Curia.

Al Ordinario del lugar corresponde determinar el modo de la dispensa. Y si la celebración del matrimonio ha de ser secreta o pueda ser comunicada, con las precauciones necesarias, a los amigos y allegados, con el fin de salvar la buena fama del peticionario y para que pueda gozar de los derechos, económico-sociales, emanados de su nueva condición de seglar y casado.

5. Se ha de anotar en el libro de bautismos de la parroquia, tanto del peticionario como de la cónyuge; pero se ha de consultar al Ordinario cuando se haya de examinar los documentos.

6. El Ordinario, al cual se refiere este Documento ha de hablar con el peticionario, y lo ha de exhortar a que lleve una vida de acuerdo con su nueva condición, contribuyendo a la edificación del Pueblo de Dios, y a que se muestre amantísimo hijo de la Iglesia. Y a su vez le notifique lo que le está prohibido:

a) ejercer cualquier función de las sagradas Órdenes, excepto las que se contemplan en los cánones 882 y 892, par 2 [y que se refieren a la obligación que en conciencia tiene cualquier sacerdote —y el secularizado lo sigue siendo—de administrar la penitencia, en caso de necesidad, a un moribundo];

b) participar en cualquier celebración litúrgica ante el pueblo, que conozca su condición, y que nunca pueda predicar la homilía;

c) actuar de Rector, Director Espiritual, Profesor... en los seminarios, Facultades Teológicas,... y similares Instituciones;

e) Igualmente no puede ejercer como director de una Escuela Católica, ni de profesor de Religión, etc. Sin embargo el Ordinario, bajo su prudente criterio, puede en casos particulares permitir que un sacerdote, reducido al estado laical y dispensado de las cargas inherentes a la sagrada ordenación, pueda enseñar Religión en escuelas públicas, no excluidas las escuelas católicas, siempre que no sea causa de escándalo.

Finalmente el Ordinario imponga al peticionario una obra de piedad o de caridad. Y en el tiempo lo más breve posible envíe a la Sagrada Congregación la notificación de que se ha llevado a cabo lo mandado. Y si lo exigiera la estupefacción de los fieles, denles una prudente explicación.

Sin que pueda obstar nada en contra. S. C. pro Doctrina Fidei, a 1 de Febrero de 1974.
Firma y sello”.

El autor subrayó en su obra y en cursiva aquellos párrafos que denotan claramente la situación de abuso “que subyace bajo este proceso de secularización”.

Las consecuencias son previsibles, aunque claramente vejatorias: a) destierro del cura de todo lugar donde sea conocido su estado sacerdotal; b) si desea contraer matrimonio este tiene que ser de manera secreta, sin festejos; c) mantenimiento del secreto de la dispensa y el matrimonio del secularizado (aunque el obispo puede autorizar que se comunique a parientes y amigos); d) prohibición de ejercer la docencia en facultades, institutos, escuelas.

Según Martínez Blanco, “parece partirse de la presunción generalizada de que todo sacerdote secularizado es sospechoso de herejía y puede infeccionar los ambientes que toque”. (Obra citada).

Queda claro, entonces, el trato abusivo y vejatorio que se tiene para con el sacerdote que pide la dispensa por no poder cumplir con el celibato. También quedó claro que las garantías del debido proceso legal no se respetan, más aún, se violan.

En el IX Congreso de Teología sobre Iglesia y derechos humanos, el Movimiento por el celibato opcional (Moceop) sostuvo: “en caso de decidir la salida legal, el procedimiento para obtener la secularización - el permiso – puede ser analizado como ejemplo difícilmente superable de aplastamiento personal, presunción de culpabilidad, interrogatorio humillante, mentiras sutilmente aconsejadas, juicio encubierto con culpable sumiso y resignado a lo que sea para obtener los papeles” (también citado por Martínez Blanco).

El integrismo imperante en la actualidad del catolicismo (que pretende disimular el trato vejatorio y las consecuencias indignas hacia el sacerdote separado de la institución), sostiene que todo sacerdote secularizado sigue siendo verdadero sacerdote, pudiendo administrar los sacramentos que no exijan jurisdicción especial, ejemplo, bautismo. Pero siempre en privado; no lo aconsejan en público por “prudencia” y para no producir escándalo. Un absurdo total.
Con ese tipo de argumentos (y otros por el estilo), no se hace otra cosa que confirmar el desprecio, humillación y falta de caridad hacia los sacerdotes “reducidos” al estado laical.
Finalmente, y no satisfechos con el trato humillante el  canon 1394 §1 dispone: “Quedando en pie lo que prescribe el can. 194, §1, 3º, el clérigo que atenta matrimonio, aunque sea sólo civilmente, incurre en suspensión latae sententiae; y si, después de haber sido amonestado, no cambia su conducta y continúa dando escándalo, puede ser castigado gradualmente con privaciones o también con la expulsión del estado clerical”.

Como se habrá observado, se consagra como un  “delito” el hecho de que un sacerdote contraiga  matrimonio. Una aberración jurídica.

6. Las “nuevas” facultades otorgadas por el Papa a la Congregación el Clero.

Las nuevas facultades surgen de una Carta que la Congregación para el Clero envió a los nuncios apostólicos para que la dieran a conocer a los obispos diocesanos. El tema de la carta son algunas “nuevas” facultades concedidas por el Papa a esa congregación el pasado 30 de enero.

Estas nuevas disposiciones tratan de solucionar sobre todo un hecho muy común:  el de cura que viven con una mujer, habiendo abandonado el ministerio sacerdotal por más de cinco años sin haber pedido “reducción” y dispensa, o que se hayan visto involucrados en escándalos por esa causa.

La solución pasa por acortar el trámite. Son los obispos quienes tendrán facultades para iniciar el proceso para reducir al estado laical a un sacerdote que abandonó su ministerio, lo que implica una evidencia que avala la línea que trazamos en este trabajo: el trato vejatorio y humillante que la institución depara a los sacerdotes que deciden irse a través de normas abusivas y violatorias de derechos fundamentales.

No obstante, las críticas que han recibido las normas comentadas se centran en las siguientes razones:

a) Se mantiene el tono despreciativo “reducción” al estado laical.

b) Se contempla la posibilidad de aplicar la dispensa como un castigo: “in penam’, con la  dispensa de las obligaciones que derivan de la ordenación sacerdotal, de los clérigos que hayan intentado casarse en el ámbito civil y que habiendo sido amonestados no rectifiquen y continúen con esa conducta de vida irregular y escandalosa.

c) “De paso, se “sugiere”, que todos los que se retiraron lo han hecho por razones que en realidad merecían ser “castigados”.

d) En vez, de leer la obligatoriedad del celibato como un abuso insostenible teológica, canónica, histórica, ni pastoralmente, lo hacen desde su bunquer, frío abstracto e insensible, interpretándolo como un carisma inevitablemente unido al sacramento del Orden”.
e) Se endurece el mensaje: “el celo por la disciplina del celibato obligatorio, que no garantiza suficientemente, la imagen de casta pura y angelical, que necesita la estructura del poder (no la del servicio) sagrado” (cf. Mabel y Arnaldo Gutiérrez, “Algunas opiniones sobre las nuevas disposiciones vaticanas sobre el celibato, en www.redescristianas.net).

Se preguntan los autores citados: ¿Es mucho pedir al Vaticano que al menos escuche los legítimos reclamos de voces responsables y autorizadas? ¿Es propio del pastor que ante legítimos argumentos de sus ovejas siga diciendo terca, y unilateralmente, “caso cerrado”?  ¿Tan seguros están los pastores supremos de no estar equivocados, una vez más, cuando la historia demuestra todo lo contrario?

7. ¿Por qué la Iglesia Católica puede aplicar aquellas normas en nuestro país?

Puede hacerlo porque en nuestro país rige el Concordato firmado con la Santa Sede en 1966, durante la dictadura del militar Onganía, católico confeso quien consagró el país a la virgen.

El art. 1 del mencionado Concordato dice: “El Estado Argentino reconoce y garantiza a la Iglesia Católica Apostólica Romana el libre y pleno ejercicio de su poder espiritual, el libre y público ejercicio de su culto, así como la de su jurisdicción en el ámbito de su competencia, para la realización de sus fines específicos”.

A esta disposición se sumó el criterio de la Jurisprudencia que dejó entrever en dos casos - “Lastra Juan c/ Obispado de Venado Tuerto” y “Rybar Antonio c/ García Rómulo y/u Obispado de Mar del Plata” – que existirían materias propias del Derecho Canónico que quedarían fuera de la jurisdicción del Estado Argentino,  siempre y cuando “… no suscite cuestiones que interesen al orden público nacional o que lesionen principios consagrados en la Constitución Nacional…”. E.D. 15/09/92.

En su comentario al fallo Rybar, Bidart Campos decía:

“No hay que vislumbrar en esta exención total de jurisdicción estatal una especie de curioso islote enquistado dentro de la comunidad política, como si los clérigos, los religiosos, los superiores eclesiásticos, o los ordinarios del lugar pudieran vivir al margen del orden jurídico estatal. No son extraterrestres con inmunidad privilegiada en materias y cuestiones del orden temporal”  (El Derecho, Tomo 135).

Nunca mejor descripta la situación que impera en la realidad, aunque esa no fuera la intención del ilustre jurista.  Y nunca mejor explotada esa situación jurídica por la Iglesia, ya que bajo ese manto se esconden actos violatorios de derechos humanos básicos que muy pocos investigan.

Una cuestión central a dilucidar en el art. 1, es la frase “para la realización de sus fines específicos”. Esa frase es la garantía máxima para que las autoridades de la Iglesia cometan los más oscuros actos jurídicos como administrativos y los mismos queden impunes, ya que con la excusa de que se persiguen “fines específicos”, se corre el riesgo de cometer actos ilegales. Algunos ejemplos: la censura hacia teólogos y sacerdotes que se animaron a pensar e investigar de manera autónoma y expresarse libremente (el teólogo santiagueño Ariel Álvarez Valdez, el sacerdote Guillermo Mariani en Córdoba); el acto bochornoso cometido en la Arquidiócesis de Mendoza donde  se gestionó un título honorífico para un cura pedófilo, acto impune por cuanto nunca se pidió la nulidad del mismo, ni el retiro del título, ni la sanción del clérigo. Ni hablemos de las aberraciones jurídicas que se cometen en los tribunales eclesiásticos, cuyos titulares carecen de experiencia y formación forense.

El Concordato con la Santa Sede es bastante cuestionable por dos razones:

a) La primera, es que el Congreso de la Nación no ha tenido oportunidad de aprobar o desechar el mismo, que según el Decreto 220/05, ha sido “ratificado por ley Nº 17.032, conforme el Boletín Oficial del 22 de Diciembre de 1966, fue “sancionada” por el dictador Onganía, “En uso de las atribuciones conferidas por el Artículo 5 del Estatuto de la Revolución Argentina”, en tiempos que no regían las instituciones reconocidas por la Constitución Nacional, porque ésta última tampoco tenía vigencia. Por ello, el Acuerdo entre la Santa Sede y la República Argentina sobre la situación jurídica de la Iglesia Católica Apostólica Romana en la República Argentina, suscripto en Buenos Aires, el 10 de octubre de 1966, no tendría vigencia en nuestro ordenamiento jurídico, hasta tanto no sea aprobado o desechado por el Congreso Nacional, conforme el procedimiento constitucional ordenado por el inc. 22 del Art. 75 de nuestra ley fundamental (en concordancia con el proyecto de la senadora nacional Bortolozzi).

b) El Concordato, no tiene la misma jerarquía que los Tratados sobre Derechos Humanos mencionados en el art. 75 inc. 22 sino inferior, por lo que dentro del orden jerárquico no está por encima de la Constitución Nacional, de manera que es otra evidencia de que la Iglesia Católica debería ajustar su funcionamiento y normas jurídicas, a las declaraciones, derechos, garantías y principios constitucionales.

8. Segunda cuestión: el principio de razonabilidad de las leyes y su aplicación en las normas jurídicas canónicas.

La Iglesia Católica es una persona jurídica pública no estatal conforme el art. 33 del Código Civil. Sus normas jurídicas deben guardar concordancia con las disposiciones de la Constitución Nacional, conforme el principio de supremacía constitucional consagrado en el art. 31 que dispone: “Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la Nación…”.

Asimismo, no tiene competencia para reglamentar derechos individuales, ni civiles ya que esa facultad le corresponde al Estado.

En nuestro ordenamiento jurídico las normas jurídicas deben respetar dos principios: el de legalidad (art. 19 segundo párrafo de la C.N.), y el de razonabilidad (art. 28 de la Carta Magna).
El principio de legalidad implica formalidad, ya que exige que la norma tenga “forma” de ley para mandar o prohibir. Pero con eso no alcanza. Bidart Campos lo dice con un interrogante “¿basta que la ley mande o prohíba, para que sin más lo mandado o lo impedido sea constitucional?” (Manual de la Constitución Reformada, Tomo I, Ediar, Bs. As., 2005). Su respuesta es contundente: “de ninguna manera”.

Aquí, entonces, entra a tallar el principio de razonabilidad de la ley. Dice el jurista: “no basta la formalidad de la ley: es menester que el contenido de esa ley responda a ciertas pautas de valor suficientes. Por eso es menester dar contenido material de justicia al principio formal de legalidad. Para ello, acudimos al valor justicia, que constitucionalmente se traduce en la regla o el principio de razonabilidad”.

Dicho principio está regulado en el artículo 28 de la C.N. y dice: “Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”.

“El principio de razonabilidad tiene como finalidad preservar el valor justicia en el contenido de todo acto de poder e, incluso, de los particulares”. (Bidart Campos, obra citada).
La “alteración” a la que alude el artículo mencionado implica arbitrariedad e injusticia, características de las normas canónicas que imponen el celibato y continencia sexual, y que se han analizado precedentemente.

La simple comparación entre el principio de razonabilidad y las normas canónicas mencionadas demuestran nuestra tesis. El contenido de las normas canónicas analizadas es arbitrario y violatorio de derechos fundamentales. 

9. Derechos fundamentales de los sacerdotes violados por el Código de Derecho Canónico.

Entramos en territorio de la Constitución Nacional, de la ley suprema respecto a la cual todo el ordenamiento jurídico del país se subordina (art. 31, principio de supremacía), incluso el ordenamiento canónico, no obstante la existencia del Concordato mencionado.

Al tener un contenido arbitrario, los cánones y normas analizadas violan los siguientes derechos fundamentales de los sacerdotes:

a) El principio de intimidad regulado en el art. 19, 1º párrafo de la Constitución, que tiene diversas proyecciones en la vida de las personas (entre ellas elegir el proyecto de vida, donar órganos, a ser “diferente”, conforme la expresión del jurista citado).

b) El derecho a la igualdad, consagrado en el art. 16 que también tiene diversas proyecciones.

c) El derecho a casarse contenido en el art. 20 de la C.N.

d) La objeción de conciencia, otra proyección de la intimidad de las personas.

e) Derecho a la dignidad personal, para algunos un derecho, para otros un principio, está dentro de los derechos implícitos (art. 33 C.N.) y en el art. 1 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que tiene jerarquía constitucional, es decir, superior al Concordato con la Santa Sede.

Los sacerdotes católicos son titulares de aquellos derechos. La renuncia temporal a  su ejercicio (en el caso del derecho a casarse), no significa que personas físicas y/o jurídicas  tengan la  facultad de despojárselos, de quitárselos. La Iglesia Católica no tiene competencia para ello.

10. ¿Podrían los sacerdotes ejercer la objeción de conciencia ante el deber del celibato?

La respuesta es afirmativa. En nuestro país, los sacerdotes no han perdido su status de ciudadanos, titulares de derechos y obligaciones. No hay una incapacidad de derecho para ellos en la materia que comentamos. Las incapacidades, tanto de derecho como de hecho, son exclusivamente reguladas por la ley civil, por lo que nadie le puede negar el derecho de objetar en conciencia el deber impuesto por una norma interna de la Iglesia Católica.

Dentro de los casos de incapacidades enumeradas en el art. 55 del C. Civil, no se encuentran los sacerdotes. Tampoco están enumerados en el art. 166 del Código Civil que regula los  impedimentos para contraer matrimonio.

11. Síntesis conclusiva

1. Los argumentos eclesiásticos que justifican el celibato y continencia sexual son falaces. No tienen sustento lógico, ni bíblico, ni histórico ni psicológico.

2. Las normas jurídicas canónicas que imponen el celibato y la continencia son claramente inconstitucionales, contrarias a tratados internacionales y violatorias de derechos humanos fundamentales.

3. Son contrarias al principio de razonabilidad de las normas jurídicas y por lo tanto devienen arbitrarias.

4. Las normas que regulan la salida de los sacerdotes de la institución son claramente vejatorias, violan la dignidad de las personas y constituyen un caso más de abuso de poder eclesiástico.

5. El procedimiento al que se somete al sacerdote que pide dispensa, viola las garantías del debido proceso legal.

6. La institución no tiene derecho ni competencia para inmiscuirse en la vida privada e íntima de los sacerdotes.

7. Tampoco tiene competencia para reglamentar ni limitar derechos fundamentales.

8. Las normas jurídicas eclesiásticas deben adecuarse al ordenamiento jurídico de nuestro país, que tiene a la Constitución Nacional como ley suprema.

9. Los sacerdotes, como ciudadanos argentinos con plena capacidad jurídica, tienen la facultad de objetar en conciencia el deber impuesto.

10. El celibato y continencia sexual deberían ser legislados canónicamente como una opción para quienes deseen elegir ese estado de vida.

 

SIDA Y SEXO EN LA IGLESIA CATÓLICA

La tasa de SIDA entre los curas católicos de EE UU 

es 4 veces mayor que la media

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ESTADOS_UNIDOS/tasa/sida/curas/catolicos/EE/UU/veces/mayor/media/elpepisoc/20000201elpepisoc_3/Tes/

 

ROSA TOWNSEND - Miami - 01/02/2000

 

 

Cientos de sacerdotes católicos de Estados Unidos han muerto de sida o están infectados con el virus HIV, que produce la enfermedad, según una investigación publicada por el periódico The Kansas City Star.

 

Decenas de sacerdotes y expertos consultados por el rotativo a lo largo de año y medio coinciden en señalar la homosexualidad, considerada pecado por la Iglesia católica, como la principal causa de la enfermedad que afecta a los miembros del clero en una proporción cuatro veces superior a la del resto de la población estadounidense.

 

Ni los cardenales de EE UU ni el Vaticano han querido hacer declaraciones al respecto, pero otros miembros de la Iglesia católica norteamericana han calificado la situación como "el gran fallo de la Iglesia". El obispo auxiliar de Detroit, Thomas Gumbleton, manifestó: "Los sacerdotes homosexuales y heterosexuales no han sabido cómo gestionar su sexualidad, su deseo sexual, y lo han hecho de una forma poco sana".

 

Padecer en secreto

 

Las muertes por sida entre los sacerdotes católicos norteamericanos han sido un tabú que ha forzado a muchos a guardar su padecimiento en secreto y, en algunos casos, a morir en soledad. Según los archivos revisados, la mayoría de los certificados de defunción mencionan neumonía y otras enfermedades relacionadas con el SIDA, pero nunca se refieren a la enfermedad en concreto. En otros casos, los certificados se han falsificado.

 

Una cuarta parte de los 3.000 sacerdotes que respondieron a la encuesta confidencial del periódico estadounidense se ha quejado de la falta de educación sexual en los seminarios y del manto de silencio con el que tradicionalmente la Iglesia ha cubierto la ruptura del celibato. Al mismo tiempo alabaron la compasión con la que la Iglesia trata a los sacerdotes que padecen SIDA.

 

Cerca del 60% de los encuestados anónimamente afirmó conocer personalmente "al menos a un sacerdote" que ha muerto por SIDA, y un 35% conoce a varios sacerdotes que viven con la enfermedad o son portadores del virus. En EE UU hay 60 millones de personas que profesan la religión católica y 46.000 sacerdotes.

 

No hay cifras exactas sobre los sacerdotes muertos a causa del SIDA ni de los que están infectados, pero las fuentes citadas por la investigación periodística sitúan el número entre 200 y 750 desde mediados de los años ochenta. El médico jesuita John Fuller, del Boston Medical Center, cree que hay "varios centenares".

 

 

La Iglesia Oculta Pedofilia, SIDA y algo mÁS:

 

http://cleveland.indymedia.org/news/2009/05/38817.php

http://www.20desetiembre.org/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=82

 

Lunes, 30 de octubre de 2006

 

Carlos Machado

Buenos Aires - Argentina

info@PeriodicoTribuna.com.ar

Asociación Civil 20 de Setiembre

www.20desetiembre.org

Hace más de una década que se ha vuelto muy notoria la crisis de ética y credibilidad por la que atraviesan amplios sectores de la Iglesia Católica. Sin embargo, uno de los problemas que alimenta esa crisis data en realidad de siglos: la violación de los votos de castidad, el abuso sexual y la pedofilia, tres estigmas muy alejados de los sufridos por Jesucristo pero que están firmemente grabados en muchísimos de sus representantes en la Tierra, y que cuentan con una lamentable complicidad: el encubrimiento del Vaticano.

Las monjas también atraen

Hay muchos sacerdotes abusadores que no desprecian, por supuesto, echarle mano a un cuerpo femenino. Pasando por todas las épocas y desde el “tigre del siglo XVII”, Gaspar de Villarias, hasta hoy, abundan los casos de curas que no se resisten a la debilidad de la carne cuando aparece alguna colaboradora por la sacristía o cuando comparten tareas evangelizadoras con monjas. Y son abundantes estos últimos casos, a punto tal que ya existen varias organizaciones conformadas por religiosas para defender sus derechos, hartas de verse trabajando como esclavas al servicio de los curas y también, lo más grave, como “carne sacerdotal”.

En marzo de 2001 tomaron estado público denuncias hechas a muy alto nivel sobre el abuso generalizado de monjas en África por parte de sacerdotes y el encubrimiento del Vaticano. La realidad y magnitud del problema fue descripto en un reporte por sor María McDonald, madre superiora de Las Misioneras de Nuestra Señora de África. Su informe, titulado “El problema del abuso sexual a religiosas en África y Roma”, fue minimizado por las jerarquías del Vaticano. El padre Noktes Wolf, abad primate de los monjes benedictinos ha afirmado, sin embargo, que el abuso continuo de monjas africanas es una realidad y no un asunto de casos aislados. Entonces surge la pregunta: ¿por qué los abusos precisamente contra monjas y religiosas? Sencillamente por esto: en África, las monjas se han convertido en un grupo especialmente vulnerable porque el voto de castidad las hace candidatas menos probables para ser portadoras del virus del SIDA. Por lo tanto son consideradas “compañeras sexuales seguras” por muchos clérigos.

La extensión y falta de respuesta de este fenómeno ha provocado protestas formales de parte de monjas a muy alto nivel. Por ejemplo, la Conferencia de Estudio de las Hermanas de África Oriental (SEASC sus siglas en ingles) denunció formalmente estos abusos, a través de sus delegadas, ante la Conferencia de Obispos de África Central y Oriental, luego de su reunión en Kampala, Uganda, en agosto de 1995. La SEASC tiene la representación de 15 mil monjas de ocho países africanos y cuenta con una fuerza considerable. En su queja formal decían: “Consideramos esto un asunto de justicia, el cual creemos que ya no puede ser ignorado”.

Por su parte las monjas mexicanas, hartas de los constantes atropellos que van desde ser utilizadas como simples sirvientas hasta sufrir violaciones sexuales de sus superiores religiosos, comenzaron también a integrarse en un gran movimiento internacional de protesta. A través de organizaciones mundiales como la Federación Internacional de Monjas o la Coalición de Monjas Americanas, las religiosas ya organizan sus propios “sínodos” y encuentros internacionales para bombardear con sus demandas al Vaticano, pero ya van mucho más allá de exigir un alto a los abusos sexuales. Están pidiendo además que se cree un “ombudsman religioso”, el celibato opcional, ejercer sus preferencias lésbicas y ser sacerdotisas y obispas. Cuestiones que al Papa y al cuerpo cardenalicio los vuelven más rojos que el color de sus capelos, y no de rubor sino de ira.

Esta rebelión de las monjas, que en los últimos cuatro años va provocando choques cada vez más frecuentes con el Vaticano, coincidió por ejemplo en 2003 con la exhibición, en México, de la película “En el nombre de Dios”, donde se revelan los maltratos, los abusos, incluyendo los sexuales, y las vejaciones que miles de mujeres –huérfanas, madres solteras y jóvenes violadas- sufrieron en la congregación católica Hermanas de la Magdalena, en Irlanda, durante la década de 1970 y hasta mediados de la de 1980.

Si bien no es habitual encontrar este tipo de información en muchos medios de prensa, ya sea por la censura vaticana, la gubernamental o por tratarse de medios muy vinculados de una manera u otra a la Iglesia, puede apreciarse que en México y otras partes del mundo, también las monjas ya están luchando contra el complot de silencio que pretende cubrir, como una sombra, los abusos de que son objeto.

El SIDA en la Iglesia

Otra realidad incuestionable sobre la cual la jerarquía católica ejerce, empecinadamente, la censura o el ocultamiento –intentando preservar a la fuerza una imagen que ya se le escapó de las manos hace tiempo- es la existencia del SIDA entre sus miembros. Ya en enero de 2000 el diario estadounidense “The Kansas City Star” había hecho una investigación que revelo que “cientos de sacerdotes católicos mueren de SIDA en Estados Unidos y cientos más viven con el virus que causa la enfermedad”, señalando que “la Iglesia y las órdenes religiosas necesitan reconocer que existe un problema, que los sacerdotes practican el sexo y que son susceptibles a las enfermedades de transmisión sexual, incluso el SIDA”.

Según ese diario, “la cifra de curas que han muerto por SIDA es difícil de determinar, pero al parecer la enfermedad provoca al menos cuatro veces mas muertes entre sacerdotes que entre la población general de Estados Unidos, de acuerdo a testimonios médicos y a análisis de salud, mientras cientos más viven con el virus de inmuno deficiencia adquirida (VIH)”. Indica además que el hecho de que el número exacto de sacerdotes muertos por SIDA o infectados sea desconocido, se debe en parte a que muchos de ellos sufren su padecimiento en forma solitaria, sin revelarlo a nadie, y que cuando deciden comunicárselo a sus superiores, los casos se manejan generalmente de manera callada. Cita el caso de Farley Cleghorn, un epidemiólogo del Instituto de Virología Humana de la ciudad de Baltimore, quien declaró al diario que trató a unos veinte sacerdotes con SIDA, los cuales mantuvieron su enfermedad en secreto.

Esta cuestión fue tratada, sin sensacionalismo alguno, en una película británica que las autoridades eclesiásticas intentaron censurar o boicotear hace pocos años (como lo intentaron a mediados de este año con “El Código Da Vinci”). Se trata de “Dios te salve” (“Conspiracy of Silence” su titulo original), filme que aborda el tema del celibato y denuncia el silencio de la Iglesia en torno a la epidemia de SIDA dentro mismo de la institución. La historia, cuyo guión fue premiado por la International Screenwriting Awards, está ubicada en la católica Irlanda actual, y comienza con la conmoción causada por un cura que se atreve a denunciar, en medio de un concilio del Vaticano, que en la Iglesia hay religiosos muriendo de SIDA, por lo que es severamente sancionado y enviado fuera del país. La imagen más impactante de la película es aquella que muestra las palmas de las manos del religioso con la leyenda pintada “La Iglesia muere de SIDA”, pegadas desesperadamente al cristal de la limusina que lo lleva forzadamente al aeropuerto. El caso es que las muertes de sacerdotes por SIDA han sembrado tanta preocupación en la Iglesia, que la mayor parte de las diócesis y órdenes religiosas están requiriendo actualmente a los aspirantes al sacerdocio que se sometan a un examen de VIH antes de su ordenación. Siempre bajo la más absoluta discreción, obviamente. Al menos el obispo Raymond Boland, titular de la diócesis de Kansas City, reconoció sin tapujos que las muertes por SIDA muestran que “los sacerdotes son humanos”.

 

REPORTAJE

El sexo pierde al Vaticano

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/sexo/pierde/Vaticano/elpepisoc/20090531elpepisoc_1/Tes

 

Las violaciones y sevicias descubiertas en Irlanda se han producido en otros muchos países - La jerarquía católica practica una política de secretismo y ocultación

 

JUAN G. BEDOYA 31/05/2009

 

"Si no podemos ser castos, al menos seamos cautos". Esta ironía, que el pensador George Bernanos pone en boca de su simpático cura rural, define el espíritu con que la Iglesia romana se enfrenta a los comportamientos sexuales de sus clérigos. Lo malo es cuando la hipocresía o el ocultamiento alcanzan a actividades delictivas, como la pederastia y otros abusos de poder. Es esa política de secretismo, avalada por el Vaticano, la que ahora tiene sumida a la jerarquía católica en un escándalo de colosales proporciones. Afecta a la muy católica Irlanda. Los hechos son devastadores, con testimonios de 1.000 alumnos en 216 escuelas, reformatorios u orfanatos, y relatos estremecedores de violaciones, abusos y sevicias a niños y niñas, habitualmente de hogares humildes.

 

La jerarquía exhibe una pertinaz voluntad de proteger a los abusadores

Algunos clérigos se creen superhombres y por encima de la ley

 

Lo sucedido en Irlanda se ha producido en otros muchos países. En España hay numerosas denuncias, con media docena de condenas judiciales contra sacerdotes pederastas. Pero es difícil conocer la magnitud del problema, dada la tendencia de la jerarquía a ignorar, e incluso tapar, los escándalos. Las instrucciones del Vaticano son sintomáticas. Ante cualquier denuncia, hay que asegurar la reserva total, dice una instrucción de 1962.

 

Cuando Dante Alighieri describió en la Divina Comedia el sufrimiento, en lo más hondo del Infierno, de numerosos sodomitas, se detuvo sobre todo en un grupo de sacerdotes libertinos. También encuentra allí a un obispo de Florencia. El poeta se cansa pronto de ajustar cuentas "ante pecado tan notorio". "Saber de alguno es bueno / de los demás será mejor que calle / que a tantos como son el tiempo es corto", se disculpa (Canto XV).

 

Por entonces, se castigaba severamente a los eclesiásticos de vida depravada. Un decreto papal de 1568, titulado Horrendum, ordenó que "los sacerdotes que abusen serán privados de todos los oficios y beneficios, y entregados a los tribunales seculares para su castigo". Se ha incumplido con escandalosa frecuencia.

 

El caso más notorio es la protección de Juan Pablo II al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Durante décadas, Maciel y algunos de sus lugartenientes sometieron a abominables abusos a cientos de muchachos, especialmente en el seminario de Ontaneda (Cantabria). Sólo tras la muerte del Papa polaco, en 2005, el famoso pederasta fue apeado de su enorme poder, con la orden tajante de alejarse de Roma. Se recluyó en México. Fue su único castigo en vida. Falleció ahora hace un año.

 

El primer escándalo por ese comportamiento encubridor se produjo en Italia en una de las escuelas pías del aragonés José de Calasanz. Fundador de la Orden de Clérigos Regulares Pobres, conocidos ahora como escolapios, Calasanz reprimió la divulgación del abuso sexual de niños por sus sacerdotes. Pagó por ello. Uno de los pedófilos, el padre Stefano Cherubini, tuvo tanto éxito en el encubrimiento de sus delitos que incluso llegó a ser superior de la orden, arrinconando al fundador. La orden fue clausurada por Inocencio X. Calasanz murió a los 91 años en Roma, todavía en desgracia. Ocho años después, Alejandro VII lo rehabilitó. Fue hecho santo en 1767.

 

El sexo fue un asunto desprovisto de importancia para los primeros cristianos y es prácticamente ignorado por san Pablo (el temperamental apóstol llegó a decir que "es mejor casarse que abrasarse"). Pero pronto se impuso la idea de que el celibato era superior, el matrimonio inferior, y el sexo, en consecuencia, un acto perverso. Fue el obispo Ambrosio de Milán (373-397) quien desbrozó el camino. Hombre "imponente", según san Agustín (por su sabiduría y porque "leía sin hablar", un hábito desconocido en el mundo clásico), Ambrosio impuso el criterio de que la vida conyugal era incompatible con una carrera en la Iglesia. "Incluso un buen matrimonio es la esclavitud", dijo. De ahí al celibato obligatorio de los eclesiásticos quedaba un paso, entre agrias disputas.

 

La pertinaz decisión de ocultar o proteger las desviaciones sexuales de los clérigos disolutos, incluso cuando son delictivas, tiene que ver con el concepto heroico que los eclesiásticos tienen de sí mismos. "La Iglesia es una preciosa élite de superhombres porque el espíritu actúa en ellos. Hay que defenderla de la contaminación, venga de donde venga", predica Tertuliano.

 

Julio Pérez Pinillos, ex presidente de la Federación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados (FISCC), cree que el escándalo de los abusos sexuales por sacerdotes "remite a la inconveniencia de mantener esa ley eclesiástica medieval y no evangélica". "El celibato obligatorio favorece relaciones clandestinas, y da pie a abusos que sufren sobre todo los menores, las mujeres y la descendencia cuando se da. Qué buen servicio haría a la claridad evangélica y al merecido buen nombre de muchos sacerdotes y religiosos y religiosas entregados a las comunidades cristianas la revisión de esa ley del celibato, formulada a mediados del siglo XII".

 

Emilia Robles Bohórquez, de la organización Proconcil, subraya, por su parte, que "no es toda la Iglesia quien delinque", pero que compete a toda la Iglesia, "con valor, transparencia y energía, afrontar el hecho". Añade: "Dada la gravedad de las situaciones, hay que revisar la manera de afrontar la sexualidad, pero antes urge limpiar y desinfectar los sótanos de algunas instituciones que, lejos de lo que dicen ser, son, con demasiada frecuencia, nidos de bichos". Robles cree que en ese empeño de limpieza, la jerarquía necesita "colaborar con las instituciones civiles y alejarse de complicidades y victimismos".

 

Pese a que fue entre los esclavos, los humildes y las mujeres entre quienes primero se propagó el cristianismo, la agresiva tradición antifeminista avanza pronto en la nueva organización eclesiástica. Es ese desprecio a la mujer, incluso el aborrecimiento, por donde se ha colado el afán de dominación y todo tipo de abusos, sobre todo sexuales. No es posible comprender esos comportamientos prepotentes sin escuchar a los padres de la Iglesia proclamando la abyección de la mujer y el sexo. Así se explica, también, que las principales víctimas, por millares, de la Santa Inquisición fuesen mujeres, arrastradas a la hoguera por brujas o portadoras de pecado.

 

Había dicho, por ejemplo, san Juan Damasceno: "La mujer es una burra tozuda, un gusano terrible en el corazón del hombre, hija de la mentira, centinela del infierno". Y santo Tomás de Aquino: "La mujer es un hombre malogrado. Un ser ocasional: sólo el hombre ha sido creado a imagen de Dios". O Alberto Magno: "La mujer es un hombre ilegítimo y tiene la naturaleza incorrecta y defectuosa". Incluso el gran Agustín, obispo de Hipona, sostuvo que "el marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer", y que "nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer". ¿Hablaba por experiencia? Padre de un chico al que llamó Deodato (dado por Dios), repudió a la madre sin contemplaciones para hacer carrera eclesiástica.

 

Otro cantar es la homosexualidad entre el clero cuando se convierte en signo de poder o antesala de abusos pedófilos. Sostiene Ramón Teja, presidente de la Sociedad de Ciencias de las Religiones y catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria: "Era lugar común en la literatura ascética de la antigüedad que la decadencia del monacato se produjo por la presencia de jóvenes en los cenobios. Lo advertían los padres del desierto con dichos como éstos: ’Un diablo fue a golpear a la puerta de un cenobio y vino un joven a abrirle. El demonio, al verle, dijo: Si estás tú aquí no hay necesidad de mí’. Para los monjes, los jóvenes, más que las mujeres, son un lazo del diablo". Otro dicho de época: "Donde hay vino y jóvenes no se necesita a Satanás".

 

Teja ve en los casos de abuso un hilo conductor común: la idea de que el sexo no cuadra bien con lo sagrado. "No he encontrado textos que reflejen mayor tolerancia hacia la fornicación homosexual que hacia la heterosexual, pero es reveladora esta sentencia que parece reflejar una cierta graduación de pecados: ’El monje no debe cultivar la amistad con un joven, ni el trato con una mujer, ni tener amistad con un hereje".

 

Las cosas no han mejorado en la actualidad. Todavía en 2001 el teólogo redentorista Marciano Vidal fue castigado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición) por considerar la sexualidad humana como "un lujo de la naturaleza" (la persona, un ser sexuado, un modo de percibir al otro, etcétera), y por entender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. La severa notificación inquisitorial contra el gran moralista español lleva la firma del cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

 

El libro de Marciano Vidal Moral de actitudes es una referencia imprescindible para comprender las agitadas relaciones del cristianismo con el sexo y la mujer. Vidal recuerda en Moral del amor y de la sexualidad que "castidad" procede de "castigo" ("que la razón impone a la concupiscencia domándole como a un niño", escribe santo Tomás de Aquino).

 

Marciano Vidal, por cierto, subraya la indulgencia con que el buen san Alfonso contempla un escote (ubera) de mujer. "Pectus non est pars vehementer provocans ad lasciviam"("El pecho no es parte que provoque vehementemente la lascivia"), escribe el fundador de los redentoristas. Hay una simpática anécdota del papa Juan XXIII ante la exuberante Sofía Loren. Cuando era nuncio en París, el carismático Papa del Concilio Vaticano II se encontró en un acto oficial con la actriz italiana, que lucía generoso escote."¡Benedetto, quel Calvario!", suspiró con sonrisa desarmante, para regocijo de los presentes. Fue beatificado por Juan Pablo II en el año 2000.

 

El argumento libidinoso se sostiene muchas veces para expulsar del sacerdocio a la mujer. Se lo recuerda Umberto Eco al cardenal Carlo Maria Martini en el diálogo publicado con el título ¿En qué creen los que no creen? Eco dice al cardenal que Tomás de Aquino usa el argumento propter libidinem (a causa de la lujuria) porque si el sacerdote fuese mujer, los fieles (varones) se excitarían al verla. Rebate Eco: "Dado que los fieles son también mujeres, ¿qué ocurre entonces con las muchachitas que podrían excitarse ante un cura guapo?". El autor de El nombre de la rosa recuerda al prelado las páginas de Stendhal en La Cartuja de Parma sobre los fenómenos de incontinencia pasional suscitados por los sermones de Fabrizio del Dongo

 

 

ANÁLISIS: Análisis

Celibato, sexualidad y amor

 

Juan Masiá 31/05/2009

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Celibato/sexualidad/amor/elpepisoc/20090531elpepisoc_2/Tes

 

¿Origina abusos el celibato del cura? ¿Son compatibles matrimonio y ministerio? ¿Es inhumano renunciar al sexo? Preguntas retadoras piden respuestas audaces. Arriesguémonos a plasmar en aforismos el tema vidrioso.

 

1. Celibato no se opone a matrimonio. Ambos contrastan con solteronías o emparejamientos insignificantes. La opción religiosa célibe será minoritaria; no por eso elitista, ni mejor que el matrimonio, no monopoliza la dedicación apostólica o el seguimiento radical de Jesús.

 

2. Sexualidad es más que genitalidad y amor es más que sexualidad. La especie humana, al amar, se diferencia por elegir en la encrucijada: ayudarse a crecer personalmente, o destruirse mutuamente.

 

3. Necesitamos redescubrir la ternura, más allá de la permisividad y el moralismo. Un beso amoroso puede fundir a dos personas más íntimamente que un coito sin ternura. La psicología social critica la obsesión an-orgasmo-fóbica, es decir, el miedo a no alcanzar el orgasmo utópico prometido por la literatura excitante.

 

4. El acoso sexual del clero es abuso de poder e injusticia, no mero incumplimiento de voto o lastre de formación de invernadero: crisis de pubertad reprimidas explotan con retraso en forma de abusos y desviaciones en la integración sexual. Reconocidas sin ocultamiento, habrá que cortarlas y repararlas.

 

5. En vez de ética sexual prohibitiva, una ética constructiva de las relaciones, centrada en el respeto y ayuda al crecimiento mutuo, valdrá para parejas heterosexuales u homosexuales; para relaciones interpersonales en comunidades célibes; o para relaciones de amistad entre personas con diversas opciones de vida.

 

6. Compatible la vida en pareja con el ministerio, podría conferirse la ordenación a personas casadas, solteras o viudas de ambos sexos, con aptitud para animar, servir y unir a las comunidades. Tampoco sería obstáculo la orientación sexual para el celibato opcional. Homosexual, heterosexual o asexual, lo decisivo es la aptitud de la persona.

 

7. Varios desenlaces son posibles, si incide un enamoramiento en la opción celibataria: a) cambio de rumbo en la vida; b) represión, pero con siembra de expectativas dañosas; c) funambulismo por la cuerda floja de la doble vida; c) a la defensiva, la persona se incapacita para amar y, por tanto, para el ministerio; e) re-eligir la opción, con gratitud y dolor, asumiendo los límites y proseguir el aprendizaje de amar más y mejor. El celibato opcional no niega el amor, pero conlleva tres renuncias: A la exclusividad de una relación íntima; al ejercicio de la sexualidad; y a la procreación y formación de una familia. No es fácil, sin represiones ni ambigüedades, integrarlas con el aprendizaje del amor. Vivir sin relación sexual puede tener sentido, pero vivir sin amar deshumaniza.

 

Juan Masiá, jesuita, es profesor de Bioética en la Universidad Santo Tomás de Osaka (Japón).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTO UN COMENTARIO DE UN MAGUFO

Por Máximo Kinast

En el artículo publicado en este blog con el título:

SÍMBOLO ATEO: DIFÚNDELO Y ÚNETE A LA CAMPAÑA DE DIFUSIÓN DE LOS SÍMBOLOS ATEOS

suelen aparecer comentarios muy malvados y bastante idiotas. El último me ha dado pié para comentarlo bajo la forma de artículo o de diálogo y aquí lo hago:

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Bueno pasando ahora como usted mi estimado Maximo,

Leo en este blog que dice "No Dios no culpabilidad"

Muy interesante, sabe porque me resulta interesante, porque Dios por medio de su palabra nos hace ver nuestros errores y nuestro ser pecaminoso, pero bien a usted le parese muy bien ser ateo, por que? ahhh porque no quiere sentirse culpable de sus pecados y a esto uste me dira cuales son mis pecados?

bueno se lo dejo de tarea

 

No estoy de acuerdo con esa idea. Por cierto, como cualquier editor, no suscribo todas las opiniones que se publican. No es necesaria la existencia de un Dios para que exista el sentido de culpabilidad. Existe la moral, la ética, la ley, el sentido común, entre otras formas de distinguir el Bien y el Mal.

Pero usted, ilustre predicador anónimo dice estupideces mayores. Eso de que Dios nos hace ver nuestros errores y nuestro ser pecaminoso es de antología del disparate. Su Dios (si es el de la Biblia católica) es un hideputas de mucho cuidado que recomienda a las hijas embriagar al padre para follárselo, o al amante (David) enviar al marido de su querida (Betsabé) a un punto en el cual será asesinado. Un Dios que se aburre y compite con el demonio por ver quien es más macho y para eso no tiene nada mejor para entretenerse que joder al pobre Job… Un Dios que monta en cólera, que extermina pueblos (incluidos niños) porque le da la gana de hacerlo, no es un buen arbitro en materia de moral.

Pero usted

otra cosa como preguntaban por alli, si no cren en Dios
en quien creen? usted dice que no necesita creer en nadie,
entonces a ustedes seres especiales, quien los creo?
No fue Dios, ni tampoco evolucionaron, porque usted dice que no necesita creer en nadie,
creo que ustedes bienen de otro planeta o algo asi verdad?

o me equivoco?

Pues sí, se equivoca, incluso en la ortografía. Esa idiotez de quien creó a quien la invento su santo Tomás y es una petición de principio, o sea un razonamiento falaz, aunque lo repita Descartes, Jaume Balmes y otros pensadores. Además de ser un razonamiento encajonado en un círculo vicioso (porque parte de suponer verdadera la premisa que quiere probar) conduce inexorablemente a una conclusión absurda. Es falso que si es necesario que exista un relojero para crear un reloj, también es necesario que exista un dios para crear un relojero. Ese planteamiento nos lleva a la conclusión falsa de que para existir algo es imprescindible un creador. Para demostrar la falacia la pregunta surge espontánea: ¿Quién creó a Dios? Y la conclusión al absurdo (que es un método probatorio aceptado por las ciencias) surge al preguntar: ¿Quién creó al Creador de Dios? Y así las preguntas tienden a infinito, lo que demuestra que el razonamiento de la necesidad de un creador es un absurdo.

bueno por ultimo le escribo
que me da profunda pena su forma de pensar, pena y lastima, de seguro usted tuvo alguna cosa que le marco su vida, digo no creer en Dios es algo bastante totonto,
pero escribame una cosa si es tan amable, usted nacio ateo?
o en el transcurso de su vida se pregunto que Dios no existia?
porque para usted no existe el diablo, porque si existe el diablo existe Dios, y eso si no se sabe responder seria un paradoja verdad?

Transcribo su texto porque es una muestra clara de lo perniciosa que son las religiones. No tuve un cura pederasta, si eso es lo que quiere insinuar. Es bastante ‘totonto’ razonar así, como lo hace usted.Le respondo. Nací ateo y en el transcurso de mi vida los curas intentaron lavarme el cerebro con la repetición monótona del catecismo; pero afortunadamente mi mente resistió esa estúpida tortura y mi natural inclinación por razonar me hizo comprender que se trataba de convertirme en un servidor gratuito de una transnacional de sinvergüenzas que venden indulgencias y parcelas en el cielo.

Por supuesto que el Diablo si existe. Vive en Roma y le dicen el Pastor Alemán. Es nazi y malvado y se dedica a sacarle plata a los pobres de todo el mundo y a condenarlos al sida y a no usar condón.

entonces uste es neutro,
verdad? ni diablo ni Dios
woowww ni creacion ni evolucion, o evolucion si?
bueno creo que ni evolucion
porque usted no necesita creer en nada, verdad?

Ni neutro ni neutral. Soy un ateo militante. Creo en que los seres humanos tienen uso de razón. Creo que los seres humanos tienen algo de bondad. Creo que somos capaces de distinguir lo bueno de lo malo, lo que dudo es que muchas veces elegimos lo malo (como hacen los curas y otros ‘predicadores de la muerte’), pero también hay seres humanos que eligen el bien. Creo que la evolución es una teoría que ha resistido todos los ataques de idiotas fundamentalistas (que deberían alimentarse de cicuta, como lo autoriza su Biblia) y esta cada día mas probada y demostrada. Creo en las ciencias, que al contrario de los dogmas, aceptan analizar nuevas ideas y si se aportan pruebas suficientes son aceptadas y adoptadas por la comunidad científica. Creo en mi verdad, mientras no me demuestren lo contrario. Y por sobre todo, creo en mi y en mi capacidad.

 

uff que pena no quisiera estar en su zapatos ni un minuto.


Usted con su limitada inteligencia y su cerebro lavado por los vendedores de paraísos inexistentes, nunca podrá meterse en mis zapatos. Para eso no le alcanza. Le quedo muy grande, aunque se que soy pequeño; pero usted es un enano mental y eso si es una pena.


cuidese mucho y que Dios le bendiga ricamente, que le de sabiduria, para que usted pueda comprender, que en esta vida no se puede vivir en neutro, o te quedas frio o caliente o entendes o no entendes.

 

Bueno, eso de ‘entendés o no entendés’ me suena muy argentino. Casi diría de barrio sur. ¿Sos un cabecita negra con el cerebro lavado? A ver si te atreves a pensar por tu cuenta. O a leer la Biblia de verdad. Una buena guía podría ser ‘Los Errores de Dios, según la Biblia’ libro escrito por Pepe Rodríguez. Ese ’woowww’ en un párrafo anterior me hace pensar que usted muy posiblemente es homosexual... ¿o me equivoco? No se avergüence. Las opciones exuales son un Derecho Humano, aunque haya religiones que lo condenen.


bueno antes de despedirme se me presento otro pensamiento,
y cuando tu mueras a donde sera tu morada?
me imagino que no tienes alma, porque el alma la da Dios, y no me digas que no porque en donde quiera que leas veras que si tienes un alma fue porque Dios te la dio, pero si no tienes un alma, no tienes vida, porque el alma es la vida, uff entonces tu no estas vivo porque no crees en Dios, el cual da el alma y la vida,
sabes ciertamente tu espiritu esta muerto, y si me dices que no esta muerto, entonces yo no me imagino que tipo de ser es usted?

 

Otra vez con las peticiones de principio. Esos pseudo argumentos son falaces. ¿Y quien le dio el alma a Dios? Si vamos a decir idioteces, los ateos también podemos jugar a ese jueguito.

Bueno mi estimado ateo
le amo en Cristo Jesus
y espero no haberle ofendido
y si fuera de esa manera, mis disculpas cinceras, usted me lo hace saber.

Que tenga una feliz noche y un hermoso dia

por cierto usted no posee eso que nosotros llamamos conciencia verdad, porque aun los que no son Cristianos creen en ella, la conciencia es la que hace a uno sentirse cuplable por algo, pero ustedes dicen no Dios no culpabilidad.

 

Usted no me estima, ni mucho menos me ama. Usted me teme y hasta me envidia, porque soy un hombre libre. Tengo conciencia y la dedico a defender los Derechos Humanos.

Y no es verdad que espera no haberme ofendido. No lo ha conseguido -lo que es muy distinto- porque usted es muy poca cosa para ofenderme; pero lo ha intentando con todo el cinismo de los religiosos.

Me ha dicho ‘totonto’, que soy neutro, que no tengo sabiduría ni conciencia, entre otras idioteces. Y luego cínicamente me dice que me ama, que no ha intentado ofenderme. Mire señor anónimo, usted es una buena mierda y le agradeceré que no vuelva a escribir en mi blog, porque usted no da la talla para polemizar conmigo.

 

Máximo Kinast Avilés

XD264371

Vicepresidente de Cyberteos

 

MÁS SOBRE 'LA PUTA DE BABILONIA'

J. Gimeno

Un repaso por las arbitrariedades, caprichos y  atrocidades  de los papas a lo largo de la historia de la Gran Felona sirve para ilustrar cuál ha sido y cuál es la escala de valores por la cual se rige la peor de las ideologías y de las religiones que la humanidad ha inventado: el cristianismo. Paridora de excrecencias como el fascismo, el racismo o el nazismo y madre putativa de engendros como Hitler, Mussolini, Videla, Pinochet, Franco, Bush o Berlusconi:

 
Arnoldo Amalrico, monje cisterciense, sitió la ciudad de Beziers por orden de su jefe, el papa Inocencio III, al mando de un ejército formado por una turba de mercenarios, duques, condes, criados, campesinos, obispos feudales y caballeros desocupados. La finalidad del sitio de Beziers era aniquilar a los albigenses, según la Puta, unos herejes cuya ingenuidad les hacía ser fieles continuadores de lo que creían fue Cristo: "el hombre más noble y justo que haya producido la humanidad, nuestra última esperanza".

La Gran Inquisidora, que ni entonces ni ahora ha admitido el menor desvío de sus dogmas de sangre, mandó sus huestes a exterminar a esos pobres incautos, bajo la plegaria: "Mátenlos a todos, que ya después el Señor verá cuáles son los suyos". "Y así -nos cuenta Vallejo-, sin distingos, herejes y católicos por igual iban cayendo todos degollados.

En la sola iglesia de Sta. María Magdalena masacraron a siete mil sin perdonar mujeres, niños ni viejos. "Hoy, su Santidad -le escribía esa misma noche Amalrico a su jefe Inocencio III-, veinte mil ciudadanos fueron pasados por la espada sin importar el sexo ni la edad"... Y así ese papa criminal que llevaba el nombre burlón de Inocencio lograba matar en un solo día y en una sola ciudad diez o veinte veces más correligionarios que los que mataron los emperadores romanos cuando la llamada "era de los mártires" a lo largo y ancho del Imperio. ¡Los hubieran matado a todos -asevera Vallejo- y no habríamos tenido Amalricos, ni Inocencios ni Edad Media! ¡Qué feliz sría hoy el mundo sin la sombra ominosa de Cristo! Pero no, el Espíritu Santo, que caga lenguas de fuego, había dispuesto otra cosa".
 
El demente que siguió al genocida Inocencio III, el llamado igual de sarcásticamente Inocencio pero el IV, no degollaba, como tampoco éste, con sus propias manos, pero no paró tranquilo hasta montar la máquina de torturar y matar más poderosa que la humanidad, gracias a la Zorra Iglesia Católica Apostólica y Romana, ha tenido nunca: la Santa Inquisición, verdadero templo sagrado de tortura y de exterminio de herejes, mujeres, brujas y sabios, antesala de la DINA, la Gestapo, la Triple A o la DGS española. Máquina de tortura y muerte cuyo nombre fue piadosamente cambiado después por el de no menos ominoso "Santa Congregación para la Doctrina de la Fe", a la vez que cambiaba los instrumentos de tortura física por otros más sofisticados y sagaces de tortura psicológica y el exterminio por el asesinato encubierto.

Como sabemos, la máxima autoridad de esta Santa Institución posmoderna ha sido un gran católico miembro de las juventudes hitlerianas y papa actual. Volviendo al "inocente" número cuatro, hacíase llamar con todo orgullo "Praesentia Corporalis Christi" (Presencia del Cuerpo de Cristo) este católico empedernido y consecuente, acaso porque su debilidad eran los cuerpos ensangrentados sobre los que dejaba su huella indeleble al albur de su bula "Ad extirpanda".
 
Otro gran "inocente", Inocencio VIII, se hizo famoso para la posteridad por su particular manía a las brujas y la manera de hacerlas pasto de la hoguera católica purificadora de pecados. Este Inocencio número ocho fue quien bautizó a los españoles Isabel y Fernando como "católicos" por su heroicidad de expulsar a cuanto moro y judío y anticristiano se les pudo por delante, exterminar a todos los indios americanos de que sus conquistadores fueran capaces y torturar y asesinar a miles de herejes y más brujas con la mano santa e incorrupta del mejor de los católicos, Torquemada, el mayor torturador de la historia, padre y madre de los Galtieri, Stroessner, Contreras o Billy el Niño (famoso torturador español, católico como todos los torturadores, hoy jefe de una multinacional de la seguridad por beneplácito del primer gobierno de Felipe González, quien nunca fuera torturado). 

Quien siguió al tal Inocencio ocho, un tal León X, no fue tan sanguinario como los anteriores. Sólo tenía dos vicios: el dinero y los penes. Sobre este último nada hay que objetar, solo que la Gran Inquisidora exterminaba a cuanto macho sospechoso de gozar el mismo órgano placentero, salvo si era alguno de sus favoritos, como sin duda debió serlo el de este León. León que sin duda lo era para los negocios al amparo de su Puta Madre: "los burdeles de la Ciudad Eterna (que contaba entonces, entre sus cincuenta mil habitantes, con siete mil prostitutas registradas -nos cuenta Fernando Vallejo-) le pagaban diezmos".

No contento con ser el mayor proxeneta y santo de la Ilustre Católica, descubrió otro gran negocio divino, inaugurando así el Gran Mercado Vaticano hasta hoy día, con su entidad financiera y su cotización en bolsa: la subasta de dos mil ciento cincuenta puestos eclesiásticos, cuyo precio de mercado estaba, naturalmente, en función de la jerarquía. Así, los de mayor valor eran, desde luego, los puestos cardenalicios, a razón de treinta mil ducados el capelo. Como no podía sr de otra manera, había sus prebendas: así, a su primo bastardo, Giulio de Médicis, quien luego sería el papa Clemente VII, se lo dio gratis.
 
Nos preguntamos: ¿Cuánto pagaría el polaco o el actual pastor alemán por su capelo? ¿A cuántos hubieron de sobornar para su blanca  fumata?
 
Continuará...