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Cyberateos

Y ahora, discapacitados


http://peru21.pe/2012/05/06/impresa/y-ahora-discapacitados-2023033

Domingo 06 de mayo del 2012

El arzobispo de Arequipa y segundo vicepresidente de la Conferencia
Episcopal Peruana, Javier del Río, equipara la homosexualidad con una
discapacidad física o mental.

Pedro Salinas, El ojo de Mordor
psalinas@peru21.com

¿Se trata de una campaña, o qué? ¿O acaso han organizado un torneo
interno para ver quién es el más homofóbico de la logia? Porque vamos.
Ya parece una obsesión excéntrica e inquietante con el tema.

Primero fue Juan Antonio Reig, obispo de Alcalá de Henares, quien
lapidó a los homosexuales tildándolos de corruptos, degenerados y
putos. Y claro. De paso, les condenó al infierno. Al ver el tsunami
suscitado por su hiriente homilía, el prelado trató entonces de
suavizarla y darle un filón más científico a su argumentación. Le
salió peor. En realidad, según el monse, los gays sufrirían una
enfermedad. El síndrome AMS. Atracción hacia el mismo sexo, o sea. Y
tendría cura.

A los pocos días, desde Chile, Jorge Medina, quien fue el cardenal que
se hizo famoso por pronunciar el “habemus papam” desde los balcones
vaticanos para anunciar, acto seguido, a Ratzinger como sucesor del
papa polaco, también arremetió con fiereza.

“Las personas homosexuales llegan a extremos de violencia y de
asesinatos de manera mucho más frecuente que los heterosexuales”, dijo
en la revista Caras, como si se tratase de un dato estadístico de
Ipsos. O del FBI. Más todavía. Bosquejó un símil sobre lo que
representa un gay. “Yo lo compararía con un niño que nace sin un
brazo”, escupió.

Ahora, para no quedarse atrás y en idéntica línea que los anteriores,
el arzobispo de Arequipa y segundo vicepresidente de la Conferencia
Episcopal Peruana, Javier del Río, equipara la homosexualidad con una
discapacidad física o mental. Tal cual. E invita a los gays “a no
ejercer la homosexualidad”. Para no perpetrar “relaciones
contranatura”. Lo dijo en La República, en su edición sureña.

Es así, señoras y señores. La iglesia católica es cruel y homofóbica.
Y excluyente, que también. No es que sea mala, porque hay crueldades
que no son fruto de la maldad, sino de la estupidez y la demagogia,
como en este caso.

Porque ya les digo, si uno va al Catecismo que firmó Wojtyla y elaboró
el propio Ratzinger, se puede constatar que lo que transmiten estos
tres chiflados es consecuente con la doctrina oficial. Para la
iglesia, la homosexualidad “no puede recibir aprobación en ningún
caso”. Sic.

Pero curiosamente, líneas más abajo, señala el mismo Catecismo, que
conste, inspirado por el Espíritu Santo: “Un número apreciable de
hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No
eligen su condición homosexual”. Lo que equivale a una definición que
refrendaría Elton John, oigan.

Y yo me pregunto. Si ello es así, y la homosexualidad es, según la
propia iglesia, algo constitutivo en muchas personas, y eso no supone
ninguna patología somática o psíquica, ni califica como enfermedad o
desviación sexual, como deslizan Curly, Larry y Moe, de lo que estamos
hablando en consecuencia es de segregación. De la exclusión de un
colectivo, para ser precisos.

Si no quedó claro. La iglesia católica sería como un club que no
acepta gays, digamos. Si esa es la norma, pues debería ser un poquito
más coherente y expulsar de su rebaño a los millares que existen entre
sus filas. Y no solamente entre la soldadesca, ojo, porque hay
fundadores y líderes de movimientos religiosos que predican homofobia
e integrismo y llevan una doble vida en plan arco iris. Pregúntenle si
no, a los Legionarios de Maciel. O a la Pía Unión de Karadima. O al
Sodalitium de Doig. Por citar tres ejemplos latinoamericanos.

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Ex seminarista denuncia abusos sexuales por parte de párrocos y altos cargos de Iglesia Católica

Lunes 30 enero 2012 | 8:33
El obispo protestante Mauricio Pulgar denunció que fue víctima de abusos sexuales y psicológicos por parte de miembros de la Iglesia Católica cuando fue acólito y luego seminarista en ésta.
En conversación exclusiva con Radio Bío-Bío, Pulgar reveló que desde los 13 años fue abusado por integrantes de la Iglesia Católica de Valparaíso y de la Diócesis de San Felipe. Además dio a conocer una declaración firmada ante notario con su testimonio, la cual fue presentada ante las autoridades eclesiásticas.
En su relato, el ex seminarista contó que fue abusado por el fallecido sacerdote de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Quilpué, José Donoso Chellew, de quien Mauricio fue acólito personal y también denuncia haber recibido maltrato psicológico por parte del cura de esa misma entidad, Jaime Da Fonseca. Asimismo, dio a conocer abusos de otros religiosos mientras fue seminarista entre comienzos y mediados de los 90′, en el Pontificio Seminario Mayor San Rafael de Lo Vásquez.
El denunciante señaló que dentro de la Institución, por lo que apreció en los distintos lugares que estuvo, se genera un ambiente propicio para que los niños y jóvenes sean abusados, pues se insiste en las demostraciones de afecto con besos, caricias y abrazos.
Por ejemplo, explica que desde pequeño comenzó a molestarle que al momento de confesarse, Donoso lo presionara obsesivamente para que se arrodillara ante él y acercara su rostro a sus genitales. “Era un niño, ingenuo, y aunque sentía que eso no era normal, trataba de no darle importancia”, manifestó en la declaración escrita que dio a conocer a La Radio. A ello, agregó que con el tiempo el párroco se volvió absorbente e insistía en las actitudes cariñosas.
Asimismo, relató que los vejaciones continuaron cuando decidió convertirse en seminarista, acusando no sólo maltratos de índole sexual, sino que también duros castigos, prohibición de recibir cartas y la denigración excesiva de la imagen de la mujer. Aquí apuntó especialmente a José Olguín, asegurando que fue el sacerdote que más lo abusó y que incluso en algún momento le hizo saber su molestia.
“Le expresé ‘ yo soy hombre, me gustan las mujeres, ¿acaso a usted no?’. Él se molestó y me dijo que me enviarían al psicólogo porque no era normal que no me gustara que me tocaran”, indica Pulgar en su declaración notarial.
El actual obispo protestante también dejó al descubierto que cuando se desempeñó como asesor eclesiástico en la parroquia de Los Andes, el párroco Humberto Henríquez lo drogó para practicarle sexo oral. Luego, narró que cuando quiso encararlo por lo sucedido, el religioso simplemente le dijo que se trató de una “iniciación” y le habló de la “homosexualidad activa” de Francisco Javier Errázuriz, Cristián Caro, Javier Prado y el actual obispo de Valparaíso, Gonzalo Duarte.
Con respecto a éste último, Pulgar reveló que él mismo vio a Duarte en actitudes impropias con seminaristas, mientras éste era profesor de liturgia en el seminario San Rafael.
Escucha la primera parte del testimonio de Mauricio Pulgar:
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20:07
Escucha la segunda parte del testimonio de Mauricio Pulgar:
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Recibe buenas críticas documental sobre pederastia

Agnus Dei se estrena el 11.11.11





http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/f94ff5bf4d59fbff50acf875f0df5864

El filme "Agnus Dei: Cordero de Dios" se estrenará el 11 de noviembre. La directora Alejandra Sánchez ha recibido intimidaciones debido al tema que aborda la película.

Foto: Tomada de Google

México • Alejandra Sánchez define como una reflexión y una historia sensibilizadora su documental "Agnus Dei: Cordero de Dios", el cual denuncia los actos de pederastia por parte de un miembro de la Iglesia.

"No me eduqué bajo ninguna religión, tengo mis propias espiritualidades, aunque la condición humana siempre me sorprende y esto es prueba de ello", dijo la realizadora, quien recordó que los temas sociales y políticos siempre han llamado su atención.

En entrevista con Notimex, Alejandra Sánchez, directora del documental, y Jesús Romero, protagonista del filme, platicaron sobre este trabajo, el cual ha logrado, durante sus exhibiciones buenas críticas, previo a su estreno comercial, el próximo 11 de noviembre.

Sánchez recordó que hace algunos años los medios de comunicación tocaban el tema de la pederastia clerical, lo cual llamó su atención y la animó a tocar tema desde una visión fílmica, periodística y bien sustentada.

"Tenemos material fotográfico y declaraciones que fueron tomadas con una cámara escondida del padre Carlos López, quien es acusado por Jesús como su agresor sexual; además, estamos asesorados por abogados previniendo cualquier acto de censura", adelantó.

Así fue como "Agnus Dei: Cordero de Dios" tuvo su origen, y Jesús Romero le dio voz y cara a esta historia de abuso infantil por parte de representantes de la Iglesia Cátólica, y paso de ser víctima a tomar acciones para concientizar y denunciar.

"Hemos tratado de hacer una visión sensibilizadora y que haga reflexionar a la sociedad y al mismo clero para que hable abiertamente del tema, aunque sabemos que aún falta mucho para que eso suceda", explicó la realizadora.

Sin embargo, el mismo Jesús, quien sufrió en carne propia los abusos de un cura, ahora, después de más de una década, habla del tema y cómo este documental le ha servido de catarsis, junto con una terapia psicológica.

"Cuando me pasó tenía 11 años, y después de ese tiempo los siguientes nueve años estuve sumido en el mundo de las drogas y en las redes de este cura que me decía que no saldría adelante, hasta que me decidí a denunciarlo", comentó.

"Este documental es una denuncia y un llamado a poner atención en los pequeños y escucharlos", dijo Jesús, protagonista de este documental.

Explicó que con la denuncia se han venido una serie de intimidaciones; sin embargo, está decidido a llegar al final y espera que este documental sea visto por el mayor número de personas.

Platicó que tras denunciar y haber tomado una terapia por ocho años ve la vida diferente y hasta formó su propia familia.

"Agnus Dei: Cordero de Dios" llegará a las salas mexicanas el próximo 11 de noviembre, luego de haber recorrido con éxito diversos festivales nacionales e internacionales.

EL CONCORDATO, OTRA ESTAFA DEL VATICANO

No comment


Autor: Pedro Salinas
http://peru21.pe/impresa/noticia/no-comment/2011-09-25/314345
 
La mayor asociación de víctimas de abusados sexuales por sacerdotes, la SNAP, que preside la norteamericana Barbara Blaine, ha pedido que la Corte Penal Internacional de La Haya procese a Benedicto XVI y a tres cardenales clave del Vaticano por “crímenes contra la humanidad” por defender, ocultar y poner a buen recaudo a miles de pederastas. El hecho me parece relevante. Y si el hecho se queda en gesto, en un gesto simbólico, pues igual. No deja de ser un gesto significativo. Humanitario. Desafiante. Testimonial. Algo valiente y trascendente en tiempos en que la indiferencia campea entre los cristianos.
 
 

Pues nada. Así respondió el Vaticano. “No comment”. Sin comentarios, o sea. Todo un clásico entre los ensotanados, y que es una suerte de artificio verbal hecho a base de meditar durante milenios el prólogo de Juan. Una cabronada de respuesta, vamos. Supongo que lo correcto sería decir: “Vamos a colaborar”. “Estamos preocupados con lo que está ocurriendo”. “La Iglesia debe proteger mejor a los niños”. O algo así. Pero no. Prefirió optar por la vía expeditiva para evitar las polémicas. O las metidas de pata. O los escándalos. Lo de siempre, digamos.

Me refiero a la denuncia presentada contra el Papa y tres de sus cardenales, que, al parecer, a ningún medio peruano le importa, pero a mí sí. Porque si no se han percatado todavía, los pecados sexuales por parte de religiosos ya no son asuntos exclusivamente licenciosos entre clérigos y mujeres –que sería lo normal gracias al mantenimiento absurdo del celibato obligatorio–, sino que el fenómeno ha degenerado en pedofilia o efebofilia, o como quieran llamarle al abuso sexual de menores por parte de representantes de la Iglesia Católica.

Dicho de otra forma. Reconocerán ustedes conmigo que, en este tema, la Iglesia hace rato que ya no representa la rectitud moral después de todo lo que ha destapado la prensa en la última década. Particularmente desde que el Boston Globe y su director Martin Baron, en el 2002, hicieron estallar en cadena centenares de casos que fueron encubiertos a través de diversos mecanismos eclesiales, en el que participaron párrocos, superiores de congregaciones, obispos, arzobispos y cardenales. No sé si se enteraron. O si lo leyeron en el Globe. O quizás en La Mula. Pero aquello fue como el descubrimiento de una gran mafia. Ni más ni menos. Para no dramatizar. Digo.

Como sea. Hoy resulta que, ya todos saben que la política vaticana frente a estos eventos siempre fue la imposición del secretismo. Del hermetismo más férreo. O de la omertá, que es lo mismo. Para salvaguardar a la Iglesia de la vergüenza. Para sortear la información negativa. Pagando dinero incluso a cambio del silencio de las víctimas. Con el único propósito de que los estupros no se conozcan. Y si para ello había que trasladar a los religiosos abusadores a otras sedes, a otras parroquias, en las que podían de nuevo tener acceso ilimitado a niños indefensos y adultos vulnerables para seguir perpetrando sus mañoserías y tocamientos, pues qué creen, se les trasladaba nomás. Y de qué manera, oigan. Por todo lo alto y con la aprobación de las autoridades eclesiásticas.

Es lo que han venido haciendo durante décadas. Y claro, las víctimas no se han reducido. Han aumentado. Ya van varias decenas de miles, en su mayoría niños. Todos abusados por unos desalmados hijosdeputa, con crucifijo en el pecho, que han contado con la colaboración de la alta jerarquía de la Iglesia Católica. En fin. Los ejemplos abundan, están documentados y existen torrentes de información. Sí, torrentes.

Así que no tengo más remedio que estar de acuerdo con la mayor asociación de víctimas de abusados sexuales por sacerdotes, la SNAP, que preside la norteamericana Barbara Blaine, que ha pedido que la Corte Penal Internacional de La Haya procese a Benedicto XVI y a tres cardenales clave del Vaticano por “crímenes contra la humanidad”. Por defender, ocultar y poner a buen recaudo a miles de pederastas.

¿Que ello no va a llegar a ningún lado? ¿Que no procede? ¿Que la Santa Sede no firmó el Tratado de Roma del que nació la Corte de La Haya, y por ende esta no tiene competencia o jurisdicción sobre el Vaticano? Puede ser. No lo sé. No soy abogado. Ni pretendo. Ni me importa.

Lo que sí sé es que el hecho me parece relevante. Y si el hecho se queda en gesto, en un gesto simbólico, pues igual. No deja de ser un gesto significativo. Humanitario. Desafiante. Testimonial. Algo valiente y trascendente en tiempos en que la indiferencia campea entre los cristianos.

Por eso, cuando escucho el discurso victimista, que nunca falta, como el del arzobispo de Nápoles, Crescenzio Sepe, quien habla de “ataques anticatólicos”, siempre me digo: tranquilo, cholo, no hagas mala sangre. Simplemente, no saben ser honestos. Pues eso.

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EL FASCISTA CIPRIANI

Viernes, 23 de Septiembre de 2011 08:53

por César Hildebrandt

El Cardenal Cipriani debe odiar a la Iglesia Católica. Podría ser hasta un infiltrado en sus filas, un demonio con alas de papier mâché, un íncubo luterano decidido a desprestigiar a Roma. ¿O es que es impresentable sólo porque le da la gana y sin propósitos ulteriores?

Cuando los inocentes eran sospechosos y los sospechosos eran terroristas y los terroristas eran desaparecidos, Cipriani apoyó firmemente, en Ayacucho, los desmanes militares que casi nos cuestan perder la guerra con el maoismo homicida de Sendero. Jamás defendió a las víctimas del fascismo Fujimorista. Al contrario, alguna vez sostuvo que la Coordinadora Nacional de derechos humanos, una entidad que exponía el pellejo en defensa de los inocentes victimados por la barbarie de ambos lados, era “una cojudez”.

Porque Cipriani no sólo es fascista de convicción y franquista melancólico sino que también es procaz. Alguna vez lo grabaron dando una charla en la Escuela Militar de Chorrillos y este columnista tuvo el privilegio de propalar parte de esas imágenes en un programa de TV. Allí, con el lenguaje de un asaltante de caminos y el alma de un abusador de mujeres, habló “a lo macho”. Allí virtió parte de su alma y lo que virtió no le hizo ningún bien a la institución que desde hace dos mil años pretende decirnos que sus pastores son gente mejor que los mortales comunes y corrientes.

Cipriani no sólo no es mejor que cualquiera. Cipriani es peor que cualquier laico con pocos valores. Porque el laico más imperfecto que uno pueda imaginar no se disfraza de jerarca romano ni pretende señalarnos el camino que conduce al cielo. Cipriani es fascista probado, es ordinario como un suboficial encervezado, es teatrero como cuando simuló llorar después de lo de la embajada del Japón y es odioso por donde se le mire y desde donde se le oiga porque su único interés es el de contribuir al inmovilismo. Es un discurso de la Confiep con un amén al final... Es el hombre que el mártir Oscar Arnulfo Romero, obispo salvadoreño asesinado por la derecha en plena misa, no habría siquiera saludado.

Cipriani fue nombrado cardenal por un Papa que coordinaba con la CIA, que recibía en secreto al enviado de Reagan para ver qué se hacía en Varsovia y que combinaba sin remordimientos la misión pastoral y su labor de destruir todo lo de progresista y moderno que en la Iglesia Católica se había levantado desde el Concilio Vaticano II.

Paulo VI fue el iluminado que quiso emparentar, por segunda vez, la Iglesia Católica con los intereses de los que más sufren. Porque Paulo VI entendió que el sufrimiento social es evitable y que es el orden mundial, podrido desde la raíz, el que lo convierte en endémico. Paulo VI quería regresar a los orígenes de una Iglesia que, antes de ser Roma, fue fe y pobreza, ejemplo y humildad. Estuvo a punto de lograrlo hasta que llegaron las hordas de la restauración con el Opus Dei a la cabeza y los sodálites en la infantería. Esas hordas han restablecido el orden que terminará matando a la iglesia de Roma. El orden del Sacro Imperio. El orden inamovible de los ricos que mandan y los pobres que deben esperar vivir mejor en el cielo. “Allí tomaréis sopa, hermanos míos”, decía Neruda. Y de esas hordas pasatistas y de ese orden que olvidó a San Francisco y recuperó el sentido del imperio nació la espantosa nominación del Cardenal Cipriani, siniestra expresión del Opus Dei y consejero espiritual de Fujimori.

Y ayer este señor, que quiere pasar por comentarista desinteresado, ha dicho que el Museo de la memoria no debe levantarse porque “no contribuye a la reconciliación del país”. Bueno, el Museo de la Inquisición, donde Cipriani debería figurar en cera y con el disfraz de prelado que tanto le gusta, tampoco es que fomente la reconciliación entre la Iglesia y sus víctimas. Y, sin embargo, el Museo de la Inquisición existe porque resume un capítulo de la historia.

Aparte de adular a Alan García y de censurar a quienes enfrentan las provocaciones de Chile -recordándonos la peor diplomacia de Roma frente a los poderes fácticos-, Cipriani se ha permitido decirle a los propulsores del Museo de la memoria -es decir, al gobierno alemán de la conservadora Ángela Merkel- que “no se debe permitir injerencias extranjeras”. ¡Y lo dice este funcionario de una Iglesia con sede en Roma, con casa matriz en el Estado del Vaticano y con nuncios embajadores acogidos al estatuto de la extraterritorialidad!

Es hora de decirle a Cipriani cuán inaceptable resulta como personaje espiritual. Es hora de recordarle que si la Iglesia Católica sufre de anemia sacerdotal y crisis de feligresía es por gente como él. Es hora de decirle, en suma, que la maldición de los hipócritas es que no pueden ocultar su hipocresía.

Ya he dicho que me duele ser agnóstico. Pero cuando escucho a Cipriani decir cosas como la de ayer me reafirmo en mi catedral de dudas. Bueno, dudas relativas. No tengo la menor duda, por ejemplo, de que Cipriani no representa a Dios -como quiera que se pueda entender esta definición-.

Hildebrandt en sus 13

OTRO PEDERASTA CON SOTANA???

FIGARI

http://peru21.pe/impresa/noticia/figari/2011-09-11/313252
 
Autor: Pedro Salinas
 
Siempre hay un iceberg en alguna parte. Pregúntenle si no al Titanic. O a Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalitium Christianae Vitae, cuyo mutismo no está ayudando a fortalecer la fe de sus seguidores. Aunque me puedo equivocar, claro, y no sería la primera vez. Ni la última.

Como sea. El asunto es que, en diciembre del año pasado Figari renunció al cargo de superior general del Sodalitium “por motivos de salud”, y hasta donde sabemos no está con ninguna enfermedad terminal ni es –todavía– un viejito chocho. Para nada. Más todavía. El propio LFF anunció que, “iba a dedicarse por entero, en la medida de sus posibilidades, a sus responsabilidades como fundador de la familia sodálite”. O sea, energías tiene, digamos. Por lo menos las tenía hasta hace muy poco.

Empero, a las cortas semanas de dicho anuncio explotó la primera bomba atómica sobre su Hiroshima eclesial. Gracias a Diario16 se supo que, el proceso de beatificación de Germán Doig, ex vicario del Sodalicio, fallecido diez años atrás, se canceló. Y se canceló no porque Doig carecía de “virtudes heroicas”, como se le dijo a muchos, que también, sino porque llevaba una doble vida.

El Sodalitium entonces divulgó un comunicado institucional. Un comunicado bastante críptico y contradictorio, por cierto. En el que reconoce la información propalada por Diario16, pero a la vez deja en el limbo que en la “inconducta sexual” de Doig quizás hubo cabida a relaciones con mujeres, eludiendo especificar si fue solamente con hombres. En el que sugiere que su principal preocupación institucional se centró en las víctimas, pero no señala si las va a indemnizar. En el que detalla que “en ningún caso se trató de niños”, pero no aclara si las víctimas fueron abusadas siendo menores de edad. En el que confiesa que el primer caso se conoció en el 2008 pero no dijo nada por respeto a las víctimas, y sin embargo luego concluye que este tipo de conductas “deben ser denunciadas” con “claridad y transparencia”. Y así.

En fin. La verdad es que el comunicado en lugar de despejar dudas, qué quieren que les diga, abrió un sinfín de interrogantes. Todas inquietantes. Porque Germán Doig no era un sodálite cualquiera. Era el delfín de Figari. Y su discípulo preferido. Y el modelo a seguir. Y el que, en parte, diseñó la espiritualidad que anima a la familia sodálite. Y era el santo, vamos. Y nunca nos enteramos si la investigación iba a proseguir o no. Y si esta comprendía también a Figari, a todos los superiores y directores espirituales. Porque, ya saben, el caso de Germán no es el único que se ha destapado. Y si hay más de dos, como se ha visto en otras instituciones similares, podría haber replicantes. Pero no. No nos enteramos de nada más porque a los sodálites les dio por proteger el fósforo con el hueco de las manos, y dieron el capítulo por cerrado.

Y bueno. Ya conocen la historia. A Hiroshima le siguió Nagasaki. Y el mismo diario que dio a conocer lo de Doig, publicó el testimonio de un ex sodálite que habría denunciado a Figari por abusos sexuales y psicológicos. Una cosa muy fuerte. Y escabrosa.

En esta oportunidad, el Sodalitium reaccionó de forma diferente. Y algo peculiar, debo añadir. “No han sido notificados”. “Consultado el señor Figari, dice que no es cierto”. “Tomarán acciones legales contra el diario”. O algo así. ¡¿Cómo?! ¿En este caso no va a haber indagación? ¿No le conviene al propio Figari, para limpiar su nombre, que se haga una investigación seria e independiente? Para no dejarle sitio a la sospecha o a la suspicacia. Y acabar de tajo con el sainete. Digo.

Increíble. No se dan cuenta –o no quieren verlo, que esa es otra- que amenazando a la prensa, en lugar de conjurar el problema, alientan la incertidumbre. Diario16 les pidió públicamente una entrevista con Figari. No respondieron. Otros periodistas les recomendaron lo mismo. Nada. Niente. Nichts. Manan. No se oye, padre.

La cuestión es que, como apunta Eduardo Dargent, “si optan por la confrontación y el silencio, y luego se descubren más casos, quedará la idea de que todos, sin distinción, fueron cómplices de encubrir hechos aberrantes. Que toda la obra de la organización se construyó sobre una mentira”. Pues eso.

Un pederasta con sotana

Dom, 28/08/2011 - 05:00

Los colaboradores lo sabían. Y ellos han heredado el imperio de espanto de Maciel.

http://www.larepublica.pe/28-08-2011/un-pederasta-con-sotana

El padre Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, una de las congregaciones católicas más vastas del planeta, era un pederasta, violador sexual y corrupto. La periodista mexicana Carmen Aristegui entrevistó a sus víctimas y reveló los secretos de un farsante.

Por Ángel Páez

A los 12 años Saúl Barrales se sumó a la Legión de Cristo. A los 17 el padre mexicano Marcial Maciel, fundador de la congregación religiosa, lo nombró su asistente personal. Se había encariñado con él. “Cerraba el cuarto, lo ponía oscuro y luego me decía: ‘Tengo un dolor de cabeza muy fuerte. Tócame aquí; no, ya se me bajó al pecho y luego más abajo al estómago; y ahí, ahí es donde me duele más’. Y yo pensaba: ‘Qué es esto de tocar a una persona’. Él dirigía la mano hacia el pene, a sus partes íntimas. Vivía un drama tremendo todos los días. ¿Cómo es posible que por un lado lo tengo como un santo y por otro me esté invitando a cosas que no compaginan?”, relató Barrales a la periodista Carmen Aristegui.  En 1997, Barrales fue uno de los que rubricó una carta dirigida al papa Juan Pablo II en la que denunciaba las atrocidades sexuales y las corruptelas de Maciel. Pero el “candidato para santo”, que tenía extraordinarios contactos en Roma, logró que el escándalo no destruyera a la Legión de Cristo.

“Era Juan Pablo II un encubridor o un hombre trágicamente engañado como en las obras de Shakespeare”, ensayó una explicación Saúl Barrales, una de las víctimas de los actos de pederastia de Maciel. Aristegui investigó el caso y entrevistó a personajes clave de esta historia de horror que humilla a la Iglesia católica, especialmente a la jerarquía del Vaticano.

En Marcial Maciel: historia de un criminal, Aristegui incluye también los testimonios de quienes trabajaron hombro a hombro con el cerebro de los Legionarios de Cristo y hoy tratan de buscar alguna explicación a sus atrocidades. “Nuestro Padre (Maciel) tenía actos homosexuales y también actos sexuales con menores, que han continuado de forma constante a lo largo de toda su vida, en la vida de la Legión, desde los años 40 hasta los 90. (...) Ahora bien, si una persona te dice: ‘Ustedes tuvieron que saber, los superiores tuvieron que saber’, efectivamente, creo que de esta historia no se salva nadie”, confesó a Carmen Aristegui el vicario general de la Legión de Cristo desde 1992, Luis Garza Medina. Pero ¿el Vaticano lo sabía todo? Todo, y durante décadas.

El legionario de Cristo Juan José Vaca, el 26 de octubre de 1976, escribió una carta a Marcial Maciel para que concluyera con el abuso sexual al que lo sometía desde hacía muchos años. Esa misiva llegó a manos de la jerarquía de la Santa Sede, pero no hizo nada. A Vaca, quien fue parte de la congregación desde los 10 hasta los 29 años, lo trataron de traidor, difamador y mentiroso por haber acusado a Maciel de violador de niños. “Me sorprendió que Maciel me llamara tan noche. Nunca había entrado en su cuarto. ‘Siéntate aquí en la cama. ¡Ay! ¡Me duele mucho el estómago! Dame un masajito... Más abajo, más abajo’. Me puse tenso. Me hace tocarle el pene y noto su erección. ‘Frótamelo así’. Y me pone la mano encima y me hace que lo frote. Me quedé completamente congelado. ‘No lo sabes hacer, te voy a enseñar’. Entonces, a la vez que él está tratando de masturbarme, me está moviendo la mano y efectivamente noto que está húmedo. Tuvo su eyaculación. ‘Ya te puedes ir’, me dijo”, narró Juan José Vaca a Carmen Aristegui, quien le preguntó quién era para él Maciel: “Es el mayor impostor, criminal, amoral, narcisista maligno, pansexual que ha existido en la historia de la Iglesia católica”.

Nacido en Michoacán, México, el 10 de marzo de 1920, sobrino del obispo de Veracruz, Rafael Guízar –canonizado por Benedicto XVI–, este se encargó personalmente de su formación sacerdotal. En 1941 fundó la Legión de Cristo, que en 1946 recibió la bendición de Pío XII y en 1965 Pablo VI reconoció como una congregación católica. Maciel convirtió a la Legión de Cristo en una organización mundial con oficinas en 22 naciones. Hasta el año que pasó, sumaba tres obispos, 889 sacerdotes y 2.737 seminaristas. Maciel construyó un imperio económico basado en las contribuciones de fieles millonarios y en el control de 15 universidades, 43 institutos de estudios superiores y 175 escuelas.

En 1997 se hizo pública la carta que ocho ex integrantes de la Legión de Cristo despacharon a Juan Pablo II dándole cuenta de que Maciel había perpetrado abuso sexual contra ellos. La investigación le fue encargada al obispo Joseph Ratzinger. En el 2004, el Vaticano resuelve que Maciel abandone la dirección de la Legión Cristo. Sin embargo, en el 2006, cuando Ratzinger ya era el papa Benedicto XVI, dispuso cerrar la investigación bajo el argumento de que Maciel era demasiado viejo y le ordenó el retiro bajo penitencia. Todavía no se conocía toda la historia secreta del fundador de la Legión de Cristo. Maciel murió el 20 de enero del 2008. Su deceso, empero, no implicó la sepultura de su historia criminal.

En el 2009, The New York Times reveló que Maciel tenía una hija con una mujer a la que mantuvo oculta por décadas. Al año siguiente, la periodista Carmen Aristegui entrevistó a Blanca Estela Lara y a sus hijos Omar, Raúl y Cristian. Estos dos, según ella, eran fruto de una relación que inició con Maciel en los años 70, en Tijuana. Omar y Raúl, además, relataron que durante ocho años el hombre que se presentaba como su padre, pero que no sabían que se trataba de Marcial Maciel, los abusó sexualmente. “Él tenía 56 años (era 1976) y yo 19. Me dijo que era viudo y que andaba buscando una muchacha para casarse. Decía que se llamaba José Rivas y que era detective privado. ¡Puras mentiras! En 1997 (veinte años después), vi su fotografía en una revista. Era el padre Marcial Maciel”, contó Blanca Estela Lara.

El primero de mayo del 2010, Benedicto XVI firmó un comunicado en el que denunciaba “los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del padre Maciel, confirmados por testimonios incontestables y que representan a veces auténticos delitos y revelan una vida carente de escrúpulos y de un verdadero sentimiento religioso”. En la práctica, el pronunciamiento operaba como un mandato de condena y expulsión. Pero el Papa perfiló a Maciel como un perpetrador solitario. Aristegui demuestra que no fue así. Los colaboradores del creador de la Legión de Cristo lo sabían. Y ellos han heredado el imperio de espanto de Maciel.

 

Maciel

¿Puede existir un árbol malo que dé frutos buenos?
 
Autor: Pedro Salinas
 
 
 
1945 fue el año en que se iniciaron las denuncias por abuso sexual contra Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo. Pero la jerarquía católica las fue desestimando una por una, según comenta Alejandro Espinosa en su libro El legionario. Hacia 1954 aparecieron nuevas acusaciones. Tampoco pasó nada. Hasta que un cardenal encontró a Maciel en un hospital, revolcándose sobre un charco de su propia baba, como consecuencia de su adicción a la morfina. Y fue recién en 1956, con Maciel confinado en Roma, que se inicia la primera investigación. Como podrán inferir, las pesquisas vaticanas no concluyeron en nada. La iglesia católica, ya saben, nunca ha querido investigar estos graves asuntos. Siempre ha optado por el encubrimiento y hacerse de la vista gorda. Es así.

En fin. Muchos años más tarde, en los ochentas, el sacerdote Juan José Vaca, luego de apartarse de la Legión, decide demandar a su exguía espiritual por las vías oficiales, según las pautas del protocolo canónico. Vaca había sido abusado por Maciel. Desde 1949, aproximadamente. Cuando Vaca tenía trece años. Y qué creen. Maciel ya era entonces amigo de Juan Pablo II, quien se convirtió en su protector. Ergo, todo el esfuerzo de Vaca fue inútil. Nadie le hizo caso. Y los fanatizados legionarios encima chillaban: “Es una conspiración contra el padre Maciel”. “Todo es falso”. “Se trata de una calumnia, de una campaña de descrédito”. “De un complot de exmiembros descontentos y resentidos”. “De un ataque contra la iglesia”. “Son puras mentiras y calumnias”. Y más. Para luego volver al silencio cómplice.

La táctica de Maciel, por lo demás, siempre fue la misma. Nunca dar la cara. “Fue una práctica inveterada suya”, relata Espinosa, otro de los abusados por el fundador de la organización mexicana. Hasta que, como sucedió también con la pederastia eclesial en Boston, la prensa intervino. En 1997, el diario norteamericano The Hartford Courant publicó un informe investigativo dando cuenta del historial de perversiones de Maciel.

Por dicha investigación nos enteramos que, el fundador mexicano abusó sexualmente de más de treinta niños, entre 1940 y 1960. Que con varios de ellos mantuvo relaciones sexuales prolongadas. Que la iniciación sexual respondía a un modus operandi, que en su caso consistía en llamar por la noche a un niño a su habitación, donde él se retorcía de aparente dolor en la cama, y le pedía luego al chiquillo que frotara su bajo vientre, y la sesión –según no pocos testimonios– culminaba en una masturbación mutua. Que a través del culto a la personalidad de Maciel se inculcaba a los muchachos que era un santo viviente, y por tanto estar cerca de él era un honor. Que el reclutamiento apostólico del fundador ponía el acento en los jóvenes blancos, rubios y de la clase alta. Que les decía a quienes pensaban abandonar la Legión que sus almas se irían, literalmente, al infierno. Que para combatir los pensamientos impuros, recomendaba el cilicio, que era una correa de piel tachonada con ganchos de cadena para envolverlo en los muslos e infringir dolor; o el látigo. Que el sistema interno ejercía un control absoluto sobre los legionarios, a quienes se apartaba de sus familias. Que el religioso mexicano, de acuerdo a varios testigos, era morfinómano. Y así.

Pese a ello, es recién en mayo del 2006 y con el nuevo papa que se sanciona al fundador de la congregación. A los dos años, en enero del 2008, falleció.

Actualmente, la Legión sigue existiendo pero en un estado de convulsión permanente, revisando sus Constituciones, tratando de refundarse, envuelta en debates tormentosos. ¿Si Maciel era un hombre perverso, sus obras mantienen inspiración divina? ¿La estructura que fue creada para que las atrocidades sean perpetradas debe mantenerse o transformarse radicalmente? ¿La obra puede separarse del fundador? ¿El diseño de la organización no es un reflejo de sus vicios, su ideología y su visión sectaria? ¿Puede existir un árbol malo que dé frutos buenos?
 
Vaya. En esas se encuentra todavía. Hasta ahora. Desde hace cinco años. “La Legión requiere una verdadera conversión”, anota la ex consagrada del Regnum Christi, Nelly Ramírez Mota Velasco, en su libro sobre Maciel. Ojalá lo logren. Su conversión, digo. Y ojalá, también, hayan fumigado a todos sus replicantes, un fenómeno frecuente entre las instituciones religiosas que cobijan a depredadores sexuales.

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